/ viernes 9 de abril de 2021

El peor concierto

Abel Campirano Marin

Me da mucha tristeza mi País. El desorden ha hecho presa de él. Una Orquesta desafinada, disonante, rebelde, y francamente malita, con un Director que trae su propia partitura y el resultado es verdaderamente desastroso.

Las antiguas civilizaciones asentadas en nuestro País, los Olmecas, los Mayas, los Teotihuacanos, Los Toltecas, incluso los Aztecas con todo y lo aguerridos que eran, tenían un sistema pulcro que no permitía el desorden. La pulcritud se traducía en que los distintos estratos de gobernanza cumplían sus tareas conforme a sus leyes formales y rígidas y por su parte, los gobernados cumplían con los mandamientos de las autoridades y con las normas de gobierno.

Contribuía a ese estado el que cada quien cumpliera con lo que le correspondía en el papel que desempeñaba en la sociedad. Era una Orquesta en la que cada instrumento se apegaba a la partitura. Prácticamente no requerían ni de Director -aunque lo tenían- ni de concertinos.

Hoy día, la Orquesta de nuestra Patria es una muestra perfecta de la disonancia; cuerdas, vientos, metales y percusiones, todos desafinados; cada quien haciendo lo que quiere con su pentagrama y el Director de Orquesta a veces usa la batuta a veces no, y cuando la quiere usar abandonó la clásica batuta de grafito o de madera de abedul, para usa una pesara rama de un árbol del sureste para dirigir a sus músicos desafinados ignorando la rechifla del público porque tiene otros datos.

Olvidándonos de las analogías, podemos echar un vistazo rápido a algunos de los escenarios que revelan ese desorden palpable.

Empecemos por el Propio Presidente. Un solo tema: El coronavirus. Primero dice que él es inmune gracias a sus amuletos como el detente, el trébol y el billete de dos dólares.

Se contagia, lo niega y luego lo reconoce. Sostiene que el cubrebocas no sirve pero lo usa en los aviones; primero dice que no se va a vacunar, luego que siempre sí; luego rectifica y dice que no; se vuelve a echarse para atrás y dice que sí se vacunará pero condicionado a hacerse unos estudios; mientras, sus siervos nacionales aplican vacunas sin orden ni método; luego dice que siempre no se va a vacunar porque los estudios revelan que sus anticuerpos son tantos que lo hacen inmune al Covid-19.

Pero allí no para la cosa; como muchos dicen que se predica con el ejemplo, vuelve a retractarse y dice que siempre sí se va a vacunar, pero ya que se acaben de vacunar los adultos mayores. Luego viene su estorbante secre, así, con minúsculas, su secre, el señor Alcocer que despacha como titular del Ministerio de Salud y vuelve a poner a su Jefazo en ridículo al sostener que no requiere vacuna porque está inmunizado por toda la buena vibra del pueblo.

Y mientras, la gente, el pueblo sabio, pierde la sabiduría y se desconcierta porque no sabe por fin si vacunarse o no, si usa el cubrebocas o no, si relaja las medidas o no.

Volviendo a la analogía, el director de orquesta trae un ritmo y lo cambia a su antojo, no respeta la partitura, el primer violín está dormido; los músicos, va cada quien por su lado y toca con la intensidad, tono y timbre que quiere abundando los silencios y haciendo trizas la pauta; el público toma todo a chunga y lo mismo hace ruido con las palmas, unos platican, otros gritan, otros chiflan, y otros más de plano sacaron las palomitas y las papas, aquél consulta su celular, cada quien hace lo que quiere. Todo es caótico. Lo que iba a ser el concierto de la esperanza y la transformación, queda reducido a un escenario propio de película distópica, surrealista, un escenario que ni Franz Kafka lo hubiera imaginado.

