Enrique Velázquez González

  / jueves 31 de octubre de 2019

Errores y tropiezos

El gobierno federal presentó un informe sobre el operativo que llevó a cabo el pasado 17 de octubre en Culiacán, Sinaloa, donde Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, fue detenido por unas horas y posteriormente liberado. Desde hace 15 días los ciudadanos esperábamos respuestas, explicaciones lógicas y reales a las múltiples declaraciones y especulaciones inmediatas después de lo sucedido. Sin embargo, la información presentada solo nos deja clara una cosa: la incapacidad del Estado frente al crimen organizado.

Este ejercicio inédito, como lo han calificado los propios mandos del Ejército Mexicano, continúa dejando más dudas que certezas. En las evidencias presentadas se muestra el descontrol y nerviosismo de las actuaciones de los elementos de seguridad que estuvieron a cargo; se muestra la falta de coordinación entre autoridades, la desinformación y las diferentes versiones contradictorias y desarticuladas que se hicieron horas después. En síntesis, nos presentaron con lujo de detalle una estrategia fallida para la captura de Ovidio Guzmán.

Si bien mostrar toda esa cantidad de datos e información de un operativo en contra de un narcotraficante es nuevo para todos, el ejercicio no está dejando certidumbre sobre las actuaciones. Nos seguimos preguntando si hubo desconocimiento del tema por parte de Durazo y del propio Andrés Manuel, si se realizó alguna negociación con el cártel y quienes estuvieron a cargo o si hubo filtraciones de información e imágenes; asimismo hoy causa controversia la veracidad de este informe, la respuesta tardía a un operativo que sucedió hace dos semanas y otros cuestionamientos más que surgen a partir de esta revelación han quedado en el aire y con múltiples especulaciones a su alrededor.

El tema ha continuado en la cumbre de la opinión pública, medios y reporteros continúan cuestionando de manera directa o indirecta este suceso y Andrés Manuel sigue demostrando su incapacidad para aceptar críticas y preguntas más profundas. Cuando se le contradice o cuestiona son medios que solo buscan descalificar, son adversarios; pero cuando el mismo medio habla bien de él o de su gestión es prensa que vale la pena atender. Responderles a los reporteros como lo hizo el día de ayer o tachar a los medios de amarillistas por hacer preguntas, no es propio de un presidente que se dice democrático.

Los errores y tropiezos de esta estrategia son muchos y continúan cometiéndose al presentar un informe con tanto detalle que requiere de más explicaciones que ya no van a dar. El operativo fue un fracaso y este informe su continuación.

El gobierno federal presentó un informe sobre el operativo que llevó a cabo el pasado 17 de octubre en Culiacán, Sinaloa, donde Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, fue detenido por unas horas y posteriormente liberado. Desde hace 15 días los ciudadanos esperábamos respuestas, explicaciones lógicas y reales a las múltiples declaraciones y especulaciones inmediatas después de lo sucedido. Sin embargo, la información presentada solo nos deja clara una cosa: la incapacidad del Estado frente al crimen organizado.

Este ejercicio inédito, como lo han calificado los propios mandos del Ejército Mexicano, continúa dejando más dudas que certezas. En las evidencias presentadas se muestra el descontrol y nerviosismo de las actuaciones de los elementos de seguridad que estuvieron a cargo; se muestra la falta de coordinación entre autoridades, la desinformación y las diferentes versiones contradictorias y desarticuladas que se hicieron horas después. En síntesis, nos presentaron con lujo de detalle una estrategia fallida para la captura de Ovidio Guzmán.

Si bien mostrar toda esa cantidad de datos e información de un operativo en contra de un narcotraficante es nuevo para todos, el ejercicio no está dejando certidumbre sobre las actuaciones. Nos seguimos preguntando si hubo desconocimiento del tema por parte de Durazo y del propio Andrés Manuel, si se realizó alguna negociación con el cártel y quienes estuvieron a cargo o si hubo filtraciones de información e imágenes; asimismo hoy causa controversia la veracidad de este informe, la respuesta tardía a un operativo que sucedió hace dos semanas y otros cuestionamientos más que surgen a partir de esta revelación han quedado en el aire y con múltiples especulaciones a su alrededor.

El tema ha continuado en la cumbre de la opinión pública, medios y reporteros continúan cuestionando de manera directa o indirecta este suceso y Andrés Manuel sigue demostrando su incapacidad para aceptar críticas y preguntas más profundas. Cuando se le contradice o cuestiona son medios que solo buscan descalificar, son adversarios; pero cuando el mismo medio habla bien de él o de su gestión es prensa que vale la pena atender. Responderles a los reporteros como lo hizo el día de ayer o tachar a los medios de amarillistas por hacer preguntas, no es propio de un presidente que se dice democrático.

Los errores y tropiezos de esta estrategia son muchos y continúan cometiéndose al presentar un informe con tanto detalle que requiere de más explicaciones que ya no van a dar. El operativo fue un fracaso y este informe su continuación.

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