Luis Octavio Cotero Bernal

  / domingo 11 de agosto de 2019

Hágase la voluntad de Dios

Un viejo adagio que reza: “Hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre”, -me viene a la memoria- porque estamos molestos todos los mexicanos y más, porque el presidente Trump, de una y otra forma nos discrimina cuando nosotros no necesitamos que nos discrimine nadie ajeno a nuestra patria.

Entre nosotros, estamos clasificados por el Presidente López Obrador, unos como “fifís”, a todos aquellos que disienten de su decir y hacer en el ejercicio del poder, basado en la historia de México, cuando así se señalaba a aquellos que discrepaban con el Presidente Francisco I. Madero, lo que resulta una discriminación evidente que se debe superar de inmediato y rectificar por el mismo autor de esa clasificación discriminatoria, para que con toda razón, derecho y legitimación, exijamos al vecino un trato respetuoso, decoroso y digno, para la gente de nuestro pueblo, porque los mexicanos, solo eso somos, mexicanos.

Así como pedimos la voluntad de los demás, hay que respetar el hacer y quehacer de cada uno, para estar en condiciones de exigir con toda legitimidad el desempeño correcto de cada uno de nosotros y que la justicia para que si lo sea, pues de lo contrario se genera una anarquía, en la que cada quien haga y diga lo que le conviene, sin respetar el derecho de los demás, ya que devendrá una respuesta igual, por el trato desigual e irrespetuoso, que no guardamos entre unos y otros, ya no digamos entre autoridades en el desempeño de su encargo.

A últimas fechas, hasta la naturaleza nos ha enseñado que cuando no se le respeta, un día se impone y restablece sus condiciones y desafortunadamente, en muchas ocasiones, a costa de vidas humanas, animales y de todo tipo; desde luego en respuesta a nuestra conducta de autoridades y sociedad en general, que no hemos cumplido con el deber legal y natural, ya que las leyes de cada tipo existen, para que el ser humano, la flora, la fauna y toda la naturaleza en su contexto, pueda existir y subsistir generándonos un mundo pleno de satisfactores, que desafortunadamente el disque ser racional se ha encargado de alterar irresponsablemente, con sus respectivas consecuencias y costos que ya mencione.

A mis compañeros abogados y demás integrantes de este universo, las circunstancias nos exigen el más alto sentido de responsabilidad en nuestro diario vivir, aspiraciones y propósitos, anteponiendo a los intereses particulares y de grupo, el natural y social, que haga posible recuperar o restablecer el paraíso que recibimos al nacer y que cada quien nos hemos construido o destruido desafortunadamente.

Profesor Investigador de la División de Estudios Jurídicos de la UdeG.

locb15@hotmail.com


Un viejo adagio que reza: “Hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre”, -me viene a la memoria- porque estamos molestos todos los mexicanos y más, porque el presidente Trump, de una y otra forma nos discrimina cuando nosotros no necesitamos que nos discrimine nadie ajeno a nuestra patria.

Entre nosotros, estamos clasificados por el Presidente López Obrador, unos como “fifís”, a todos aquellos que disienten de su decir y hacer en el ejercicio del poder, basado en la historia de México, cuando así se señalaba a aquellos que discrepaban con el Presidente Francisco I. Madero, lo que resulta una discriminación evidente que se debe superar de inmediato y rectificar por el mismo autor de esa clasificación discriminatoria, para que con toda razón, derecho y legitimación, exijamos al vecino un trato respetuoso, decoroso y digno, para la gente de nuestro pueblo, porque los mexicanos, solo eso somos, mexicanos.

Así como pedimos la voluntad de los demás, hay que respetar el hacer y quehacer de cada uno, para estar en condiciones de exigir con toda legitimidad el desempeño correcto de cada uno de nosotros y que la justicia para que si lo sea, pues de lo contrario se genera una anarquía, en la que cada quien haga y diga lo que le conviene, sin respetar el derecho de los demás, ya que devendrá una respuesta igual, por el trato desigual e irrespetuoso, que no guardamos entre unos y otros, ya no digamos entre autoridades en el desempeño de su encargo.

A últimas fechas, hasta la naturaleza nos ha enseñado que cuando no se le respeta, un día se impone y restablece sus condiciones y desafortunadamente, en muchas ocasiones, a costa de vidas humanas, animales y de todo tipo; desde luego en respuesta a nuestra conducta de autoridades y sociedad en general, que no hemos cumplido con el deber legal y natural, ya que las leyes de cada tipo existen, para que el ser humano, la flora, la fauna y toda la naturaleza en su contexto, pueda existir y subsistir generándonos un mundo pleno de satisfactores, que desafortunadamente el disque ser racional se ha encargado de alterar irresponsablemente, con sus respectivas consecuencias y costos que ya mencione.

A mis compañeros abogados y demás integrantes de este universo, las circunstancias nos exigen el más alto sentido de responsabilidad en nuestro diario vivir, aspiraciones y propósitos, anteponiendo a los intereses particulares y de grupo, el natural y social, que haga posible recuperar o restablecer el paraíso que recibimos al nacer y que cada quien nos hemos construido o destruido desafortunadamente.

Profesor Investigador de la División de Estudios Jurídicos de la UdeG.

locb15@hotmail.com


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