/ miércoles 12 de junio de 2024

El recuento de los daños

La reflexión después de conocer los resultados de la jornada electoral, obligan a todos los candidatos electos o no electos, a los partidos políticos, y a la propia autoridad electoral a revisar las cosas que funcionaron bien y las que en definitiva son un área de oportunidad.

En el caso concreto de las personas candidatas que no fueron favorecidas, hay que calificar los siguientes aspectos:

1. ¿Qué hice o dejé de hacer para no verme favorecido?;

2. ¿Qué factores externos influyeron en mi derrota?;

3. ¿Qué influyó más en el triunfo de mi contrincante: la persona o la marca?;

4. ¿Existieron condiciones conocidas como “fuego amigo”?.

Es que hay que entender que una elección es el triunfo o derrota de varios y no sólo de la candidatura, que la recomposición a tiempo puede garantizar mejores oportunidades en el futuro y que la identificación de comportamientos puede reivindicarte como ganador en una contienda o llevarte a tu siguiente derrota.

Me tocó vivir desde varias posiciones este proceso electoral, fui candidata, por lo cual caminé las calles y toqué puertas pidiendo el voto; fui coordinadora electoral y jurídica en un distrito, por lo que me tocó armar estructura, capacitarla y darle seguimiento el día de la jornada; fui representante ante el consejo distrital en donde me tocó observar desde la llegada del material electoral, solicitar apertura de paquetes electorales y contar voto por voto.

Nadie me cuenta, yo lo viví, fallas humanas de funcionarios de casilla que, ojo, no ponen en duda la certeza de la elección; equivocaciones en la captura que obligan a que las representaciones estemos alerta a pesar de ser jornadas que obligan a durar hasta 6 días sin dormir, discusiones con representaciones que no han abierto en su vida el Código Electoral y que no tienen idea que la sesión de cómputo está regulada; personas desesperadas y agresivas al verse derrotados.

En fin, eso es algo de lo que fue esta jornada, en la que me queda un gran aprendizaje, buenos amigos que en el camino encuentras, un sentimiento de melancolía por ver cómo personas que no se comprometieron con un proyecto influyeron en que no se alcanzara el objetivo en algunas elecciones o que si hubieren hecho su tarea el resultado en otras hubiere sido más contundente.

Hoy nos toca, a cada uno desde su trinchera, hacer el recuento de los daños, a vivir los resultados preponderando la voluntad de las y los ciudadanos para trabajar por la democracia y que logremos el reconocimiento del derecho humano a un buen gobierno.


Contacto en redes:

Facebook: @AnaRobles / @ana.isa.1257

Instagram: @anarojimisa

X: @anaisabelrobl17


La reflexión después de conocer los resultados de la jornada electoral, obligan a todos los candidatos electos o no electos, a los partidos políticos, y a la propia autoridad electoral a revisar las cosas que funcionaron bien y las que en definitiva son un área de oportunidad.

En el caso concreto de las personas candidatas que no fueron favorecidas, hay que calificar los siguientes aspectos:

1. ¿Qué hice o dejé de hacer para no verme favorecido?;

2. ¿Qué factores externos influyeron en mi derrota?;

3. ¿Qué influyó más en el triunfo de mi contrincante: la persona o la marca?;

4. ¿Existieron condiciones conocidas como “fuego amigo”?.

Es que hay que entender que una elección es el triunfo o derrota de varios y no sólo de la candidatura, que la recomposición a tiempo puede garantizar mejores oportunidades en el futuro y que la identificación de comportamientos puede reivindicarte como ganador en una contienda o llevarte a tu siguiente derrota.

Me tocó vivir desde varias posiciones este proceso electoral, fui candidata, por lo cual caminé las calles y toqué puertas pidiendo el voto; fui coordinadora electoral y jurídica en un distrito, por lo que me tocó armar estructura, capacitarla y darle seguimiento el día de la jornada; fui representante ante el consejo distrital en donde me tocó observar desde la llegada del material electoral, solicitar apertura de paquetes electorales y contar voto por voto.

Nadie me cuenta, yo lo viví, fallas humanas de funcionarios de casilla que, ojo, no ponen en duda la certeza de la elección; equivocaciones en la captura que obligan a que las representaciones estemos alerta a pesar de ser jornadas que obligan a durar hasta 6 días sin dormir, discusiones con representaciones que no han abierto en su vida el Código Electoral y que no tienen idea que la sesión de cómputo está regulada; personas desesperadas y agresivas al verse derrotados.

En fin, eso es algo de lo que fue esta jornada, en la que me queda un gran aprendizaje, buenos amigos que en el camino encuentras, un sentimiento de melancolía por ver cómo personas que no se comprometieron con un proyecto influyeron en que no se alcanzara el objetivo en algunas elecciones o que si hubieren hecho su tarea el resultado en otras hubiere sido más contundente.

Hoy nos toca, a cada uno desde su trinchera, hacer el recuento de los daños, a vivir los resultados preponderando la voluntad de las y los ciudadanos para trabajar por la democracia y que logremos el reconocimiento del derecho humano a un buen gobierno.


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