/ lunes 20 de mayo de 2024

Destruyendo nuestra casa

En Junio de 2015, el Papa Francisco presentó su encíclica, la primera de su papado, llamada Laudato si (Alabado seas en latín); en ella exhortó a los más de 1,200 millones de católicos que uniéramos nuestras fuerzas contra el cambio climático.

Han transcurrido 9 años, y las cosas están empeorando. Cada vez los climas se vuelven más extremos.

Laudato Sí, es un documento que debemos tener muy presente. La exhortación papal es dramática:

Cito Textual: "El calentamiento global es un problema con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad".

Agrega el Pontífice: " si el clima es un bien común, de todos y para todos, el impacto más grave de su alteración recae en los más pobres, pero muchos de los que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del calentamiento".

Continúa: "La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil. El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la supervivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Privar a los pobres del acceso al agua significa negarles el derecho a la vida.

9 años después estamos muertos de sed y con una carencia más que preocupante por la escases de agua, la erosión de los campos y la inacción de los gobiernos.

Amnistía Internacional decía el pasado 2 de enero que el cambio climático se ha convertido en uno de los mayores desafíos que afronta la humanidad en el siglo XXI. Indiscutible.

Cada día, los efectos devastadores de la actividad humana en el medio ambiente se hacen más evidentes. En esta crisis climática se entrelazan dimensiones que abarcan no solo la salud de nuestro planeta, sino también los derechos fundamentales de los seres humanos.

Robert Swan, un hisoriador y activista dijo que la mayor amenaza para nuestro planeta es la creencia de que alguien mas lo va a salvar, y es que todos estamos en una especie de impasse, esperando que otros hagan lo necesario mientras permanecemos en la pasividad.

Wangari Maathai, otra defensora y activista medioambiental, ganadora del premio nobel de la paz, dijo que la generación que destruye el medio ambiente no es la generación que paga el precio, y es cierto, porque quienes se encargarán de pagar las facturas de nuestra indolencia y nuestra indiferencia serán las futuras generaciones que nos sucederán.

La interrogante de Jane Goodal, una antropóloga inglesa es verdaderamente estremecedora:

“¿Como es que la especie con la mayor capacidad intelectual de la historia esté destruyendo su único hogar?” Es insensato lo que hacemos. El problema es de todos y debemos resolverlo todos. El cuidado de nuestra casa común es responsabilidad de todos. Hagámoslo por nuestros hijos, por el amor a nuestros hijos, contribuyamos cada uno desde nuestro sitio a evitar que se sigan causando daños al planeta, porque el cambio climático es una realidad y lo vemos reflejado para no ir mas lejos, con las inmisericordes olas de calor que tenemos en nuestra Ciudad.

En Junio de 2015, el Papa Francisco presentó su encíclica, la primera de su papado, llamada Laudato si (Alabado seas en latín); en ella exhortó a los más de 1,200 millones de católicos que uniéramos nuestras fuerzas contra el cambio climático.

Han transcurrido 9 años, y las cosas están empeorando. Cada vez los climas se vuelven más extremos.

Laudato Sí, es un documento que debemos tener muy presente. La exhortación papal es dramática:

Cito Textual: "El calentamiento global es un problema con graves dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas, y plantea uno de los principales desafíos actuales para la humanidad".

Agrega el Pontífice: " si el clima es un bien común, de todos y para todos, el impacto más grave de su alteración recae en los más pobres, pero muchos de los que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del calentamiento".

Continúa: "La falta de reacciones ante estos dramas de nuestros hermanos es un signo de la pérdida de aquel sentido de responsabilidad por nuestros semejantes sobre el cual se funda toda sociedad civil. El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la supervivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. Privar a los pobres del acceso al agua significa negarles el derecho a la vida.

9 años después estamos muertos de sed y con una carencia más que preocupante por la escases de agua, la erosión de los campos y la inacción de los gobiernos.

Amnistía Internacional decía el pasado 2 de enero que el cambio climático se ha convertido en uno de los mayores desafíos que afronta la humanidad en el siglo XXI. Indiscutible.

Cada día, los efectos devastadores de la actividad humana en el medio ambiente se hacen más evidentes. En esta crisis climática se entrelazan dimensiones que abarcan no solo la salud de nuestro planeta, sino también los derechos fundamentales de los seres humanos.

Robert Swan, un hisoriador y activista dijo que la mayor amenaza para nuestro planeta es la creencia de que alguien mas lo va a salvar, y es que todos estamos en una especie de impasse, esperando que otros hagan lo necesario mientras permanecemos en la pasividad.

Wangari Maathai, otra defensora y activista medioambiental, ganadora del premio nobel de la paz, dijo que la generación que destruye el medio ambiente no es la generación que paga el precio, y es cierto, porque quienes se encargarán de pagar las facturas de nuestra indolencia y nuestra indiferencia serán las futuras generaciones que nos sucederán.

La interrogante de Jane Goodal, una antropóloga inglesa es verdaderamente estremecedora:

“¿Como es que la especie con la mayor capacidad intelectual de la historia esté destruyendo su único hogar?” Es insensato lo que hacemos. El problema es de todos y debemos resolverlo todos. El cuidado de nuestra casa común es responsabilidad de todos. Hagámoslo por nuestros hijos, por el amor a nuestros hijos, contribuyamos cada uno desde nuestro sitio a evitar que se sigan causando daños al planeta, porque el cambio climático es una realidad y lo vemos reflejado para no ir mas lejos, con las inmisericordes olas de calor que tenemos en nuestra Ciudad.