/ domingo 29 de diciembre de 2019

El caso Álvarez y las damas de naranja


Óscar Ábrego


Hace algunos meses, en este mismo espacio, escribí una colaboración que titulé Las mujeres del alfarismo. En dicha oportunidad afirmé esto: “Algo ocurre con muchas mujeres del proyecto naranja. Es cierto, en sus filas hay quienes en el pasado inmediato defendieron las causas sociales con estridencia casi insoportable, como las que provienen de buena y santa cuna.

“Pero hoy se les ve como un manojo de nervios cuando se topan de frente con sus padrinos políticos. Vamos, ni siquiera se han atrevido a dar la cara por sus congéneres en asuntos tan delicados como el de las desapariciones forzadas o feminicidios. Dicho de otra manera, en Jalisco, un buen porcentaje de las que cobran del erario público se muestra obediente con sus patrones, pero indiferentes ante el resto de las mortales”.

Lo anterior viene a cuenta por que el tiempo me dio la razón. Muestra de ello es el vergonzoso e inaceptable zafarrancho en el que estuvo involucrado el presidente municipal de Zapotlanejo, Héctor Álvarez Contreras, quien –literal- se lio a golpes con una mujer.

Sobre este caso, debemos hacer algunos apuntes. En primer lugar, y no sólo por ser la máxima representación del precitado municipio, el alcalde no tiene ningún pretexto para agarrarse a trancazos con una señora. Y es que de acuerdo a lo que ha trascendido y se ha confirmado, en ningún momento sus familiares estuvieron en riego de perder la vida como quiso justificarlo; se trató, ni más ni menos, de un pleito entre vecinos que bien pudo evitarse. De hecho, en cualquier otra parte del mundo democrático, una riña de esta naturaleza hubiera tenido como consecuencia la solicitud inmediata de licencia a fin de investigar a fondo el bochornoso episodio.

Jalisco es uno de los Estados que penosamente figuran en el concierto internacional en los primeros lugares en cuanto a feminicidios y violencia contra la mujer se refiere. Pero por si fuera poco, tenemos un gobierno con hedor a misoginia. Por eso no puede archivarse en los anales de lo anecdótico. Hay que decirlo con toda responsabilidad, la conducta violenta con la que procedió (o respondió) Héctor Álvarez Contreras, no tiene justificación.

Pero igual de grave e insultante es el silencio de la gran mayoría de la clase política de nuestra entidad (mujeres y hombres), en especial de las damas de naranja, ya conocidas como las alfaritas.

Más allá de las tibias, miedosas y calculadas condenas de legisladoras como Fabiola Loya y Mirza Flores, por la vía de las redes sociales, la verdad es que las feroces féminas anaranjadas que en su momento alzaron la voz de forma estridente, por sucesos como los de #Lord Café y #Lord Mantenimiento, hoy hacen un mutis cómplice y achantado que de seguro les cobrará facturas en el siguiente proceso electoral.

Así pues, si la actual administración y sus abyectos no asumen que la congruencia es uno de principios básicos en el ejercicio del poder público, entonces no tienen la menor idea de lo que significa autoridad moral.


Óscar Ábrego


Hace algunos meses, en este mismo espacio, escribí una colaboración que titulé Las mujeres del alfarismo. En dicha oportunidad afirmé esto: “Algo ocurre con muchas mujeres del proyecto naranja. Es cierto, en sus filas hay quienes en el pasado inmediato defendieron las causas sociales con estridencia casi insoportable, como las que provienen de buena y santa cuna.

“Pero hoy se les ve como un manojo de nervios cuando se topan de frente con sus padrinos políticos. Vamos, ni siquiera se han atrevido a dar la cara por sus congéneres en asuntos tan delicados como el de las desapariciones forzadas o feminicidios. Dicho de otra manera, en Jalisco, un buen porcentaje de las que cobran del erario público se muestra obediente con sus patrones, pero indiferentes ante el resto de las mortales”.

Lo anterior viene a cuenta por que el tiempo me dio la razón. Muestra de ello es el vergonzoso e inaceptable zafarrancho en el que estuvo involucrado el presidente municipal de Zapotlanejo, Héctor Álvarez Contreras, quien –literal- se lio a golpes con una mujer.

Sobre este caso, debemos hacer algunos apuntes. En primer lugar, y no sólo por ser la máxima representación del precitado municipio, el alcalde no tiene ningún pretexto para agarrarse a trancazos con una señora. Y es que de acuerdo a lo que ha trascendido y se ha confirmado, en ningún momento sus familiares estuvieron en riego de perder la vida como quiso justificarlo; se trató, ni más ni menos, de un pleito entre vecinos que bien pudo evitarse. De hecho, en cualquier otra parte del mundo democrático, una riña de esta naturaleza hubiera tenido como consecuencia la solicitud inmediata de licencia a fin de investigar a fondo el bochornoso episodio.

Jalisco es uno de los Estados que penosamente figuran en el concierto internacional en los primeros lugares en cuanto a feminicidios y violencia contra la mujer se refiere. Pero por si fuera poco, tenemos un gobierno con hedor a misoginia. Por eso no puede archivarse en los anales de lo anecdótico. Hay que decirlo con toda responsabilidad, la conducta violenta con la que procedió (o respondió) Héctor Álvarez Contreras, no tiene justificación.

Pero igual de grave e insultante es el silencio de la gran mayoría de la clase política de nuestra entidad (mujeres y hombres), en especial de las damas de naranja, ya conocidas como las alfaritas.

Más allá de las tibias, miedosas y calculadas condenas de legisladoras como Fabiola Loya y Mirza Flores, por la vía de las redes sociales, la verdad es que las feroces féminas anaranjadas que en su momento alzaron la voz de forma estridente, por sucesos como los de #Lord Café y #Lord Mantenimiento, hoy hacen un mutis cómplice y achantado que de seguro les cobrará facturas en el siguiente proceso electoral.

Así pues, si la actual administración y sus abyectos no asumen que la congruencia es uno de principios básicos en el ejercicio del poder público, entonces no tienen la menor idea de lo que significa autoridad moral.

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