Volteo los ojos hacia otro lado y veo un poder judicial ineficiente; el de más arriba nos dice y reitera que la corrupción ya se acabó, que eso era antes y no puedo más que sentir que el estómago se me revuelve, cuando un confiable amigo, Abogado litigante de profesión, me comparte su pena y su deslilusión, porque abiertamente le dijeron en el Juzgado donde tiene un juicio en que defiende a una infeliz viuda de las garras del bando que pretende ejecutarle una hipoteca, le dijeron que quien manda en el Juzgado no es el Juez sino el Banco accionante y que haga lo que quiera y como quiera; el poder judicial sometido a los intereses del dinero. Y el discurso insiste: ya no hay corrupción, eso era antes.

Pero ya no hay corrupción, eso era antes. Un Magistrado a través de otros abogados ofrece sus servicios de solución en un asunto trabado en Tribunales a cambio de una buena suma de dinero. Y el director de la orquesta disfónica cada mañana insiste: Ya no hay corrupción, eso era antes, eso era propio de los neoliberales, de los conservadores.

Y así podríamos recorrer nuestra vista hacia el tema de las vacunas que se han aplicado sin metodología y con manejo político más que sanitario; los contrasentidos y el doble discurso oficial en temas como el de la electrificación, el uso del petróleo, el aeropuerto de Santa Lucia, el Tren Maya, la Refinería, el INE y que me dice usted respecto a la seguridad.

Habitantes de Michoacán y Guerrero claman la intervención del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional en sus comunidades apropiadas por la delincuencia organizada que ha sembrado el terror y la barbarie mientras se les mantiene ocupados en la obra pública de los proyectos faraónicos y cuidando la frontera sur para poder seguir recibiendo la limosna de las vacunas sobrantes y mandar al canciller presidenciable a pedir mas limosna al exterior porque al paso que vamos con apenas un 8% de la población vacunada el escenario no puede ser más desesperanzados.

Y como cereza del pastel, más de 20,000 candidatos quieren seguir los pasos de César Garizurieta alias El Tlacuache, legislador Veracruzano quien en pleno auge del Priísmo de Miguel Alemán, espetó la frase histórica de que “Vivir fuera del Presupuesto, es vivir en el error”.

Gran tristeza me da mi País. El desorden se ha adueñado de él. Y ni para donde voltear. Mi desesperanza es grande.

Abel Campirano Marin

Me da mucha tristeza mi País. El desorden ha hecho presa de él. Una Orquesta desafinada, disonante, rebelde, y francamente malita, con un Director que trae su propia partitura y el resultado es verdaderamente desastroso.

Las antiguas civilizaciones asentadas en nuestro País, los Olmecas, los Mayas, los Teotihuacanos, Los Toltecas, incluso los Aztecas con todo y lo aguerridos que eran, tenían un sistema pulcro que no permitía el desorden. La pulcritud se traducía en que los distintos estratos de gobernanza cumplían sus tareas conforme a sus leyes formales y rígidas y por su parte, los gobernados cumplían con los mandamientos de las autoridades y con las normas de gobierno.

Contribuía a ese estado el que cada quien cumpliera con lo que le correspondía en el papel que desempeñaba en la sociedad. Era una Orquesta en la que cada instrumento se apegaba a la partitura. Prácticamente no requerían ni de Director -aunque lo tenían- ni de concertinos.

Hoy día, la Orquesta de nuestra Patria es una muestra perfecta de la disonancia; cuerdas, vientos, metales y percusiones, todos desafinados; cada quien haciendo lo que quiere con su pentagrama y el Director de Orquesta a veces usa la batuta a veces no, y cuando la quiere usar abandonó la clásica batuta de grafito o de madera de abedul, para usa una pesara rama de un árbol del sureste para dirigir a sus músicos desafinados ignorando la rechifla del público porque tiene otros datos.

Olvidándonos de las analogías, podemos echar un vistazo rápido a algunos de los escenarios que revelan ese desorden palpable.

Empecemos por el Propio Presidente. Un solo tema: El coronavirus. Primero dice que él es inmune gracias a sus amuletos como el detente, el trébol y el billete de dos dólares.

