Carlos Orozco Santillán

  / sábado 27 de julio de 2019

Drenaje profundo: una emergencia en GDL

Los acontecimientos destructivos de las inundaciones padecidas en el Área Metropolitana de Guadalajara obligan al gobierno del estado a reconocer la historia de la edificación deficiente de nuestra ciudad. Principalmente cuando recordamos, como lo señalo el académico en Derecho Ambiental y Desarrollo Urbano de La Universidad de Guadalajara Antonio Rocha Santos, al identificar como una de las grandes ausencias del estado el no aprovechar los extraordinadios caudales generados por las intensas lluvias atípicas padecidas cíclicamente.

Otro académico, Arturo Gleason del CUAAD, de la misma casa de estudios ha sido enfático al detectar desde hace años , la gran ausencia de una ingeniería hidráulica para recuperar el extraordinario caudal acuífero generado anualmente en el Valle de Atemajac donde se asienta nuestra ciudad. Sobre todo si reconocemos que 379 de los 542km de la red de drenaje en Guadalajara ha cumplido más de 50 años de funcionamiento y tan solo el 30% de los colectores tiene menos de cuatro décadas de funcionamiento.

Si agregamos a este factor inusual el crecimiento de fraccionamientos invasivos sobre las microcuencas de una región rica en mantos acuíferos subterráneos, identificamos el error técnico político al haber aprobado, sobre todo en los pasados treinta años, fraccionamientos con áreas habitacionales susceptibles de inundaciones al reconocerse los flujos pluviales en sus naturales escurrimientos.

Ese debe ser el principal factor de zonas habitadas como el fraccionamiento Club de Golf Santa Anita, cuyas extensas áreas boscosas y verdes no han sido suficientes para captar el agua de lluvia sin antes causar daños a las áreas edificadas donde antes escurrieron libremente los ríos de temporal.

Otros sectores urbanos han sido recurrentemente debastados por inundaciones atípicas como la de 15 de julio pasado donde el canal de la Avenida Patria en el municipio de Zapopan fue rebasado por la histórica razón al tratarse de arroyos de agua limpia sin inundaciones, en tanto no fueron sobrepuestos desarrollos inmoviliarios o edificaciones polémicas como Plaza Patria sin tomar en cuenta la necesaria planeación de los vasos reguladores y la renovación de los drenajes hoy urgentes para el Área Metropolitana de Guadalajara.

Tarea singular para un gobierno si consideramos la necesidad de cambiar o adecuar los aproximadamente 2,700 km de redes de agua y una cifra similar del alcantarillado de los casi 8,000 km existentes en el Área Metropolitana de Guadalajara.

Tan solo el referente histórico de las antiguas intervenciones resultan sumamente ilustrativas: el drenaje profundo central, transversal al Valle de Atemajac convertido luego de ser el transparente Rio San Juan de Dios, en la alcantarilla más larga de la ciudad a principios del siglo XX. El colector intermedio oriente renovado después del 22 de abril de 1992, tan solo en el tramo que comprende la Calzada Independencia al Alamo Industrial. El colector de López Mateos que comenzó a operar en 1965; el de Avenida México en funciones desde 1970; el de la Avenida Mariano Otero funcionando tambien en 1965; el de San Andrés en 1968 y el de la Presa de Osorio operando desde 1970.

Todas esas fechas han sido registradas por el SIAPA por lo cual representan un verdadero reto para un gobierno con visión de estado, pensar en la próxima generación antes que en la próxima elección.

Académico del Cuaad, UdeG

carlosm_orozco@hotmail.com

Los acontecimientos destructivos de las inundaciones padecidas en el Área Metropolitana de Guadalajara obligan al gobierno del estado a reconocer la historia de la edificación deficiente de nuestra ciudad. Principalmente cuando recordamos, como lo señalo el académico en Derecho Ambiental y Desarrollo Urbano de La Universidad de Guadalajara Antonio Rocha Santos, al identificar como una de las grandes ausencias del estado el no aprovechar los extraordinadios caudales generados por las intensas lluvias atípicas padecidas cíclicamente.

Otro académico, Arturo Gleason del CUAAD, de la misma casa de estudios ha sido enfático al detectar desde hace años , la gran ausencia de una ingeniería hidráulica para recuperar el extraordinario caudal acuífero generado anualmente en el Valle de Atemajac donde se asienta nuestra ciudad. Sobre todo si reconocemos que 379 de los 542km de la red de drenaje en Guadalajara ha cumplido más de 50 años de funcionamiento y tan solo el 30% de los colectores tiene menos de cuatro décadas de funcionamiento.

Si agregamos a este factor inusual el crecimiento de fraccionamientos invasivos sobre las microcuencas de una región rica en mantos acuíferos subterráneos, identificamos el error técnico político al haber aprobado, sobre todo en los pasados treinta años, fraccionamientos con áreas habitacionales susceptibles de inundaciones al reconocerse los flujos pluviales en sus naturales escurrimientos.

Ese debe ser el principal factor de zonas habitadas como el fraccionamiento Club de Golf Santa Anita, cuyas extensas áreas boscosas y verdes no han sido suficientes para captar el agua de lluvia sin antes causar daños a las áreas edificadas donde antes escurrieron libremente los ríos de temporal.

Otros sectores urbanos han sido recurrentemente debastados por inundaciones atípicas como la de 15 de julio pasado donde el canal de la Avenida Patria en el municipio de Zapopan fue rebasado por la histórica razón al tratarse de arroyos de agua limpia sin inundaciones, en tanto no fueron sobrepuestos desarrollos inmoviliarios o edificaciones polémicas como Plaza Patria sin tomar en cuenta la necesaria planeación de los vasos reguladores y la renovación de los drenajes hoy urgentes para el Área Metropolitana de Guadalajara.

Tarea singular para un gobierno si consideramos la necesidad de cambiar o adecuar los aproximadamente 2,700 km de redes de agua y una cifra similar del alcantarillado de los casi 8,000 km existentes en el Área Metropolitana de Guadalajara.

Tan solo el referente histórico de las antiguas intervenciones resultan sumamente ilustrativas: el drenaje profundo central, transversal al Valle de Atemajac convertido luego de ser el transparente Rio San Juan de Dios, en la alcantarilla más larga de la ciudad a principios del siglo XX. El colector intermedio oriente renovado después del 22 de abril de 1992, tan solo en el tramo que comprende la Calzada Independencia al Alamo Industrial. El colector de López Mateos que comenzó a operar en 1965; el de Avenida México en funciones desde 1970; el de la Avenida Mariano Otero funcionando tambien en 1965; el de San Andrés en 1968 y el de la Presa de Osorio operando desde 1970.

Todas esas fechas han sido registradas por el SIAPA por lo cual representan un verdadero reto para un gobierno con visión de estado, pensar en la próxima generación antes que en la próxima elección.

Académico del Cuaad, UdeG

carlosm_orozco@hotmail.com

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