/ viernes 9 de noviembre de 2018

La izquierda en manos de burgueses

Ernesto Díaz Martínez


Las diversas expresiones organizadas de izquierda en México, han tomado diferentes rumbos de acción, independientemente de su propia denominación; destacan los colectivos de corte intelectual por un lado, y la lucha social por el otro.

Sin duda que grupos o individuos que se digan de izquierda estarán de acuerdo en luchar desde sus muy propias trincheras por que haya justicia social, en contra de la corrupción, a favor de las libertades públicas e individuales y contra toda forma de represión gubernamental utilizada en contra de la inconformidad social o de la libertad de expresión.

En la dizque izquierda partidista mexicana, por lo menos desde principios de los años 80, donde había partidos que se decían socialistas, revolucionarios, de los trabajadores y demás, era visible una costumbre que en gran medida se sostiene a la fecha: los votos los proporcionan la autoridad moral de las mejores luchas sociales, el descontento ciudadano y un fuerte impulso democrático de jóvenes estudiantes de la ciudad y del medio rural. En contraste, la dirección de esos partidos, mayoritariamente correspondía a intelectuales burgueses o ricos aficionados a la política.

Como era de esperarse cuando parte de esa burguesía apoderada de la dirección de estos movimientos de izquierda llegaba a diputaciones locales o federales, salvo muy honrosas excepciones, los nuevos “representantes populares” surgidos de esa izquierda perfumada, se hacía imposibles para el pueblo, para los luchadores sociales. Se manifestaban como ese tipo de gentecillas sangronas que cobraban el sueldo como empleados del gobierno con el que fácil tranzaban cualquier causa social que gestionaran, en aras de una diplomacia mal entendida.

Así que muchos intelectuales o corruptos prostituyeron las luchas y el buen nombre de la izquierda que por ejemplo en Jalisco, lamentablemente sigue esas pervertidas andanzas.

Esto, porque considerar a Jalisco como un estado dominado por el pensamiento de derecha es parte de una falsa percepción. En Jalisco, contrario a lo que dijeran los intermediarios chafas del presidente electo, sí había condiciones para que el movimiento lopezobradorista ganara las elecciones locales como ganó la presidencial.

Y esto es parte de esa lucha interna que dentro de los llamados movimientos de izquierda o progresistas, siguen ganando el oportunismo compuesto de aduladores que hacen grande la soberbia del “jefe”, para cometer barbaridades como entregar el segundo estado más grande e importante de la República mexicana a un grupo de millonarios y en muchos municipios a improvisados sin principios y dispuestos a la transa, atrapados por la seducción del sueldo inmerecido y de las prebendas negociadas para deshonra del movimiento.

Sin duda que López Obrador sabe lo que es la lucha social porque la ha practicado, pero también es cierto que para muchos luchadores y mucha gente del pueblo él es como un príncipe inalcanzable, al que fácil pueden llegar otros intelectuales y otros oportunistas sin antecedentes de lucha social, sin problemas de pobreza ni desigualdad ni de justicia, y lamentablemente estos privilegiados interrumpen el diálogo que debiera y no es entre el presidente electo y quienes viven los problemas cuyo descontento lo llevó a la presidencia de la República…

Ernesto Díaz Martínez


Las diversas expresiones organizadas de izquierda en México, han tomado diferentes rumbos de acción, independientemente de su propia denominación; destacan los colectivos de corte intelectual por un lado, y la lucha social por el otro.

Sin duda que grupos o individuos que se digan de izquierda estarán de acuerdo en luchar desde sus muy propias trincheras por que haya justicia social, en contra de la corrupción, a favor de las libertades públicas e individuales y contra toda forma de represión gubernamental utilizada en contra de la inconformidad social o de la libertad de expresión.

En la dizque izquierda partidista mexicana, por lo menos desde principios de los años 80, donde había partidos que se decían socialistas, revolucionarios, de los trabajadores y demás, era visible una costumbre que en gran medida se sostiene a la fecha: los votos los proporcionan la autoridad moral de las mejores luchas sociales, el descontento ciudadano y un fuerte impulso democrático de jóvenes estudiantes de la ciudad y del medio rural. En contraste, la dirección de esos partidos, mayoritariamente correspondía a intelectuales burgueses o ricos aficionados a la política.

Como era de esperarse cuando parte de esa burguesía apoderada de la dirección de estos movimientos de izquierda llegaba a diputaciones locales o federales, salvo muy honrosas excepciones, los nuevos “representantes populares” surgidos de esa izquierda perfumada, se hacía imposibles para el pueblo, para los luchadores sociales. Se manifestaban como ese tipo de gentecillas sangronas que cobraban el sueldo como empleados del gobierno con el que fácil tranzaban cualquier causa social que gestionaran, en aras de una diplomacia mal entendida.

Así que muchos intelectuales o corruptos prostituyeron las luchas y el buen nombre de la izquierda que por ejemplo en Jalisco, lamentablemente sigue esas pervertidas andanzas.

Esto, porque considerar a Jalisco como un estado dominado por el pensamiento de derecha es parte de una falsa percepción. En Jalisco, contrario a lo que dijeran los intermediarios chafas del presidente electo, sí había condiciones para que el movimiento lopezobradorista ganara las elecciones locales como ganó la presidencial.

Y esto es parte de esa lucha interna que dentro de los llamados movimientos de izquierda o progresistas, siguen ganando el oportunismo compuesto de aduladores que hacen grande la soberbia del “jefe”, para cometer barbaridades como entregar el segundo estado más grande e importante de la República mexicana a un grupo de millonarios y en muchos municipios a improvisados sin principios y dispuestos a la transa, atrapados por la seducción del sueldo inmerecido y de las prebendas negociadas para deshonra del movimiento.

Sin duda que López Obrador sabe lo que es la lucha social porque la ha practicado, pero también es cierto que para muchos luchadores y mucha gente del pueblo él es como un príncipe inalcanzable, al que fácil pueden llegar otros intelectuales y otros oportunistas sin antecedentes de lucha social, sin problemas de pobreza ni desigualdad ni de justicia, y lamentablemente estos privilegiados interrumpen el diálogo que debiera y no es entre el presidente electo y quienes viven los problemas cuyo descontento lo llevó a la presidencia de la República…