/ miércoles 14 de octubre de 2020

¿Dónde vamos bien?

¿Por qué deberíamos de reconocer que cualquier gobierno haga bien su trabajo? ¿Qué no es su obligación, se comprometieron a ello y por eso fueron electos? Cada que un gobernante de un municipio, estado o el país comunican lo que están haciendo, utilizan adjetivos generosos, expresiones positivas, narraciones épicas, victoriosas, como si fueran héroes que enfrentaron y vencieron dificultades tremendas, derrotando enemigos fantásticos –que muchas veces ni existen pero le dan sabor a sus relatos- e intentan convencernos de que gracias a ellos estamos mejor.

El gobierno, sea municipal, estatal o nacional, ha evolucionado a un nivel en el que lo que hay que hacer esta expresado en manuales de organización, de procedimientos, reglamentos, leyes, la Constitución y los tratados internacionales. Ha sido un logro de nuestra sociedad reducir el margen de maniobra de los gobernantes para que su poder no sea abstracto ni absoluto, para reducir la posibilidad de que sus ocurrencias e ideas se impongan autoritariamente y dependamos de las ideas, planes y proyectos de una persona, afectando la vida del resto de su comunidad al ejecutar el mandato democrático de los votantes.

Quienes gobiernan deberían cumplir con las obligaciones que tienen, realizar las funciones y utilizar sus atribuciones con el fin de que el gobierno funcione en lo esencial. Ya que cumplan con eso, deben aspirar a realizar tareas más elevadas, como ser ejemplos para la sociedad, incidir en la colectividad para modificar hábitos, creencias, comportamiento, conducta social y evolucionar la cultura.

La mayoría de nuestros gobernantes no hace ni siquiera lo primero. Hay servicios públicos deficientes. Seguridad pública es uno, que reprueban prácticamente todos los presidentes municipales, gobernadores y el Presidente de la República. Educación es otro ejemplo, que es un problema general donde lo que han hecho, hacen e intentan hacer, no solo es insuficiente, sino de mala calidad y le quedan a deber a la ciudadanía.

Mientras que en el sector privado se intenta la mejora continua, la calidad, la mejor atención del cliente, la eficacia y la eficiencia, en el sector público se busca cumplir a medias, presumir mucho, utilizar los cargos como trampolín para ir de uno al otro y permanecer cobrando, aunque no se cumpla, no se haga lo que se debía hacer y el trabajo realizado sea de nula, baja o mediana calidad.

Las cuentas que le rinden a la sociedad presentan discursos con cifras maquilladas, cacarean lo que creen que hacen mejor, se expresan con ornato narrativo, lanzándolos con disfraces mercadológicos, envueltos en frases correctas vestidas de medias verdades que anuncian éxitos que en realidad no lo son.

Mienten, simulan, engañan. Y lo peor, es que muchos ciudadanos se lo creen. ¿Cómo decir que vamos bien cuando hay enorme cantidad de muertos, por el covid-19, por la delincuencia, por el crimen organizado, cuando hay baches, falta aseo, la burocracia es lenta, los tramites difíciles y complejos, falta atención y respuestas a las necesidades sociales, los gobiernos no dan resultados positivos, nos cuestan mucho y sirven poco a la comunidad?

¿Vamos bien? Pagamos cada vez más caros nuestros impuestos y servicios públicos como predial, luz, agua y drenaje, pero también nos cuesta extra lo que el gobierno debería de hacer pero no lo hace bien, como pagar por nuestra seguridad, salud, educación, protección y aseo de espacios comunitarios, es imposible decir que vamos bien. Reflexiónelo.

www.inteligenciapolitica.org

¿Por qué deberíamos de reconocer que cualquier gobierno haga bien su trabajo? ¿Qué no es su obligación, se comprometieron a ello y por eso fueron electos? Cada que un gobernante de un municipio, estado o el país comunican lo que están haciendo, utilizan adjetivos generosos, expresiones positivas, narraciones épicas, victoriosas, como si fueran héroes que enfrentaron y vencieron dificultades tremendas, derrotando enemigos fantásticos –que muchas veces ni existen pero le dan sabor a sus relatos- e intentan convencernos de que gracias a ellos estamos mejor.

El gobierno, sea municipal, estatal o nacional, ha evolucionado a un nivel en el que lo que hay que hacer esta expresado en manuales de organización, de procedimientos, reglamentos, leyes, la Constitución y los tratados internacionales. Ha sido un logro de nuestra sociedad reducir el margen de maniobra de los gobernantes para que su poder no sea abstracto ni absoluto, para reducir la posibilidad de que sus ocurrencias e ideas se impongan autoritariamente y dependamos de las ideas, planes y proyectos de una persona, afectando la vida del resto de su comunidad al ejecutar el mandato democrático de los votantes.

Quienes gobiernan deberían cumplir con las obligaciones que tienen, realizar las funciones y utilizar sus atribuciones con el fin de que el gobierno funcione en lo esencial. Ya que cumplan con eso, deben aspirar a realizar tareas más elevadas, como ser ejemplos para la sociedad, incidir en la colectividad para modificar hábitos, creencias, comportamiento, conducta social y evolucionar la cultura.

La mayoría de nuestros gobernantes no hace ni siquiera lo primero. Hay servicios públicos deficientes. Seguridad pública es uno, que reprueban prácticamente todos los presidentes municipales, gobernadores y el Presidente de la República. Educación es otro ejemplo, que es un problema general donde lo que han hecho, hacen e intentan hacer, no solo es insuficiente, sino de mala calidad y le quedan a deber a la ciudadanía.

Mientras que en el sector privado se intenta la mejora continua, la calidad, la mejor atención del cliente, la eficacia y la eficiencia, en el sector público se busca cumplir a medias, presumir mucho, utilizar los cargos como trampolín para ir de uno al otro y permanecer cobrando, aunque no se cumpla, no se haga lo que se debía hacer y el trabajo realizado sea de nula, baja o mediana calidad.

Las cuentas que le rinden a la sociedad presentan discursos con cifras maquilladas, cacarean lo que creen que hacen mejor, se expresan con ornato narrativo, lanzándolos con disfraces mercadológicos, envueltos en frases correctas vestidas de medias verdades que anuncian éxitos que en realidad no lo son.

Mienten, simulan, engañan. Y lo peor, es que muchos ciudadanos se lo creen. ¿Cómo decir que vamos bien cuando hay enorme cantidad de muertos, por el covid-19, por la delincuencia, por el crimen organizado, cuando hay baches, falta aseo, la burocracia es lenta, los tramites difíciles y complejos, falta atención y respuestas a las necesidades sociales, los gobiernos no dan resultados positivos, nos cuestan mucho y sirven poco a la comunidad?

¿Vamos bien? Pagamos cada vez más caros nuestros impuestos y servicios públicos como predial, luz, agua y drenaje, pero también nos cuesta extra lo que el gobierno debería de hacer pero no lo hace bien, como pagar por nuestra seguridad, salud, educación, protección y aseo de espacios comunitarios, es imposible decir que vamos bien. Reflexiónelo.

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