/ lunes 23 de noviembre de 2020

El factor económico detrás de la plantita verde

Francisco Javier Armenta Araiza*

Una noticia que está dando mucho de que hablar en nuestro país, es la referente a la despenalización de la marihuana. Algunos podrán estar en contra, otros a favor, lo cierto es que esta discusión ya se había tardado. ¿Por qué? No es un tema sencillo, es multidimensional, en él influyen temas de seguridad, salud, ética, medioambiente, economía y por tanto, está supeditado al poder. El pensador israelí, Noah Harari, sostiene que el dinero es una de las tres narrativas (además del nacionalismo y la religión) que han logrado extenderse a nivel mundial, el dinero se ha convertido en una fuente de poder en nuestra sociedad. Y yo me pregunto, ¿será que el dinero o la búsqueda de este es lo que ha puesto a la plantita verde en los escritorios de los legisladores?

En México, la discusión por la despenalización del consumo de cannabis de manera institucional, inició cuando Carlos Avilés Garfias acudió a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para solicitar un amparo para el uso medicinal de la marihuana, mismo que ganó en 2019. Tras él llegaron muchas otras personas que veían una vía legal para mitigar sus problemas de salud mediante el uso de la cannabis medicinal o productos derivados de esta. Fue entonces que el poder legislativo ya no pudo eludir el tema y llegamos a la actual discusión. El Senado ha dado un paso firme hacia la despenalización de la marihuana. Más pronto que tarde sucederá en el mundo y en México. En mi opinión, el qué, cómo y cuándo será determinado por el poder, es decir, por el factor económico.

La marihuana es un producto que pertenece a la economía subterránea, dinero del que no hay registros debido a que no es legal su producción y comercialización en nuestro país, pero que evidentemente existe. Resulta estratégico generar una industria nacional entorno a este producto porque me atrevería a afirmar que, semejante al consumo de cigarros y alcohol, estamos frente a un producto inelástico, es decir que invariablemente del precio, su consumo se mantendrá constante. Por lo tanto debe de ser regulada y aprovechada por el Estado Mexicano, en lugar de por las organizaciones criminales como se ha estado haciendo.

Antes de escandalizarnos por la despenalización de la marihuana, habría que tomar en cuenta todas sus aristas, entre ellas el tema de seguridad nacional. Si bien es cierto que, para pacificar a nuestro país, en relación al fenómeno del narcotráfico, legalizar la marihuana no es suficiente, no menos cierto es que formalizar esta industria reducirá los ingresos de esas organizaciones de manera importante, además de generar entradas de dinero al país vía impuestos. Pensando en los consumidores, ¿dónde preferirías comprar un churro? ¿En una farmacia o con un distribuidor desconocido? La respuesta está en Uruguay quien la despenalizó en 2013, que ha garantizado calidad a los consumidores y poco a poco ha logrado reducir los ingresos del crimen organizado por este producto. El narco soborna funcionarios, compra armas y contrata sicarios porque tiene dinero, reducirles sus ingresos no los deja en la indefensión, pero sí les acorta su campo de acción; para allá es la ruta en la que se debe transitar de manera mundial.

Estados Unidos nos lleva algunos años de ventaja (creo que premeditadamente). Sería una equivocación, un error multimillonario, que México siendo el país con mejores condiciones

climatológicas para ser potencia mundial en esta industria, terminemos consumiendo tecnologías y patentes norteamericanas. Entonces sí, nos saldría más caro el caldo que las albóndigas. De cualquier forma la legislación resulta insuficiente para el desarrollo industrial de la marihuana. ¿Conservemos una postura de subordinación al mercado de propiedad intelectual que ya de entrada dominan nuestros vecinos norteamericanos? Mientras tanto la discusión sigue en México, con pasos firmes hacia la despenalización.

* Presidente de la FEU

Twitter: @JavierArmentaMX

Francisco Javier Armenta Araiza*

Una noticia que está dando mucho de que hablar en nuestro país, es la referente a la despenalización de la marihuana. Algunos podrán estar en contra, otros a favor, lo cierto es que esta discusión ya se había tardado. ¿Por qué? No es un tema sencillo, es multidimensional, en él influyen temas de seguridad, salud, ética, medioambiente, economía y por tanto, está supeditado al poder. El pensador israelí, Noah Harari, sostiene que el dinero es una de las tres narrativas (además del nacionalismo y la religión) que han logrado extenderse a nivel mundial, el dinero se ha convertido en una fuente de poder en nuestra sociedad. Y yo me pregunto, ¿será que el dinero o la búsqueda de este es lo que ha puesto a la plantita verde en los escritorios de los legisladores?

En México, la discusión por la despenalización del consumo de cannabis de manera institucional, inició cuando Carlos Avilés Garfias acudió a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para solicitar un amparo para el uso medicinal de la marihuana, mismo que ganó en 2019. Tras él llegaron muchas otras personas que veían una vía legal para mitigar sus problemas de salud mediante el uso de la cannabis medicinal o productos derivados de esta. Fue entonces que el poder legislativo ya no pudo eludir el tema y llegamos a la actual discusión. El Senado ha dado un paso firme hacia la despenalización de la marihuana. Más pronto que tarde sucederá en el mundo y en México. En mi opinión, el qué, cómo y cuándo será determinado por el poder, es decir, por el factor económico.

La marihuana es un producto que pertenece a la economía subterránea, dinero del que no hay registros debido a que no es legal su producción y comercialización en nuestro país, pero que evidentemente existe. Resulta estratégico generar una industria nacional entorno a este producto porque me atrevería a afirmar que, semejante al consumo de cigarros y alcohol, estamos frente a un producto inelástico, es decir que invariablemente del precio, su consumo se mantendrá constante. Por lo tanto debe de ser regulada y aprovechada por el Estado Mexicano, en lugar de por las organizaciones criminales como se ha estado haciendo.

Antes de escandalizarnos por la despenalización de la marihuana, habría que tomar en cuenta todas sus aristas, entre ellas el tema de seguridad nacional. Si bien es cierto que, para pacificar a nuestro país, en relación al fenómeno del narcotráfico, legalizar la marihuana no es suficiente, no menos cierto es que formalizar esta industria reducirá los ingresos de esas organizaciones de manera importante, además de generar entradas de dinero al país vía impuestos. Pensando en los consumidores, ¿dónde preferirías comprar un churro? ¿En una farmacia o con un distribuidor desconocido? La respuesta está en Uruguay quien la despenalizó en 2013, que ha garantizado calidad a los consumidores y poco a poco ha logrado reducir los ingresos del crimen organizado por este producto. El narco soborna funcionarios, compra armas y contrata sicarios porque tiene dinero, reducirles sus ingresos no los deja en la indefensión, pero sí les acorta su campo de acción; para allá es la ruta en la que se debe transitar de manera mundial.

Estados Unidos nos lleva algunos años de ventaja (creo que premeditadamente). Sería una equivocación, un error multimillonario, que México siendo el país con mejores condiciones

climatológicas para ser potencia mundial en esta industria, terminemos consumiendo tecnologías y patentes norteamericanas. Entonces sí, nos saldría más caro el caldo que las albóndigas. De cualquier forma la legislación resulta insuficiente para el desarrollo industrial de la marihuana. ¿Conservemos una postura de subordinación al mercado de propiedad intelectual que ya de entrada dominan nuestros vecinos norteamericanos? Mientras tanto la discusión sigue en México, con pasos firmes hacia la despenalización.

* Presidente de la FEU

Twitter: @JavierArmentaMX