Editorial Editorial

  / domingo 30 de junio de 2019

Gobernar en la era digital

CARLOS ANGUIANO

Las redes sociales y la navegación en Internet han transformado notablemente la relación entre gobernados y gobernantes. Hoy los usuarios encuentran respuestas por esa vía a preguntas que ni siquiera habían pensado formular y descubren una realidad que es enseñada en tiempo real, de manera horizontal, gratuita, con posibilidad de interactuar, retroalimentar y colaborar en la formación de la opinión colectiva.

Observamos que mientras la educación tradicional suprime la espontaneidad, reprende la singularidad e impulsa el conformismo, lo cual mantenía en la sociedad grandes dosis de comodidad y conformismo, favoreciendo a el poder tradicional, que se encuentra consolidado en pocos, no debe ser cuestionado, se premia a la obediencia y proscribe el fallar.

Sin embargo, la nueva sociedad en red es colaborativa, con posibilidad y acceso a inmensa información, en tiempo real, mucho más crítica, despierta, alerta y punzante en contra de los regímenes de gobierno en todo el mundo. Hoy el internet es la fuente principal de información. El dispositivo clave, es el teléfono móvil. En el mundo en la red, los niveles de influencia y credibilidad han sufrido drásticos cambios. En términos gruesos, la confianza es mínima la que se otorga a anuncios de marcas, empresas, productos y políticos; la cobertura noticiosa, las conversaciones con amigos y las conversaciones con empleados se han convertido en la fuente de acceso a información que se valora creíble con mayor frecuencia, solamente superadas por los reportes de analistas de la industria o artículos en revistas especializadas.

Es por ello que las conversaciones en redes sociales y servicios de mensajería digital cobran una importancia sumamente relevante en la formación de conciencia, en la forma como percibimos la realidad, en nuestras creencias y valores. Vale la pena destacar que cada publicación realizada sea texto, imagen o video, genera una huella digital propia, una identidad digital con reputación, que afecta lo que otros piensan sobre lo que somos y decimos. En nuestro tiempo, la exposición es mucha; las opciones de hacerse visible, diversas y al alcance de todos; las posibilidades de generar conversaciones, múltiples; las posibilidades de ser recordado positivamente, mucho menores a las de ser victimizados en el escrutinio, el juicio severo de los internautas y la sed de entretenimiento, escarnio y castigo a políticos y ciudadanos repudiables, para los cuales mantienen permanente búsqueda para volverlos inolvidables por la vía del hashtag, viralizando errores, declaraciones, memes y pifias en su actuar.

Por ello la comunicación política de nuestros gobernantes y actores políticos en movimiento y búsqueda del poder, batallan entre la tradición política análoga y la disrupción digital. Aún a la fecha, las cúpulas de poder no están dominadas por nativos digitales, sino por conversos parciales, con temores, desconocimiento, insuficiencias y negaciones que no les han permitido vislumbrar los alcances y la gran responsabilidad que conlleva procurar la comunicación con la sociedad digital.

Sorprendidos se han visto políticos opositores que alcanzaron victorias en las pasadas elecciones en México, cuando ante la comunidad virtual fueron despojados de la capa ciudadana y les remarcaron la etiqueta de políticos, de gobernantes, sometiéndoles a duro escrutinio, a crítica diaria, sin consideración o tregua. Hoy son lo que antes fueron a quienes atacaban, envueltos en la ola, escondidos en la apócrifa multitud de usuarios, que hoy continúan el camino sin ellos. A ellos, ahora el camino que les queda es hacerlo bien en sus gobiernos, resistir las críticas y aguantar el juicio popular.

www.inteligenciapolitica.org

CARLOS ANGUIANO

Las redes sociales y la navegación en Internet han transformado notablemente la relación entre gobernados y gobernantes. Hoy los usuarios encuentran respuestas por esa vía a preguntas que ni siquiera habían pensado formular y descubren una realidad que es enseñada en tiempo real, de manera horizontal, gratuita, con posibilidad de interactuar, retroalimentar y colaborar en la formación de la opinión colectiva.

Observamos que mientras la educación tradicional suprime la espontaneidad, reprende la singularidad e impulsa el conformismo, lo cual mantenía en la sociedad grandes dosis de comodidad y conformismo, favoreciendo a el poder tradicional, que se encuentra consolidado en pocos, no debe ser cuestionado, se premia a la obediencia y proscribe el fallar.

Sin embargo, la nueva sociedad en red es colaborativa, con posibilidad y acceso a inmensa información, en tiempo real, mucho más crítica, despierta, alerta y punzante en contra de los regímenes de gobierno en todo el mundo. Hoy el internet es la fuente principal de información. El dispositivo clave, es el teléfono móvil. En el mundo en la red, los niveles de influencia y credibilidad han sufrido drásticos cambios. En términos gruesos, la confianza es mínima la que se otorga a anuncios de marcas, empresas, productos y políticos; la cobertura noticiosa, las conversaciones con amigos y las conversaciones con empleados se han convertido en la fuente de acceso a información que se valora creíble con mayor frecuencia, solamente superadas por los reportes de analistas de la industria o artículos en revistas especializadas.

Es por ello que las conversaciones en redes sociales y servicios de mensajería digital cobran una importancia sumamente relevante en la formación de conciencia, en la forma como percibimos la realidad, en nuestras creencias y valores. Vale la pena destacar que cada publicación realizada sea texto, imagen o video, genera una huella digital propia, una identidad digital con reputación, que afecta lo que otros piensan sobre lo que somos y decimos. En nuestro tiempo, la exposición es mucha; las opciones de hacerse visible, diversas y al alcance de todos; las posibilidades de generar conversaciones, múltiples; las posibilidades de ser recordado positivamente, mucho menores a las de ser victimizados en el escrutinio, el juicio severo de los internautas y la sed de entretenimiento, escarnio y castigo a políticos y ciudadanos repudiables, para los cuales mantienen permanente búsqueda para volverlos inolvidables por la vía del hashtag, viralizando errores, declaraciones, memes y pifias en su actuar.

Por ello la comunicación política de nuestros gobernantes y actores políticos en movimiento y búsqueda del poder, batallan entre la tradición política análoga y la disrupción digital. Aún a la fecha, las cúpulas de poder no están dominadas por nativos digitales, sino por conversos parciales, con temores, desconocimiento, insuficiencias y negaciones que no les han permitido vislumbrar los alcances y la gran responsabilidad que conlleva procurar la comunicación con la sociedad digital.

Sorprendidos se han visto políticos opositores que alcanzaron victorias en las pasadas elecciones en México, cuando ante la comunidad virtual fueron despojados de la capa ciudadana y les remarcaron la etiqueta de políticos, de gobernantes, sometiéndoles a duro escrutinio, a crítica diaria, sin consideración o tregua. Hoy son lo que antes fueron a quienes atacaban, envueltos en la ola, escondidos en la apócrifa multitud de usuarios, que hoy continúan el camino sin ellos. A ellos, ahora el camino que les queda es hacerlo bien en sus gobiernos, resistir las críticas y aguantar el juicio popular.

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