/ domingo 25 de abril de 2021

En defensa de Guadalajara

Javier Armenta Araiza

Defender el espacio público está directamente ligado con tener una mejor calidad de vida. Me niego a apoyar el concepto de ciudad individualizada, ¿es en serio que encerrarnos en un coto es la única alternativa para vivir seguros? Que tener coche ¿es un requisito forzoso para moverse? ¿Que el ocio se concentra en plazas comerciales donde hay que gastar dinero desde el estacionamiento en lugar de poder disfrutar de una plaza pública con entretenimiento y un elotito con crema? El modelo individualizado de ciudad es un estilo de vida excluyente, que aumenta las desigualdades, rompe el tejido social y favorece a los depredadores de la ciudad porque su centro es el dinero, no las personas.

El gobierno tiene la responsabilidad de definir el rumbo de la ciudad con todos los ciudadanos y comunidades que en ella habitan. Desafortunadamente desde las campañas ocurre un fenómeno que trasciende hasta el gobierno y corrompe el actuar de este. En el marco del proceso electoral es de vital relevancia analizar la relación entre las autoridades y los grupos empresariales. Las campañas cuestan dinero, más del límite que el IEPC y el INE fiscalizan, por ello las y los candidatos suelen recurrir a buscar apoyo económico de empresarios, entre ellos inmobiliarias y empresas del área de la construcción, al ser un sector con muchos recursos. Las ayudas nunca son gratis y una vez que el político llega al poder tiene que cumplirle favores a los empresarios que le ayudaron.

Así se constituye una relación de complicidad. Los políticos entregan el mapa de la ciudad para que los depredadores jueguen con el espacio público sin consecuencias y siempre para llenarse los bolsillos. Los que sí asumimos las salpicaduras de los errores y horrores que van dejando por la ciudad somos la ciudadanía. Leer el espacio público y la forma de vivir en Guadalajara evidencia que la ciudad se diseña para las personas con dinero. Los parques y las áreas naturales han sido sistemáticamente devoradas por los depredadores de la ciudad en contubernio con las autoridades. Ejemplos sobran: Colomos, Huentitán, parque Morelos, parque san Rafael, entre otras.

El auge del concreto también ha afectado la movilidad. En el trazo de la ciudad se ha priorizado al automóvil con pasos a desnivel, grandes avenidas donde el peatón no puede cruzar, debilitamiento del sistema del transporte público (que por cierto nos sigue robando los 50 centavos), reducción del espacio para banquetas, estancamiento presupuestal del programa MiBici, dejan como consecuencia una ciudad con serias carencias de movilidad.

Guadalajara cada día deja de ser una buena ciudad para vivir y la evidencia principal es la pérdida de población, la escasez de agua, el aumento de la violencia y los pocos espacios públicos para la convivencia. Personalmente me rehúso a aceptar que mi Guadalajara sea una ciudad donde se necesite un coche y dinero para pasear con tu familia los fines de semana, donde escaseen los parques pero abunden los bares con cerveza y alitas. El único camino que como generación tenemos para defender la ciudad y hacer un mejor trazo de ella es la participación política y alcanzar los espacios de toma de decisiones. Debemos incidir en espacios inmediatos como el comité vecinal hasta el consejo ciudadano metropolitano, y obligar a las autoridades a romper el pacto de la impunidad con los depredadores y renovarlo con las y los ciudadanos.

twitter @JavierArmentaMX

insta: Fj_armenta

Javier Armenta Araiza

Defender el espacio público está directamente ligado con tener una mejor calidad de vida. Me niego a apoyar el concepto de ciudad individualizada, ¿es en serio que encerrarnos en un coto es la única alternativa para vivir seguros? Que tener coche ¿es un requisito forzoso para moverse? ¿Que el ocio se concentra en plazas comerciales donde hay que gastar dinero desde el estacionamiento en lugar de poder disfrutar de una plaza pública con entretenimiento y un elotito con crema? El modelo individualizado de ciudad es un estilo de vida excluyente, que aumenta las desigualdades, rompe el tejido social y favorece a los depredadores de la ciudad porque su centro es el dinero, no las personas.

El gobierno tiene la responsabilidad de definir el rumbo de la ciudad con todos los ciudadanos y comunidades que en ella habitan. Desafortunadamente desde las campañas ocurre un fenómeno que trasciende hasta el gobierno y corrompe el actuar de este. En el marco del proceso electoral es de vital relevancia analizar la relación entre las autoridades y los grupos empresariales. Las campañas cuestan dinero, más del límite que el IEPC y el INE fiscalizan, por ello las y los candidatos suelen recurrir a buscar apoyo económico de empresarios, entre ellos inmobiliarias y empresas del área de la construcción, al ser un sector con muchos recursos. Las ayudas nunca son gratis y una vez que el político llega al poder tiene que cumplirle favores a los empresarios que le ayudaron.

Así se constituye una relación de complicidad. Los políticos entregan el mapa de la ciudad para que los depredadores jueguen con el espacio público sin consecuencias y siempre para llenarse los bolsillos. Los que sí asumimos las salpicaduras de los errores y horrores que van dejando por la ciudad somos la ciudadanía. Leer el espacio público y la forma de vivir en Guadalajara evidencia que la ciudad se diseña para las personas con dinero. Los parques y las áreas naturales han sido sistemáticamente devoradas por los depredadores de la ciudad en contubernio con las autoridades. Ejemplos sobran: Colomos, Huentitán, parque Morelos, parque san Rafael, entre otras.

El auge del concreto también ha afectado la movilidad. En el trazo de la ciudad se ha priorizado al automóvil con pasos a desnivel, grandes avenidas donde el peatón no puede cruzar, debilitamiento del sistema del transporte público (que por cierto nos sigue robando los 50 centavos), reducción del espacio para banquetas, estancamiento presupuestal del programa MiBici, dejan como consecuencia una ciudad con serias carencias de movilidad.

Guadalajara cada día deja de ser una buena ciudad para vivir y la evidencia principal es la pérdida de población, la escasez de agua, el aumento de la violencia y los pocos espacios públicos para la convivencia. Personalmente me rehúso a aceptar que mi Guadalajara sea una ciudad donde se necesite un coche y dinero para pasear con tu familia los fines de semana, donde escaseen los parques pero abunden los bares con cerveza y alitas. El único camino que como generación tenemos para defender la ciudad y hacer un mejor trazo de ella es la participación política y alcanzar los espacios de toma de decisiones. Debemos incidir en espacios inmediatos como el comité vecinal hasta el consejo ciudadano metropolitano, y obligar a las autoridades a romper el pacto de la impunidad con los depredadores y renovarlo con las y los ciudadanos.

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