Enrique Velázquez González

  / jueves 13 de junio de 2019

El acuerdo México-Estados Unidos

La política exterior en México siempre se ha caracterizado por ser sumamente diplomática y apegarse a los tratados y acuerdos internacionales; la relación con mayor fortaleza es la que se tiene con Estados Unidos al ser nuestro vecino del norte y definirse como una de las economías más fuertes en todo el mundo.

Esta relación ha sido constante en su estabilidad, sin embargo, desde el 2016, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca las tensiones han aumentado y nuestra certidumbre macroeconómica se ha visto amenazada permanentemente.

Hace unas semanas estas amenazas volvieron a estar presentes en la discusión pública. El presidente norteamericano sentenció que de no parar la migración en nuestra frontera sur aplicaría un incremento del 25% en los aranceles a los productos mexicanos y, aunque este fin de semana fue posible llegar a un convenio respecto al inminente aumento arancelario, la opinión pública se dividió respecto a lo que se suscribió en dicho acuerdo.

Lo que México firmó es un compromiso para enviar seis mil elementos de la Guardia Nacional a nuestra frontera sur con el fin de contener la migración masiva de centroamericanos indocumentados, a cambio el gobierno de Trump aplazó su amenaza de elevar los aranceles al menos en los próximos 45 días en los que posterior a este plazo hará una evaluación y definirá si aumenta progresivamente los aranceles -comenzando con el 5%.

Las opiniones se han volcado en determinar si es un triunfo o un fracaso del gobierno mexicano haber llegado a este trato, los que defienden la primera postura aseguran que México no tenía opción ya que de haber negado el acuerdo nuestra economía hubiera sufrido grandes daños. Los que aseguran que se trata de un fracaso argumentan que nos hemos sometido a los caprichos Donald Trump y ahora hacemos el trabajo “sucio” al convertirnos en el muro con el que siempre amenazó.

Sin duda es un asunto que tiene ambos matices, pero lo importante es centrar la discusión en el enorme problema que México tiene que resolver en el tema migratorio. Es esta una oportunidad para que las leyes y el estado de Derecho en nuestro país se apliquen. Revertir la tendencia de la migración en 45 días es casi imposible, pero lo que sí se puede hacer es demostrar que se puede ordenar el tema de la migración sin violar derechos humanos, gestionar humanitariamente este problema es el camino para hacerlo.


* Diputado local

La política exterior en México siempre se ha caracterizado por ser sumamente diplomática y apegarse a los tratados y acuerdos internacionales; la relación con mayor fortaleza es la que se tiene con Estados Unidos al ser nuestro vecino del norte y definirse como una de las economías más fuertes en todo el mundo.

Esta relación ha sido constante en su estabilidad, sin embargo, desde el 2016, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca las tensiones han aumentado y nuestra certidumbre macroeconómica se ha visto amenazada permanentemente.

Hace unas semanas estas amenazas volvieron a estar presentes en la discusión pública. El presidente norteamericano sentenció que de no parar la migración en nuestra frontera sur aplicaría un incremento del 25% en los aranceles a los productos mexicanos y, aunque este fin de semana fue posible llegar a un convenio respecto al inminente aumento arancelario, la opinión pública se dividió respecto a lo que se suscribió en dicho acuerdo.

Lo que México firmó es un compromiso para enviar seis mil elementos de la Guardia Nacional a nuestra frontera sur con el fin de contener la migración masiva de centroamericanos indocumentados, a cambio el gobierno de Trump aplazó su amenaza de elevar los aranceles al menos en los próximos 45 días en los que posterior a este plazo hará una evaluación y definirá si aumenta progresivamente los aranceles -comenzando con el 5%.

Las opiniones se han volcado en determinar si es un triunfo o un fracaso del gobierno mexicano haber llegado a este trato, los que defienden la primera postura aseguran que México no tenía opción ya que de haber negado el acuerdo nuestra economía hubiera sufrido grandes daños. Los que aseguran que se trata de un fracaso argumentan que nos hemos sometido a los caprichos Donald Trump y ahora hacemos el trabajo “sucio” al convertirnos en el muro con el que siempre amenazó.

Sin duda es un asunto que tiene ambos matices, pero lo importante es centrar la discusión en el enorme problema que México tiene que resolver en el tema migratorio. Es esta una oportunidad para que las leyes y el estado de Derecho en nuestro país se apliquen. Revertir la tendencia de la migración en 45 días es casi imposible, pero lo que sí se puede hacer es demostrar que se puede ordenar el tema de la migración sin violar derechos humanos, gestionar humanitariamente este problema es el camino para hacerlo.


* Diputado local

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