/ martes 2 de junio de 2020

La fuerza de la unidad

Uno de los efectos que más estamos padeciendo a nivel global por la pandemia de SARS-COv-2 es la parálisis económica. El confinamiento obligatorio ha dado la vuelta al mundo en estos 6 meses obligando el cierre de millones de industrias y negocios con el fin de revertir el aumento en los contagios. Para México este aislamiento representa un enorme esfuerzo, porque a diferencia de los países europeos o de Estados Unidos, nuestra población no cuenta con seguros de desempleo, más de la mitad de las y los mexicanos trabaja para vivir al día, muchas veces en la informalidad o en la precarización laboral sin garantía de un sustento económico.

Desde que el brote de coronavirus inició en nuestro país, las predicciones fueron de corte catastrofista: cientos de miles de empleos se perderían. Hoy, sabemos que la estadística puede llegar -y llegará- a más de 1 millón de empleos perdidos. No obstante, estoy convencido de que gracias a la solidaridad esta cifra no fue mayor. Si bien el trabajo ha sido conjunto, gobierno -sobre todo locales- y sociedad, quiero destacar el esfuerzo de las algunas empresas y personas que, recibiendo o no apoyos financieros de las autoridades, lograron mantener a sus empleados, continuando con el pago cada semana o cada quincena, para que todas esas familias no perdieran dicho sustento.

Sí, reconozco las pérdidas, lo lamentable de la pandemia, que además de seres queridos fallecidos, nos golpea también por el lado económico. Reconozco que miles de negocios, sobre todo micro y pequeñas empresas, cerraron para no volver. Pero quiero extender el agradecimiento, no solo a los propietarios que han remado contra todas las adversidades, también a las personas que apoyaron el consumo local, que dejaron más propinas para meseros y personal en restaurantes y comercios; a quienes compartieron la despensa o quienes dentro de sus posibilidades económicas sostuvieron a otros.

Las y los mexicanos nos volvimos a unir como cuando sismos o huracanes han azotado en distintas regiones. Una vez más, nuestra fuerza de las empresas, las organizaciones civiles, la sociedad completa nos hemos solidarizado más allá de los gobiernos, más allá de no tener claridad en cómo vamos a resolver esta recesión histórica en la que el gobierno federal no ha puesto la energía necesaria para subsanarla.

A pesar de que la reactivación económica ya comenzó, el panorama continúa lleno de incertidumbres, la parálisis económica va a revertirse con lentitud, pasarán meses hasta que volvamos a tener actividades, como el turismo o eventos de espectáculos, funcionando al cien por ciento. Las personas ya lo entendimos y por eso hemos actuado en consecuencia respaldándonos entre nosotros. Ojalá que la 4T no lo entienda demasiado tarde y provea de esa solidaridad que también necesitamos desde el gobierno de este país. Los gobiernos, el empresariado, organizaciones de la sociedad civil y toda la ciudadanía deberemos de entender que esta fuerza que necesitamos solo nos la brinda la unidad.

Uno de los efectos que más estamos padeciendo a nivel global por la pandemia de SARS-COv-2 es la parálisis económica. El confinamiento obligatorio ha dado la vuelta al mundo en estos 6 meses obligando el cierre de millones de industrias y negocios con el fin de revertir el aumento en los contagios. Para México este aislamiento representa un enorme esfuerzo, porque a diferencia de los países europeos o de Estados Unidos, nuestra población no cuenta con seguros de desempleo, más de la mitad de las y los mexicanos trabaja para vivir al día, muchas veces en la informalidad o en la precarización laboral sin garantía de un sustento económico.

Desde que el brote de coronavirus inició en nuestro país, las predicciones fueron de corte catastrofista: cientos de miles de empleos se perderían. Hoy, sabemos que la estadística puede llegar -y llegará- a más de 1 millón de empleos perdidos. No obstante, estoy convencido de que gracias a la solidaridad esta cifra no fue mayor. Si bien el trabajo ha sido conjunto, gobierno -sobre todo locales- y sociedad, quiero destacar el esfuerzo de las algunas empresas y personas que, recibiendo o no apoyos financieros de las autoridades, lograron mantener a sus empleados, continuando con el pago cada semana o cada quincena, para que todas esas familias no perdieran dicho sustento.

Sí, reconozco las pérdidas, lo lamentable de la pandemia, que además de seres queridos fallecidos, nos golpea también por el lado económico. Reconozco que miles de negocios, sobre todo micro y pequeñas empresas, cerraron para no volver. Pero quiero extender el agradecimiento, no solo a los propietarios que han remado contra todas las adversidades, también a las personas que apoyaron el consumo local, que dejaron más propinas para meseros y personal en restaurantes y comercios; a quienes compartieron la despensa o quienes dentro de sus posibilidades económicas sostuvieron a otros.

Las y los mexicanos nos volvimos a unir como cuando sismos o huracanes han azotado en distintas regiones. Una vez más, nuestra fuerza de las empresas, las organizaciones civiles, la sociedad completa nos hemos solidarizado más allá de los gobiernos, más allá de no tener claridad en cómo vamos a resolver esta recesión histórica en la que el gobierno federal no ha puesto la energía necesaria para subsanarla.

A pesar de que la reactivación económica ya comenzó, el panorama continúa lleno de incertidumbres, la parálisis económica va a revertirse con lentitud, pasarán meses hasta que volvamos a tener actividades, como el turismo o eventos de espectáculos, funcionando al cien por ciento. Las personas ya lo entendimos y por eso hemos actuado en consecuencia respaldándonos entre nosotros. Ojalá que la 4T no lo entienda demasiado tarde y provea de esa solidaridad que también necesitamos desde el gobierno de este país. Los gobiernos, el empresariado, organizaciones de la sociedad civil y toda la ciudadanía deberemos de entender que esta fuerza que necesitamos solo nos la brinda la unidad.