/ viernes 13 de abril de 2018

La contaminación, moderno Leviatán

Por José Luis Cuéllar

En este complejo mundo donde todos queremos mejores condiciones de vida, aparece un serio y peligroso obstáculo convertido en un moderno Leviatán, sólo que este terestre: la presencia diaria de todo tipo de transporte, público y/o privado, usado cotidianamente para cumplir con las diferentes tareas que cada ciudadano tiene. Motocicletas, autos chicos, autos grandes, camionetas chicas, grandes, transporte de pasajeros, escolar, de carga, recolectores de basura, de servicio a la industria de la construcción, de seguridad, de alimentos y bebidas, se suman a las nocivas emisiones de fábricas, basureros, quema de llantas y los miles de etcéteras que usted bien conoce.

Simple y sencillamente, en el caso de los vehículos, hablamos de escandalosas y patéticas cifras: cinco millones de autos transitando diariamente en la zona conurbana de Guadalajara, cantidad que aumenta año con año. Este monstruoso problema es el causante, entre otras muchas desgracias, de un severo daño a la salud pública por la variedad venenosa de contaminantes que genera y que viene afectando, principalmente y ahora mismo, a los niños y a los adultos mayores.

Lamentablemente las medidas e iniciativas que se han propuesto para solucionar este peligroso reto se encuentran perdidas en los laberintos que buscan como única salida la indiferencia después de que se transita por el inútil camino de las buenas intenciones. Extraña pero explicable paradoja, las autoridades en la materia han dejado pasar el tiempo y en consecuencia la oportunidad de promover el transporte colectivo técnicamente diseñado y con alta calidad de servicio de tal suerte que aliente su uso, medida que con independencia al culto que se le tiene profesado al automóvil, objeto de deseo, de pleitesía y seña de status económico, aparezca un cambio cultural. Iniciativas llegan, iniciativas se van, lo único hasta ahora real es que nunca lo que se ha planeado se ha convertido en solución integral. Se han guardado en el cajón de los buenos deseos, la posibilidad de hacer obligatorio el transporte escolar, la colectivización vecinal, la prohibición tajante pero correctamente planeada de la circulación de vehículos de carga pesada por las calles citadinas y otras más. Lo único verdaderamente lamentable es que no resulta válido proponer si no se es honesto consigo mismo.

¿Por qué no pensar de pronto en estudiar lo que quizás se califique como "disparates"? ¿Qué tal si se hace deducible de impuesto un uso mínimo de combustible o de kilómetros recorridos mensualmente?, el bolsillo lleno motiva cualquier sacrificio. Por lo pronto, ahora mismo se han elevado las consultas medicas para atender casos de neumonía, bronquitis, asma, fiebre amarilla, hepatitis, dengue, sistema circulatorio, alteraciones auditivas, estrés, todas ellas producto de los múltiples contaminantes que almacena el podrido medio ambiente. Así como pronto estará en operación el sistema del Tren Eléctrico, importante paso mas no suficiente, tampoco es valido esperar a que los avances de la ciencia y la tecnología hagan la tarea, transporte eléctrico por ejemplo.

Puede parecer utópico pero no por eso debe desdeñarse el intento de la colectivización, medida que a su vez generaría una cultura de inclusión, solidaridad y generosidad, un verdadero movimiento cultural que mucha falta hace en este convulso país. Mientras algo ocurre los practicantes de las diversas actividades al aire libre deberán protegerse con medidas indicadas por los especialistas en la salud, de no prevenir prepárese para hacer una visita a los infiernos de Dante, el de los iracundos por ejemplo.

Por José Luis Cuéllar

En este complejo mundo donde todos queremos mejores condiciones de vida, aparece un serio y peligroso obstáculo convertido en un moderno Leviatán, sólo que este terestre: la presencia diaria de todo tipo de transporte, público y/o privado, usado cotidianamente para cumplir con las diferentes tareas que cada ciudadano tiene. Motocicletas, autos chicos, autos grandes, camionetas chicas, grandes, transporte de pasajeros, escolar, de carga, recolectores de basura, de servicio a la industria de la construcción, de seguridad, de alimentos y bebidas, se suman a las nocivas emisiones de fábricas, basureros, quema de llantas y los miles de etcéteras que usted bien conoce.

Simple y sencillamente, en el caso de los vehículos, hablamos de escandalosas y patéticas cifras: cinco millones de autos transitando diariamente en la zona conurbana de Guadalajara, cantidad que aumenta año con año. Este monstruoso problema es el causante, entre otras muchas desgracias, de un severo daño a la salud pública por la variedad venenosa de contaminantes que genera y que viene afectando, principalmente y ahora mismo, a los niños y a los adultos mayores.

Lamentablemente las medidas e iniciativas que se han propuesto para solucionar este peligroso reto se encuentran perdidas en los laberintos que buscan como única salida la indiferencia después de que se transita por el inútil camino de las buenas intenciones. Extraña pero explicable paradoja, las autoridades en la materia han dejado pasar el tiempo y en consecuencia la oportunidad de promover el transporte colectivo técnicamente diseñado y con alta calidad de servicio de tal suerte que aliente su uso, medida que con independencia al culto que se le tiene profesado al automóvil, objeto de deseo, de pleitesía y seña de status económico, aparezca un cambio cultural. Iniciativas llegan, iniciativas se van, lo único hasta ahora real es que nunca lo que se ha planeado se ha convertido en solución integral. Se han guardado en el cajón de los buenos deseos, la posibilidad de hacer obligatorio el transporte escolar, la colectivización vecinal, la prohibición tajante pero correctamente planeada de la circulación de vehículos de carga pesada por las calles citadinas y otras más. Lo único verdaderamente lamentable es que no resulta válido proponer si no se es honesto consigo mismo.

¿Por qué no pensar de pronto en estudiar lo que quizás se califique como "disparates"? ¿Qué tal si se hace deducible de impuesto un uso mínimo de combustible o de kilómetros recorridos mensualmente?, el bolsillo lleno motiva cualquier sacrificio. Por lo pronto, ahora mismo se han elevado las consultas medicas para atender casos de neumonía, bronquitis, asma, fiebre amarilla, hepatitis, dengue, sistema circulatorio, alteraciones auditivas, estrés, todas ellas producto de los múltiples contaminantes que almacena el podrido medio ambiente. Así como pronto estará en operación el sistema del Tren Eléctrico, importante paso mas no suficiente, tampoco es valido esperar a que los avances de la ciencia y la tecnología hagan la tarea, transporte eléctrico por ejemplo.

Puede parecer utópico pero no por eso debe desdeñarse el intento de la colectivización, medida que a su vez generaría una cultura de inclusión, solidaridad y generosidad, un verdadero movimiento cultural que mucha falta hace en este convulso país. Mientras algo ocurre los practicantes de las diversas actividades al aire libre deberán protegerse con medidas indicadas por los especialistas en la salud, de no prevenir prepárese para hacer una visita a los infiernos de Dante, el de los iracundos por ejemplo.