/ lunes 30 de noviembre de 2020

La gobernadora de Jalisco

Valeria Ávila

En la historia de México, solamente nueve mujeres han llegado a ser gobernadoras, y de ellas, siete lo han hecho mediante el voto popular. Actualmente en el plano nacional solo hay dos mujeres en tal cargo, de las cuales, una concluirá su periodo el próximo año.

Es curioso que de hecho, la primera gobernadora en la historia del país, fuera la jalisciense Griselda Álvarez, quien resultó electa en 1979 pero no aquí, en su estado natal sino en Colima. Y es que para hablar del plano local, tenemos que reconocer que en Jalisco vivimos un panorama históricamente desfavorable y podemos citar varios datos para dimensionarlo. Pensemos, por ejemplo, en que apenas tres de las ocho candidatas que desde 1994 se han presentado a la gubernatura, han obtenido un porcentaje de votación superior al 1%. O también, que de los siete partidos que han postulado mujeres para el puesto, cuatro ya no existen y los otros tres son partidos que por sí solos no han protagonizado la contienda. Es decir, que en ninguna de las cinco elecciones que van desde 1994, las mujeres han competido con posibilidades reales de alcanzar la gubernatura debido a la brecha de desigualdad y exclusión política de las mujeres.

A partir de la aprobación de los lineamientos de paridad por parte del IEPC para las próximas elecciones, mucho se ha hablado de cómo la propuesta original era más progresista y completa, pues obligaba a los partidos a postular mujeres en al menos cinco de los diez municipios más poblados, mientras que la actual les permite evadir a tal grado de verse obligados a postular únicamente en dos. Si consideramos que los últimos cuatro gobernadores provienen de la alcaldía de Guadalajara, podemos entender la importancia de abrir a las mujeres espacios en los municipios más poblados, en especial la capital del estado.

Esta recapitulación muestra el grado de estrechez y hermetismo con los cuales se han conducido las estructuras políticas y partidarias, situación que se ha traducido en la cooptación de los espacios de incidencia y en una participación restringida para las mujeres. Por eso impugnamos, por eso la indignación. No se trata de vanidad ni frivolidades, sino de de hacernos cada vez más visibles y reclamar los espacios que nos corresponden. Recordemos que la desigualdad siempre es política y que nosotras no damos ni un paso atrás, porque una democracia más sólida no puede construirse sin mujeres.

* Vicepresidenta de Hagamos

Valeria Ávila

En la historia de México, solamente nueve mujeres han llegado a ser gobernadoras, y de ellas, siete lo han hecho mediante el voto popular. Actualmente en el plano nacional solo hay dos mujeres en tal cargo, de las cuales, una concluirá su periodo el próximo año.

Es curioso que de hecho, la primera gobernadora en la historia del país, fuera la jalisciense Griselda Álvarez, quien resultó electa en 1979 pero no aquí, en su estado natal sino en Colima. Y es que para hablar del plano local, tenemos que reconocer que en Jalisco vivimos un panorama históricamente desfavorable y podemos citar varios datos para dimensionarlo. Pensemos, por ejemplo, en que apenas tres de las ocho candidatas que desde 1994 se han presentado a la gubernatura, han obtenido un porcentaje de votación superior al 1%. O también, que de los siete partidos que han postulado mujeres para el puesto, cuatro ya no existen y los otros tres son partidos que por sí solos no han protagonizado la contienda. Es decir, que en ninguna de las cinco elecciones que van desde 1994, las mujeres han competido con posibilidades reales de alcanzar la gubernatura debido a la brecha de desigualdad y exclusión política de las mujeres.

A partir de la aprobación de los lineamientos de paridad por parte del IEPC para las próximas elecciones, mucho se ha hablado de cómo la propuesta original era más progresista y completa, pues obligaba a los partidos a postular mujeres en al menos cinco de los diez municipios más poblados, mientras que la actual les permite evadir a tal grado de verse obligados a postular únicamente en dos. Si consideramos que los últimos cuatro gobernadores provienen de la alcaldía de Guadalajara, podemos entender la importancia de abrir a las mujeres espacios en los municipios más poblados, en especial la capital del estado.

Esta recapitulación muestra el grado de estrechez y hermetismo con los cuales se han conducido las estructuras políticas y partidarias, situación que se ha traducido en la cooptación de los espacios de incidencia y en una participación restringida para las mujeres. Por eso impugnamos, por eso la indignación. No se trata de vanidad ni frivolidades, sino de de hacernos cada vez más visibles y reclamar los espacios que nos corresponden. Recordemos que la desigualdad siempre es política y que nosotras no damos ni un paso atrás, porque una democracia más sólida no puede construirse sin mujeres.

* Vicepresidenta de Hagamos