José Luis Cuéllar De Dios

  / jueves 16 de mayo de 2019

F. Mauriac, El Mico y la deuda histórica

Francois Mauriac (1885-1970) obtuvo el premio Nobel de literatura en 1952. Previo a esta distinción, el escritor francés había escrito en 1951 El Mico, una de sus mejores novelas en la que aborda la historia de un niño con discapacidad intelectual y sus penosos avatares ante su propia familia y aún más, ante la sociedad. Estamos hablando de 1951, hace apenas 66 años.

Me he permitido extractar algunos párrafos de la novela que hacen alusión a la condición personal y entorno de vida de Guillaume (el niño con discapacidad) a fin de que podamos tener una idea de la gran deuda histórica, en cuanto a justicia, integración y apoyo, que todos tenemos, en tanto sociedad, con este noble, maravilloso y tolerante colectivo.

Desde el prólogo podemos apreciar la bárbara y equivocada conceptualización que, apenas hace medio siglo, se tenía -¿estaremos seguros que ya no la tenemos?- acerca de la discapacidad. No perdamos de vista que las expresa un literato, Premio Nobel, nacido en un país de vieja raigambre cultural: las líneas de la trama son muy simples: una pequeña-burguesa ambiciosa, casada con un “retrasado mental” -ojo con la expresión usada: “retrasado mental”- de noble cuna. Odia y desprecia a su hijo, un pobre niño “anormal” que ha heredado de la rama paterna una “enfermedad” congénita.

En el desarrollo de la novela se pueden leer párrafos como los siguientes:

"Paule (la mama) asió con rabia el brazo endeble de su hijo y le propino una segunda bofetada. Odiaba esa boca siempre abierta de niño que respira mal... El niño sabia de antemano que su madre secaría el lugar en que depositaria ese beso fugaz y diría con asco: 'siempre me mojas'".

Quizá sea oportuno aclarar a los lectores que F. Mauriac se distinguió por ser un autor fervientemente católico, según reconocen sus críticos.

En otros capítulos de la novela se lee:

"¿Qué hacer con un niño imbécil? Esos señores no estaban preparados, para hacerse cargo de niños 'atrasados o incapacitados'… El maestro no quería hacerse cargo de el…..era Fràulein quien lo bañaba, quien lo jabonaba con sus viejas manos sucias y agrietadas".

Si bien la novela El Mico fue escrita hace 66 años, tantos y tan pocos años después, desgraciadamente el lenguaje y la historia de El Mico se repite a diario en muchos hogares y en varios ambientes sociales a lo largo del mundo. Analicemos otros párrafos del libro:

"Al niño le importaba muy poco no haber sido deseado. Sólo pedía no ser mezclado con otros niños que le harían sufrir; no tener nada que ver con maestros que hablan a gritos… ¿Por que no ponerlo en una bolsa, hija mía? ¿Por qué no tirarlo al río como un gatito? Iba a la escuela a la hora en que los otros muchachos salían de ella. Tuvo una sensación de su diferencia, de su soledad. Eso es lo que su madre le repite cada día: eres feo, sucio y tonto".

Así transcurre la novela entre referencias dolorosas e injustas de discriminación, desde el lenguaje, pasando por los hechos, hasta llegar al final catastrófico que toma la trama de manera trágica. Me pregunto si El Mico es historia pasada o presente. ¿Quién se anima a contestar? Aludo a Borges, primero para recordar que “debemos estar tristes con todo el cuerpo” ante esta situación, para luego pedir, convertirnos todos, en cuanto a la discapacidad en “Funes el memorioso”. Amén de los amenes.


Francois Mauriac (1885-1970) obtuvo el premio Nobel de literatura en 1952. Previo a esta distinción, el escritor francés había escrito en 1951 El Mico, una de sus mejores novelas en la que aborda la historia de un niño con discapacidad intelectual y sus penosos avatares ante su propia familia y aún más, ante la sociedad. Estamos hablando de 1951, hace apenas 66 años.

Me he permitido extractar algunos párrafos de la novela que hacen alusión a la condición personal y entorno de vida de Guillaume (el niño con discapacidad) a fin de que podamos tener una idea de la gran deuda histórica, en cuanto a justicia, integración y apoyo, que todos tenemos, en tanto sociedad, con este noble, maravilloso y tolerante colectivo.

Desde el prólogo podemos apreciar la bárbara y equivocada conceptualización que, apenas hace medio siglo, se tenía -¿estaremos seguros que ya no la tenemos?- acerca de la discapacidad. No perdamos de vista que las expresa un literato, Premio Nobel, nacido en un país de vieja raigambre cultural: las líneas de la trama son muy simples: una pequeña-burguesa ambiciosa, casada con un “retrasado mental” -ojo con la expresión usada: “retrasado mental”- de noble cuna. Odia y desprecia a su hijo, un pobre niño “anormal” que ha heredado de la rama paterna una “enfermedad” congénita.

En el desarrollo de la novela se pueden leer párrafos como los siguientes:

"Paule (la mama) asió con rabia el brazo endeble de su hijo y le propino una segunda bofetada. Odiaba esa boca siempre abierta de niño que respira mal... El niño sabia de antemano que su madre secaría el lugar en que depositaria ese beso fugaz y diría con asco: 'siempre me mojas'".

Quizá sea oportuno aclarar a los lectores que F. Mauriac se distinguió por ser un autor fervientemente católico, según reconocen sus críticos.

En otros capítulos de la novela se lee:

"¿Qué hacer con un niño imbécil? Esos señores no estaban preparados, para hacerse cargo de niños 'atrasados o incapacitados'… El maestro no quería hacerse cargo de el…..era Fràulein quien lo bañaba, quien lo jabonaba con sus viejas manos sucias y agrietadas".

Si bien la novela El Mico fue escrita hace 66 años, tantos y tan pocos años después, desgraciadamente el lenguaje y la historia de El Mico se repite a diario en muchos hogares y en varios ambientes sociales a lo largo del mundo. Analicemos otros párrafos del libro:

"Al niño le importaba muy poco no haber sido deseado. Sólo pedía no ser mezclado con otros niños que le harían sufrir; no tener nada que ver con maestros que hablan a gritos… ¿Por que no ponerlo en una bolsa, hija mía? ¿Por qué no tirarlo al río como un gatito? Iba a la escuela a la hora en que los otros muchachos salían de ella. Tuvo una sensación de su diferencia, de su soledad. Eso es lo que su madre le repite cada día: eres feo, sucio y tonto".

Así transcurre la novela entre referencias dolorosas e injustas de discriminación, desde el lenguaje, pasando por los hechos, hasta llegar al final catastrófico que toma la trama de manera trágica. Me pregunto si El Mico es historia pasada o presente. ¿Quién se anima a contestar? Aludo a Borges, primero para recordar que “debemos estar tristes con todo el cuerpo” ante esta situación, para luego pedir, convertirnos todos, en cuanto a la discapacidad en “Funes el memorioso”. Amén de los amenes.


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