Se contagia, lo niega y luego lo reconoce. Sostiene que el cubrebocas no sirve pero lo usa en los aviones; primero dice que no se va a vacunar, luego que siempre sí; luego rectifica y dice que no; se vuelve a echarse para atrás y dice que sí se vacunará pero condicionado a hacerse unos estudios; mientras, sus siervos nacionales aplican vacunas sin orden ni método; luego dice que siempre no se va a vacunar porque los estudios revelan que sus anticuerpos son tantos que lo hacen inmune al Covid-19.

Pero allí no para la cosa; como muchos dicen que se predica con el ejemplo, vuelve a retractarse y dice que siempre sí se va a vacunar, pero ya que se acaben de vacunar los adultos mayores. Luego viene su estorbante secre, así, con minúsculas, su secre, el señor Alcocer que despacha como titular del Ministerio de Salud y vuelve a poner a su Jefazo en ridículo al sostener que no requiere vacuna porque está inmunizado por toda la buena vibra del pueblo.

Y mientras, la gente, el pueblo sabio, pierde la sabiduría y se desconcierta porque no sabe por fin si vacunarse o no, si usa el cubrebocas o no, si relaja las medidas o no.

Volviendo a la analogía, el director de orquesta trae un ritmo y lo cambia a su antojo, no respeta la partitura, el primer violín está dormido; los músicos, va cada quien por su lado y toca con la intensidad, tono y timbre que quiere abundando los silencios y haciendo trizas la pauta; el público toma todo a chunga y lo mismo hace ruido con las palmas, unos platican, otros gritan, otros chiflan, y otros más de plano sacaron las palomitas y las papas, aquél consulta su celular, cada quien hace lo que quiere. Todo es caótico. Lo que iba a ser el concierto de la esperanza y la transformación, queda reducido a un escenario propio de película distópica, surrealista, un escenario que ni Franz Kafka lo hubiera imaginado.

Volteo los ojos hacia otro lado y veo un poder judicial ineficiente; el de más arriba nos dice y reitera que la corrupción ya se acabó, que eso era antes y no puedo más que sentir que el estómago se me revuelve, cuando un confiable amigo, Abogado litigante de profesión, me comparte su pena y su deslilusión, porque abiertamente le dijeron en el Juzgado donde tiene un juicio en que defiende a una infeliz viuda de las garras del bando que pretende ejecutarle una hipoteca, le dijeron que quien manda en el Juzgado no es el Juez sino el Banco accionante y que haga lo que quiera y como quiera; el poder judicial sometido a los intereses del dinero. Y el discurso insiste: ya no hay corrupción, eso era antes.

Pero ya no hay corrupción, eso era antes. Un Magistrado a través de otros abogados ofrece sus servicios de solución en un asunto trabado en Tribunales a cambio de una buena suma de dinero. Y el director de la orquesta disfónica cada mañana insiste: Ya no hay corrupción, eso era antes, eso era propio de los neoliberales, de los conservadores.

Y así podríamos recorrer nuestra vista hacia el tema de las vacunas que se han aplicado sin metodología y con manejo político más que sanitario; los contrasentidos y el doble discurso oficial en temas como el de la electrificación, el uso del petróleo, el aeropuerto de Santa Lucia, el Tren Maya, la Refinería, el INE y que me dice usted respecto a la seguridad.

Habitantes de Michoacán y Guerrero claman la intervención del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional en sus comunidades apropiadas por la delincuencia organizada que ha sembrado el terror y la barbarie mientras se les mantiene ocupados en la obra pública de los proyectos faraónicos y cuidando la frontera sur para poder seguir recibiendo la limosna de las vacunas sobrantes y mandar al canciller presidenciable a pedir mas limosna al exterior porque al paso que vamos con apenas un 8% de la población vacunada el escenario no puede ser más desesperanzados.

Y como cereza del pastel, más de 20,000 candidatos quieren seguir los pasos de César Garizurieta alias El Tlacuache, legislador Veracruzano quien en pleno auge del Priísmo de Miguel Alemán, espetó la frase histórica de que “Vivir fuera del Presupuesto, es vivir en el error”.

Gran tristeza me da mi País. El desorden se ha adueñado de él. Y ni para donde voltear. Mi desesperanza es grande.