/ viernes 11 de enero de 2019

La disculpa que llegó 13 años tarde

Makalakesh


El caso Lydia Cacho es uno de los más trascendentales en el mundo del periodismo en México. Fue hace 13 años que se publicó un libro -cuya autoría era de Lydia Cacho- que descobijaba una espantosa red de explotación sexual infantil en donde los principales responsables eran alrededor de 18 funcionarios públicos con empresarios locales y extranjeros, por esta razón Lydia Cacho caminó por los capítulos más difíciles de su vida sólo por hacer su trabajo y decir la verdad.

Hoy el Gobierno de la República en un acto del cual se tiene pocos precedentes, en una ceremonia oficial el Estado mexicano le pidió una disculpa pública, pues este Gobierno sí reconoce la violación de garantías y los Derechos Humanos de la autora de Los demonios del edén, después de apelar instancias internacionales como la ONU que falló a favor de la periodista y recomienda al Gobierno mexicano una disculpa e indemnización por los abusos y arbitrariedades en su arresto que fue completamente fuera de la ley, usando ilegalidades y saltando procesos legales.

"Estoy un poco cansada después de 13 años de buscar justicia, pero me siento bien. Ya era hora", dijo Lydia a la hora de tomar el micrófono enfrente de los asistentes cuyo silencio nos indica lo duro e importante de este momento, pues no se recuerda un acto parecido en tiempos recientes, pero porque el nuevo Gobierno inmediatamente hace lo que se supone se tiene que hacer por dignidad o simplemente por elemental humanidad y el Gobierno pasado jamás mostró algo de verdadera iniciativa para reconocer o mínimo traer justicia al tan afamado caso de Lydia Cacho.

El subsecretario de Derechos Humanos ,Alejandro Encinas, dijo: "Le ofrezco una disculpa por la utilización de la tortura como método de investigación por parte de las autoridades mexicanas", lo que nos lleva a pensar qué tan seguido en el territorio mexicano se siguen usando estas prácticas para la búsqueda de información, el caso de Lydia Cacho fue sólo uno y estoy seguro que no es el único; cuántos casos en donde el abuso de los sistemas judiciales son el pan de cada día y el uso de la tortura como práctica recurrente suceden y que jamás nos enteramos, es espantoso el sólo imaginar.

Afortunadamente para Lydia Cacho está por acabar uno de los capítulos más terribles de su vida, yo creo que ya son las últimas páginas. La valentía y arrojo periodístico que mostró Lydia es comparable con los reporteros de guerra, puso en riesgo su vida sin importar represalias todo para sacar a la luz algo tan detestable y deplorable como la explotación y abuso infantil, así como el lavado de dinero que ella expuso y que casi le cuesta la vida; pero su trabajo no sólo quedó ahí, también evidenció las formas en las que algunos servidores públicos están al servicio de empresarios y son verdaderos dictadores en sus puestos que encubren actos terribles pasando por su arco del triunfo los más básicos Derechos Humanos.

Esperemos que el Gobierno mexicano tome medidas enérgicas para poder arrancar todo de raíz, la investigación de Lydia fue sólo una pequeña muestra de lo irreal, injusto, infame, increíble, inhumano y corrupto de algunas formas de "impartir justicia", sin contar los asquerosos vicios de algunos servidores públicos. No podemos festejar un cambio verdadero si dejamos pasar algo tan elemental como el respeto a los cargos públicos y el respeto total incuestionable a los derechos y garantías que todos tenemos y exigimos sean inquebrantables.

Makalakesh


El caso Lydia Cacho es uno de los más trascendentales en el mundo del periodismo en México. Fue hace 13 años que se publicó un libro -cuya autoría era de Lydia Cacho- que descobijaba una espantosa red de explotación sexual infantil en donde los principales responsables eran alrededor de 18 funcionarios públicos con empresarios locales y extranjeros, por esta razón Lydia Cacho caminó por los capítulos más difíciles de su vida sólo por hacer su trabajo y decir la verdad.

Hoy el Gobierno de la República en un acto del cual se tiene pocos precedentes, en una ceremonia oficial el Estado mexicano le pidió una disculpa pública, pues este Gobierno sí reconoce la violación de garantías y los Derechos Humanos de la autora de Los demonios del edén, después de apelar instancias internacionales como la ONU que falló a favor de la periodista y recomienda al Gobierno mexicano una disculpa e indemnización por los abusos y arbitrariedades en su arresto que fue completamente fuera de la ley, usando ilegalidades y saltando procesos legales.

"Estoy un poco cansada después de 13 años de buscar justicia, pero me siento bien. Ya era hora", dijo Lydia a la hora de tomar el micrófono enfrente de los asistentes cuyo silencio nos indica lo duro e importante de este momento, pues no se recuerda un acto parecido en tiempos recientes, pero porque el nuevo Gobierno inmediatamente hace lo que se supone se tiene que hacer por dignidad o simplemente por elemental humanidad y el Gobierno pasado jamás mostró algo de verdadera iniciativa para reconocer o mínimo traer justicia al tan afamado caso de Lydia Cacho.

El subsecretario de Derechos Humanos ,Alejandro Encinas, dijo: "Le ofrezco una disculpa por la utilización de la tortura como método de investigación por parte de las autoridades mexicanas", lo que nos lleva a pensar qué tan seguido en el territorio mexicano se siguen usando estas prácticas para la búsqueda de información, el caso de Lydia Cacho fue sólo uno y estoy seguro que no es el único; cuántos casos en donde el abuso de los sistemas judiciales son el pan de cada día y el uso de la tortura como práctica recurrente suceden y que jamás nos enteramos, es espantoso el sólo imaginar.

Afortunadamente para Lydia Cacho está por acabar uno de los capítulos más terribles de su vida, yo creo que ya son las últimas páginas. La valentía y arrojo periodístico que mostró Lydia es comparable con los reporteros de guerra, puso en riesgo su vida sin importar represalias todo para sacar a la luz algo tan detestable y deplorable como la explotación y abuso infantil, así como el lavado de dinero que ella expuso y que casi le cuesta la vida; pero su trabajo no sólo quedó ahí, también evidenció las formas en las que algunos servidores públicos están al servicio de empresarios y son verdaderos dictadores en sus puestos que encubren actos terribles pasando por su arco del triunfo los más básicos Derechos Humanos.

Esperemos que el Gobierno mexicano tome medidas enérgicas para poder arrancar todo de raíz, la investigación de Lydia fue sólo una pequeña muestra de lo irreal, injusto, infame, increíble, inhumano y corrupto de algunas formas de "impartir justicia", sin contar los asquerosos vicios de algunos servidores públicos. No podemos festejar un cambio verdadero si dejamos pasar algo tan elemental como el respeto a los cargos públicos y el respeto total incuestionable a los derechos y garantías que todos tenemos y exigimos sean inquebrantables.