Enrique Velázquez González

  / jueves 27 de junio de 2019

Hacer valer el Congreso de Jalisco

En una descripción simple y llana, el trabajo de los diputados es el de representar, legislar y fiscalizar. El Congreso es el órgano por naturaleza en el que más se ven reflejados los intereses del electorado. Sin embargo, con el paso del tiempo el trabajo legislativo se ha desgastado.

Hoy un diputado está más interesado en presentar iniciativas que le den foco mediático antes de hacerlo por convicción o por dar solución a un problema de quien lo eligió. Es decir, sí estamos legislando, pero no necesariamente en función de representar los intereses y problemáticas ciudadanas.

El principal error que ha causado que esta práctica se mantenga entre los diputados es la de premiar y congratular a aquellos que presentan más iniciativas durante la Legislatura como si ese hecho, por sí solo, significara mejorar la vida de quienes representamos. Coincido con la frase que dice que con las leyes ocurre lo mismo que con la moneda, su excesivo número, su inflación, produce devaluación de su valor. Hoy estamos en ese punto en el que la ligereza con la que se ha tomado el hacer, modificar o derogar leyes ha causado la desvalorización del trabajo que se debe hacer desde el Congreso.

A lo largo del tiempo, no sólo en esta Legislatura, se han presentado iniciativas que de manera indirecta están sustituyendo el trabajo que hacen los reglamentos estatales o municipales, por ejemplo. Recordemos que la normatividad debe ser clara, sencilla y necesaria, si actuamos sólo pensando en conseguir el titular de prensa o las declaraciones masivas ante los medios de comunicación caemos en la llamada híper-legislación, es decir una producción de leyes, reglamentos y normas sin control que además suelen carecer de rigor técnico y seguridad jurídica.

Como representantes de la sociedad nuestro deber principal es recoger las demandas de nuestros electores y posteriormente traducirlas en iniciativas que busquen remediar esos problemas. Tenemos que darle la seriedad que se merece el trabajo legislativo y evitar ser oportunistas; dejar de pensar que nuestra eficiencia y eficacia como legisladores se reduce a la cantidad de propuestas que se presentan y a la cobertura mediática que recibimos por ello. Hagamos del Congreso un órgano funcional a los intereses populares generales, no al aplauso fácil. La tribuna merece que estemos presentes para reclamar posiciones que tengan como fin último una legislación que resuelva los grandes problemas de la gente, una sociedad más solidaria, cohesionada, igualitaria. Esa es nuestra tarea, no defraudemos.

En una descripción simple y llana, el trabajo de los diputados es el de representar, legislar y fiscalizar. El Congreso es el órgano por naturaleza en el que más se ven reflejados los intereses del electorado. Sin embargo, con el paso del tiempo el trabajo legislativo se ha desgastado.

Hoy un diputado está más interesado en presentar iniciativas que le den foco mediático antes de hacerlo por convicción o por dar solución a un problema de quien lo eligió. Es decir, sí estamos legislando, pero no necesariamente en función de representar los intereses y problemáticas ciudadanas.

El principal error que ha causado que esta práctica se mantenga entre los diputados es la de premiar y congratular a aquellos que presentan más iniciativas durante la Legislatura como si ese hecho, por sí solo, significara mejorar la vida de quienes representamos. Coincido con la frase que dice que con las leyes ocurre lo mismo que con la moneda, su excesivo número, su inflación, produce devaluación de su valor. Hoy estamos en ese punto en el que la ligereza con la que se ha tomado el hacer, modificar o derogar leyes ha causado la desvalorización del trabajo que se debe hacer desde el Congreso.

A lo largo del tiempo, no sólo en esta Legislatura, se han presentado iniciativas que de manera indirecta están sustituyendo el trabajo que hacen los reglamentos estatales o municipales, por ejemplo. Recordemos que la normatividad debe ser clara, sencilla y necesaria, si actuamos sólo pensando en conseguir el titular de prensa o las declaraciones masivas ante los medios de comunicación caemos en la llamada híper-legislación, es decir una producción de leyes, reglamentos y normas sin control que además suelen carecer de rigor técnico y seguridad jurídica.

Como representantes de la sociedad nuestro deber principal es recoger las demandas de nuestros electores y posteriormente traducirlas en iniciativas que busquen remediar esos problemas. Tenemos que darle la seriedad que se merece el trabajo legislativo y evitar ser oportunistas; dejar de pensar que nuestra eficiencia y eficacia como legisladores se reduce a la cantidad de propuestas que se presentan y a la cobertura mediática que recibimos por ello. Hagamos del Congreso un órgano funcional a los intereses populares generales, no al aplauso fácil. La tribuna merece que estemos presentes para reclamar posiciones que tengan como fin último una legislación que resuelva los grandes problemas de la gente, una sociedad más solidaria, cohesionada, igualitaria. Esa es nuestra tarea, no defraudemos.

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