/ domingo 30 de mayo de 2021

Evolución del enfermo obeso durante la pandemia

Antes de la llegada del Covid-19 a nuestras vidas, la obesidad y el sobrepeso ya eran una pandemia que afectaba a millones de personas en todo el mundo. Así mismo, está muy asociado a personas que padecen diabetes tipo 2. “Vivimos en una sociedad hedonista” en la que el placer y la satisfacción se confunden o asocian como norma general a excesos, hábitos sedentarios y hábitos tóxicos. Por el contrario, hacer ejercicio o comer sano se asocia indebidamente a sufrimiento, hambre y prohibiciones.

Para determinar si una persona tiene sobrepeso u obesidad se utiliza el índice de masa corporal (IMC), el cual calcula la relación que hay entre el peso y la estatura de la persona. En el caso de los adultos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define así el sobrepeso y la obesidad:

Sobrepeso: IMC igual o superior a 25 Kilogramos por metro cuadrado.

Obesidad: IMC igual o superior a 30 Kilogramos por metro cuadrado.

Como dato importante, ya en 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos. A estas alturas indudablemente la cifra ha crecido.

Nos hemos acostumbrado a ver y a vivir en una sociedad con sobrepeso y obesidad, con personas embutidas en tallas grandes, con colesterol elevado e hipertensión arterial a edades tempranas. Cuando aumentamos de peso lo primero que pensamos es en un problema estético que amerita cambiar de talla de ropa, curiosamente nunca se nos ocurre en la importante necesidad de recortar calorías con una alimentación saludable o comenzar a ser más activos. Normalizamos de esta forma, una situación, que para nada es favorable, ni debería ser normal. Desgraciadamente aumentar de peso no solo cambia nuestra imagen, sino que aumenta el riesgo de padecer enfermedades de diferente tipo, como;

Las enfermedades cardiovasculares (principalmente las cardiopatías y los accidentes cerebrovasculares), que fueron la principal causa de muertes en 2012.

Enfermedades respiratorias.

La diabetes.

Los trastornos del aparato locomotor (en especial la osteoartritis, una enfermedad degenerativa de las articulaciones muy incapacitante), lesiones de la Columna Vertebral.

Algunos cánceres (endometrio, mama, ovarios, próstata, hígado, vesícula biliar, riñones e Intestino Grueso o Colon).

“La época de confinamiento es una situación excepcional que requiere de una adaptación a nuevas circunstancias”.

Desde el punto de vista de la actividad física y la alimentación, pasar más horas en casa puede ser arma de doble filo, trayendo consigo un sedentarismo, las horas que dedicamos a estar en el sofá, sentados o en la cama y el aumento en la cantidad de calorías que consumimos a través de nuestra alimentación. En otras palabras, “por normal general comemos más y nos movemos menos”. Es entendible que estar encerrado en casa, en el mismo entorno y durante muchas horas nos pueda generar ansiedad y en algunos casos depresión. Esta situación de estrés puede reflejarse en un aumento de la ingesta de calorías, vamos más veces al Refrigerador y cabe la posibilidad de que elijamos alimentos que nos proporcionan más placer (los grasos y los dulces), siendo estos los que nos proporcionan más calorías, las que si no quemamos con el ejercicio, se transforman en grasa y se almacenan fomentando el aumento de peso.

Médico jefe del Servicio de Endocrinología del Antiguo Hospital Civil “Fray Antonio Alcalde” Profesor Honorario de la Clínica de Endocrinología en la Carrera de Medicina del CUCS de la UDG E-mail: hegovidrio@hotmail.com

Antes de la llegada del Covid-19 a nuestras vidas, la obesidad y el sobrepeso ya eran una pandemia que afectaba a millones de personas en todo el mundo. Así mismo, está muy asociado a personas que padecen diabetes tipo 2. “Vivimos en una sociedad hedonista” en la que el placer y la satisfacción se confunden o asocian como norma general a excesos, hábitos sedentarios y hábitos tóxicos. Por el contrario, hacer ejercicio o comer sano se asocia indebidamente a sufrimiento, hambre y prohibiciones.

Para determinar si una persona tiene sobrepeso u obesidad se utiliza el índice de masa corporal (IMC), el cual calcula la relación que hay entre el peso y la estatura de la persona. En el caso de los adultos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define así el sobrepeso y la obesidad:

Sobrepeso: IMC igual o superior a 25 Kilogramos por metro cuadrado.

Obesidad: IMC igual o superior a 30 Kilogramos por metro cuadrado.

Como dato importante, ya en 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos. A estas alturas indudablemente la cifra ha crecido.

Nos hemos acostumbrado a ver y a vivir en una sociedad con sobrepeso y obesidad, con personas embutidas en tallas grandes, con colesterol elevado e hipertensión arterial a edades tempranas. Cuando aumentamos de peso lo primero que pensamos es en un problema estético que amerita cambiar de talla de ropa, curiosamente nunca se nos ocurre en la importante necesidad de recortar calorías con una alimentación saludable o comenzar a ser más activos. Normalizamos de esta forma, una situación, que para nada es favorable, ni debería ser normal. Desgraciadamente aumentar de peso no solo cambia nuestra imagen, sino que aumenta el riesgo de padecer enfermedades de diferente tipo, como;

Las enfermedades cardiovasculares (principalmente las cardiopatías y los accidentes cerebrovasculares), que fueron la principal causa de muertes en 2012.

Enfermedades respiratorias.

La diabetes.

Los trastornos del aparato locomotor (en especial la osteoartritis, una enfermedad degenerativa de las articulaciones muy incapacitante), lesiones de la Columna Vertebral.

Algunos cánceres (endometrio, mama, ovarios, próstata, hígado, vesícula biliar, riñones e Intestino Grueso o Colon).

“La época de confinamiento es una situación excepcional que requiere de una adaptación a nuevas circunstancias”.

Desde el punto de vista de la actividad física y la alimentación, pasar más horas en casa puede ser arma de doble filo, trayendo consigo un sedentarismo, las horas que dedicamos a estar en el sofá, sentados o en la cama y el aumento en la cantidad de calorías que consumimos a través de nuestra alimentación. En otras palabras, “por normal general comemos más y nos movemos menos”. Es entendible que estar encerrado en casa, en el mismo entorno y durante muchas horas nos pueda generar ansiedad y en algunos casos depresión. Esta situación de estrés puede reflejarse en un aumento de la ingesta de calorías, vamos más veces al Refrigerador y cabe la posibilidad de que elijamos alimentos que nos proporcionan más placer (los grasos y los dulces), siendo estos los que nos proporcionan más calorías, las que si no quemamos con el ejercicio, se transforman en grasa y se almacenan fomentando el aumento de peso.

Médico jefe del Servicio de Endocrinología del Antiguo Hospital Civil “Fray Antonio Alcalde” Profesor Honorario de la Clínica de Endocrinología en la Carrera de Medicina del CUCS de la UDG E-mail: hegovidrio@hotmail.com