/ domingo 11 de octubre de 2020

Hay impostores entre nostroxs

Francisco Javier Armenta Araiza

Hace unas semanas se popularizó un juego llamado “Among us”, el argumento de este es sencillo: descubrir quiénes son los asesinos, nombrados impostores, a la par de realizar ciertas tareas. La plataforma te da la libertad de escoger tu color y accesorios que se hacen parte de tu identidad. Al ser un juego de trabajo en equipo, todos persiguen un fin común, como sucede en las comunidades. De ahí que uno de los conceptos claves de este juego sea la comunidad.

En el juego cuando un impostor mata a algún tripulante, el cuerpo inerte, del que sobresalen los huesos, permanece en el mismo lugar donde ocurrió el siniestro hasta que algún otro jugador encuentre el cuerpo y lo reporte. Esto me hace pensar ¿hasta qué punto nuestra realidad es como un juego de among us? Y si se permite esta comparación, toca preguntar ¿quiénes son los impostores?

Hace unos días, múltiples medios de comunicación señalaron que Jalisco es el estado con mayor número de personas desaparecidas en el actual sexenio. Lo más alarmante de este hecho es que no parece que vaya a haber un cambio de rumbo porque el actuar del gobierno deja mucho que desear. Es claro que, para el Estado, el problema de las y los desaparecidos no está en su lista de prioridades pues lo han dejado crecer a tal grado que costará mucho devolverles la paz a las familias.

A la larga lista de desaparecidos se sumó Noelia Nitzayé, egresada de la UdeG, y que el pasado viernes fue hallada sin vida. El dolor, la impotencia, y la tristeza no tendrán mayor trascendencia si no nos ponemos a reflexionar sobre la violencia y la memoria social. No debemos esperar a que desaparezcan a uno de nuestros seres queridos para exigir justicia. A veces me pregunto ¿cuál es el ingrediente que falta en nuestra lastimada sociedad para que dejemos de ser indiferentes a este problema? Quizá es esa indiferencia la que no permite ver todos los efectos que la violencia ha esparcido.

Volviendo al juego citado al inicio de la columna, cuando un tripulante encuentra un cuerpo y lo reporta se establece un diálogo entre todos los jugadores para juzgar quién es el impostor. Lo que en un juego toma pocos minutos, en la vida real pueden ser años de búsqueda. Mientras no aparezca el cuerpo completo, como es el caso de nuestro compañero José francisco de la preparatoria Tónala centro, los familiares no pueden hacer el acto de sepulcro, que honraría la memoria de sus seres queridos, no son escuchados al pedir justicia y por lo tanto no pueden descansar.

Tal parece que el duelo social, producto de un problema al que no le han destinado los recursos y las acciones necesarias para resolverse, seguirá causando terror en una sociedad cansada de la injusticia y la impunidad. Hoy solo me queda preguntar ¿quiénes son los impostores y por qué siguen entre nosotrxs?

* Presidente de la FEU

Twitter @JavierArmentaMX

Francisco Javier Armenta Araiza

Hace unas semanas se popularizó un juego llamado “Among us”, el argumento de este es sencillo: descubrir quiénes son los asesinos, nombrados impostores, a la par de realizar ciertas tareas. La plataforma te da la libertad de escoger tu color y accesorios que se hacen parte de tu identidad. Al ser un juego de trabajo en equipo, todos persiguen un fin común, como sucede en las comunidades. De ahí que uno de los conceptos claves de este juego sea la comunidad.

En el juego cuando un impostor mata a algún tripulante, el cuerpo inerte, del que sobresalen los huesos, permanece en el mismo lugar donde ocurrió el siniestro hasta que algún otro jugador encuentre el cuerpo y lo reporte. Esto me hace pensar ¿hasta qué punto nuestra realidad es como un juego de among us? Y si se permite esta comparación, toca preguntar ¿quiénes son los impostores?

Hace unos días, múltiples medios de comunicación señalaron que Jalisco es el estado con mayor número de personas desaparecidas en el actual sexenio. Lo más alarmante de este hecho es que no parece que vaya a haber un cambio de rumbo porque el actuar del gobierno deja mucho que desear. Es claro que, para el Estado, el problema de las y los desaparecidos no está en su lista de prioridades pues lo han dejado crecer a tal grado que costará mucho devolverles la paz a las familias.

A la larga lista de desaparecidos se sumó Noelia Nitzayé, egresada de la UdeG, y que el pasado viernes fue hallada sin vida. El dolor, la impotencia, y la tristeza no tendrán mayor trascendencia si no nos ponemos a reflexionar sobre la violencia y la memoria social. No debemos esperar a que desaparezcan a uno de nuestros seres queridos para exigir justicia. A veces me pregunto ¿cuál es el ingrediente que falta en nuestra lastimada sociedad para que dejemos de ser indiferentes a este problema? Quizá es esa indiferencia la que no permite ver todos los efectos que la violencia ha esparcido.

Volviendo al juego citado al inicio de la columna, cuando un tripulante encuentra un cuerpo y lo reporta se establece un diálogo entre todos los jugadores para juzgar quién es el impostor. Lo que en un juego toma pocos minutos, en la vida real pueden ser años de búsqueda. Mientras no aparezca el cuerpo completo, como es el caso de nuestro compañero José francisco de la preparatoria Tónala centro, los familiares no pueden hacer el acto de sepulcro, que honraría la memoria de sus seres queridos, no son escuchados al pedir justicia y por lo tanto no pueden descansar.

Tal parece que el duelo social, producto de un problema al que no le han destinado los recursos y las acciones necesarias para resolverse, seguirá causando terror en una sociedad cansada de la injusticia y la impunidad. Hoy solo me queda preguntar ¿quiénes son los impostores y por qué siguen entre nosotrxs?

* Presidente de la FEU

Twitter @JavierArmentaMX