José Luis Cuéllar De Dios

  / jueves 30 de mayo de 2019

El Principito y la discapacidad

Dudo mucho que Antoine Saint Exupery haya visto puesta en escena, en forma de un musical, su celebre libro El Principito, pero de lo que estoy totalmente seguro es que jamas la haya visto actuada por jóvenes con discapacidad. Ya entrados en el terreno de las adivinanzas -ser adivino es el segundo oficio mas antiguo del mundo según Wagensberg- creo que la obra de Exupery está escrita pensando en las personas con algún tipo de discapacidad. A esta conclusión he llegado después de ser testigo hace tiempo, a teatro lleno, de la función que, gracias al trabajo y sentido de inclusión de personas creyentes y practicantes de la prodigalidad de la generosidad hicieron posible este exitoso evento.

Los chicos que con algún tipo de discapacidad actúan, le otorgan a la obra una singular brillantez, destaca su enorme e innata capacidad de conmover a un publico que lo mismo aplaudió que derramo lagrimas. Y es que actúan iluminados por la alegría, la dulzura y la bondad. La función que comento ha servido para confirmarnos el milagro de su existencia.

Conforme avanzaba la puesta en escena pensaba en algunas de las reflexiones de Exupery que parecen ser un trasunto hacia la discapacidad: Desde la propia dedicatoria en la que el autor pide perdón a los niños (¿discapacitados?) por dedicar la obra a un adulto --León Werth- aunque aclara que es un adulto que vive en Francia, donde sufre de hambre y frío, hasta la frase, quizás, de mayor mensaje del libro: “Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos; pasando, por supuesto, por todas aquellas que envían un poderoso mensaje. Mensajes que por cierto nos mueven a lo vacuo: buenos propósitos todos los días prometidos, todos los días olvidados.

Mencionemos algunos de ellos pensando en cada persona con discapacidad que luchan por vivir en un mundo mejor.

* Los niños (discapacitados) deben ser muy indulgentes con las personas mayores.

* Las personas mayores siempre necesitan explicaciones.

* Los adultos nunca pueden comprender por si mismos.

*Ante misterios tan impresionantes es imposible desobedecer.

* Cuando les habláis de un nuevo amigo, jamás os preguntan acerca de lo esencial de

esa persona.

*En tu pequeño planeta (su pequeño mundo) te bastaba mover la silla unos cuantos pasos para contemplar el crepúsculo cada vez que lo deseabas.

* Como no existen vendedores de amigos, los hombres no tienen amigos.

* Para los reyes el mundo esta muy simplificado, todos los hombres son súbditos.

Así, entre maravillosas actuaciones y sabias reflexiones, transcurrió una función a teatro lleno donde acudió público que quizás tenga la misión de convertirse en expertos en filantropía perdurable sin fecha de caducidad.

Dudo mucho que Antoine Saint Exupery haya visto puesta en escena, en forma de un musical, su celebre libro El Principito, pero de lo que estoy totalmente seguro es que jamas la haya visto actuada por jóvenes con discapacidad. Ya entrados en el terreno de las adivinanzas -ser adivino es el segundo oficio mas antiguo del mundo según Wagensberg- creo que la obra de Exupery está escrita pensando en las personas con algún tipo de discapacidad. A esta conclusión he llegado después de ser testigo hace tiempo, a teatro lleno, de la función que, gracias al trabajo y sentido de inclusión de personas creyentes y practicantes de la prodigalidad de la generosidad hicieron posible este exitoso evento.

Los chicos que con algún tipo de discapacidad actúan, le otorgan a la obra una singular brillantez, destaca su enorme e innata capacidad de conmover a un publico que lo mismo aplaudió que derramo lagrimas. Y es que actúan iluminados por la alegría, la dulzura y la bondad. La función que comento ha servido para confirmarnos el milagro de su existencia.

Conforme avanzaba la puesta en escena pensaba en algunas de las reflexiones de Exupery que parecen ser un trasunto hacia la discapacidad: Desde la propia dedicatoria en la que el autor pide perdón a los niños (¿discapacitados?) por dedicar la obra a un adulto --León Werth- aunque aclara que es un adulto que vive en Francia, donde sufre de hambre y frío, hasta la frase, quizás, de mayor mensaje del libro: “Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos; pasando, por supuesto, por todas aquellas que envían un poderoso mensaje. Mensajes que por cierto nos mueven a lo vacuo: buenos propósitos todos los días prometidos, todos los días olvidados.

Mencionemos algunos de ellos pensando en cada persona con discapacidad que luchan por vivir en un mundo mejor.

* Los niños (discapacitados) deben ser muy indulgentes con las personas mayores.

* Las personas mayores siempre necesitan explicaciones.

* Los adultos nunca pueden comprender por si mismos.

*Ante misterios tan impresionantes es imposible desobedecer.

* Cuando les habláis de un nuevo amigo, jamás os preguntan acerca de lo esencial de

esa persona.

*En tu pequeño planeta (su pequeño mundo) te bastaba mover la silla unos cuantos pasos para contemplar el crepúsculo cada vez que lo deseabas.

* Como no existen vendedores de amigos, los hombres no tienen amigos.

* Para los reyes el mundo esta muy simplificado, todos los hombres son súbditos.

Así, entre maravillosas actuaciones y sabias reflexiones, transcurrió una función a teatro lleno donde acudió público que quizás tenga la misión de convertirse en expertos en filantropía perdurable sin fecha de caducidad.

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