Editorial Editorial

  / domingo 16 de junio de 2019

Jalisco, libre de oposición y ¿sin libre expresión?

Oscar Ábrego


Los teóricos afirman que la oposición es un signo de madurez democrática. Se dice que cualquier expresión de gobierno requiere de posicionamientos que lo confronten y que lo llamen a la rendición de cuentas.

Lo anterior nada tiene que ver con llevar la contra o estorbar el camino de quienes han sido mandatados para ejercer la autoridad; se trata de hacer valer un derecho básico de participación y deliberación. Por eso los partidos fuera del poder y los ciudadanos en general, tenemos la responsabilidad de mantener un frente abierto, consistente y vigilante con respecto del actuar de quienes ostentan el poder.

Y es que cuando un gobernante ejerce la autoridad sin que nadie lo cuestione, desde el sano ejercicio de la crítica y el debate, corre el riesgo de transitar por los caminos de la complacencia y el autoengaño. Más aún, un político que se asuma como demócrata, tiene el deber de impulsar políticas públicas que mejoren y consoliden la pluralidad en la toma de decisiones fundamentales para el futuro del pueblo al que gobierna.

Sin embargo, aquí los grupos políticos tienen una agenda muy distante al fortalecimiento democrático. Algunos hundidos en sus penas electorales y otros atados a los negocios y conflictos de intereses, los actores del poder en nuestra entidad navegan a la deriva en un mar plagado de complicidad, simulación y boñiga.

A lo anterior hay que sumarle algo que debería llenarnos de vergüenza. No hay nadie que pueda negar lo que voy a escribir: en un buen número de medios en Jalisco, se ha dado la instrucción a directivos y jefes de noticias, que toda aquella información que incomode o lesione la imagen del gobierno estatal, sea tratada con suma cautela, y de ser preciso, que el peso de la nota sea la versión oficial. Esto significa, en términos reales, que el trato a determinadas revelaciones periodísticas como el jugoso negocio del programa “A toda máquina” o la causa del desastre en San Gabriel, sea sesgado y modoso.

Por fortuna, aún contamos con algunos medios y periodistas que no obstante las presiones que reciben, se resisten a ignorar las evidencias y los hechos. Antes la dignidad que el contubernio y primero la verdad que el dinero.

Ahora bien, ¿es culpa de la administración anaranjada la ausencia de oposición y que muchas empresas de comunicación se arrodillen a sus pies? La respuesta es no. Este gobierno está en lo suyo, en salvaguardar su proyecto y garantizar el rendimiento monetario de los negocios en los que están metidos varios de sus integrantes.

Así las cosas, mientras que por un lado tenemos que Morena puede hacer muy poco en virtud de que Andrés Manuel López Obrador ordenó a sus huestes dejar de lado la “politiquería”, por el otro vemos al resto de las expresiones políticas enredadas en acuerdos inconfesables con el partido Movimiento Ciudadano y que nada tienen que ver con el bien común.

Mucho me temo que de continuar por esta ruta y con estas prácticas, Jalisco seguirá con su caída libre en materia de corrupción, inseguridad y competitividad. Por ello no está por demás recordar que la ausencia de partidos políticos y medios de comunicación que cumplan con sus tareas esenciales, abonan siempre al surgimiento de un autoritarismo fatuo y torcido.

Oscar Ábrego


Los teóricos afirman que la oposición es un signo de madurez democrática. Se dice que cualquier expresión de gobierno requiere de posicionamientos que lo confronten y que lo llamen a la rendición de cuentas.

Lo anterior nada tiene que ver con llevar la contra o estorbar el camino de quienes han sido mandatados para ejercer la autoridad; se trata de hacer valer un derecho básico de participación y deliberación. Por eso los partidos fuera del poder y los ciudadanos en general, tenemos la responsabilidad de mantener un frente abierto, consistente y vigilante con respecto del actuar de quienes ostentan el poder.

Y es que cuando un gobernante ejerce la autoridad sin que nadie lo cuestione, desde el sano ejercicio de la crítica y el debate, corre el riesgo de transitar por los caminos de la complacencia y el autoengaño. Más aún, un político que se asuma como demócrata, tiene el deber de impulsar políticas públicas que mejoren y consoliden la pluralidad en la toma de decisiones fundamentales para el futuro del pueblo al que gobierna.

Sin embargo, aquí los grupos políticos tienen una agenda muy distante al fortalecimiento democrático. Algunos hundidos en sus penas electorales y otros atados a los negocios y conflictos de intereses, los actores del poder en nuestra entidad navegan a la deriva en un mar plagado de complicidad, simulación y boñiga.

A lo anterior hay que sumarle algo que debería llenarnos de vergüenza. No hay nadie que pueda negar lo que voy a escribir: en un buen número de medios en Jalisco, se ha dado la instrucción a directivos y jefes de noticias, que toda aquella información que incomode o lesione la imagen del gobierno estatal, sea tratada con suma cautela, y de ser preciso, que el peso de la nota sea la versión oficial. Esto significa, en términos reales, que el trato a determinadas revelaciones periodísticas como el jugoso negocio del programa “A toda máquina” o la causa del desastre en San Gabriel, sea sesgado y modoso.

Por fortuna, aún contamos con algunos medios y periodistas que no obstante las presiones que reciben, se resisten a ignorar las evidencias y los hechos. Antes la dignidad que el contubernio y primero la verdad que el dinero.

Ahora bien, ¿es culpa de la administración anaranjada la ausencia de oposición y que muchas empresas de comunicación se arrodillen a sus pies? La respuesta es no. Este gobierno está en lo suyo, en salvaguardar su proyecto y garantizar el rendimiento monetario de los negocios en los que están metidos varios de sus integrantes.

Así las cosas, mientras que por un lado tenemos que Morena puede hacer muy poco en virtud de que Andrés Manuel López Obrador ordenó a sus huestes dejar de lado la “politiquería”, por el otro vemos al resto de las expresiones políticas enredadas en acuerdos inconfesables con el partido Movimiento Ciudadano y que nada tienen que ver con el bien común.

Mucho me temo que de continuar por esta ruta y con estas prácticas, Jalisco seguirá con su caída libre en materia de corrupción, inseguridad y competitividad. Por ello no está por demás recordar que la ausencia de partidos políticos y medios de comunicación que cumplan con sus tareas esenciales, abonan siempre al surgimiento de un autoritarismo fatuo y torcido.

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