Antonio De Jesús Mendoza Mejía

  / martes 28 de mayo de 2019

Derecho a la salud

El Artículo 4° constitucional establece el derecho a la salud que tenemos todos los mexicanos, porque sin salud no hay futuro en México, para lograr ese estado de salud se necesita una educación integral fundamentada en la ciencia, conocimiento, deporte y cultura, donde existe educación desde la familia hasta la escuela tendremos salud, previniéndola a la enfermedad para no caer en los azotes de la muerte que a diario se presenta en los hospitales, en la calle y en la familia.

Durante el gobierno de Porfirio Díaz en la Ciudad de México se tenían más pulquerías que escuelas, la mayoría de la población era víctima de la enfermedad, la generalidad de muertes eran por deshidratación, diarreas y cirrosis, asimismo había un baño público por cada 100 habitantes, el baño diario no se acostumbraba, la mayoría de viviendas carecían de ventilación, no solamente en la Ciudad de México, sino en casi todas las ciudades de la República Mexicana; Guadalajara no era la excepción en la carencia de baños públicos, aseo personal y el elevado número de cantinas, las escuelas públicas se encontraban vacías.

Después del triunfo de la Revolución Mexicana se hicieron campañas de salud pública, quién instituyo esta enorme tarea y proyecto de nación fue el Presidente Lázaro Cárdenas, primero con los profesores rurales quienes convivían con poblaciones sumamente pobres y enfermas, donde los piojos, las chinches y las enfermedades venéreas fueron el azote del Gobierno de la República, asimismo los programas de vacunación en aquella epidemia de muerte como fue la poliomielitis, donde todavía podemos ver algunos seres humanos con estas secuelas de invalidez que fueron víctimas de esta enfermedad.

La creación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) por el Presidente Manuel Ávila Camacho fue la esperanza de la salud pública para aquellas mayorías de una clase social obrera y campesina, para tener acceso a la medicina y hospitalización, asimismo el Centro Médico La Raza, los hospitales de cardiología en la ciudad de México, así como el Hospital Civil de Guadalajara que fueron nosocomios del pueblo y para el pueblo y que han salvado infinidades de vidas humanas con políticas públicas encaminadas a la salud en los alcances y medios de medicinas y quirófano, de camas y baños para los miles de pacientes que a diario acuden a sus instalaciones hospitalarias, los afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), con sus derechos a la atención médica dentro de los descuentos obrero patronales, los demás servicios hospitalarios públicos a cargo del Estado y la Federación brindando servicios para la recuperación de los seres humanos enfermos y con los diagnósticos clínicos que se entregan en una receta o son llevados en un expediente clínico para su tratamiento y con la esperanza de la recuperación de la salud, desde una gripa hasta un cáncer pulmonar, desde una fractura hasta un derrame cerebral, desde una amputación de miembros superiores o inferiores hasta enfermedades renales, en fin controlar y evitar la enfermedad no es una cuestión de disminución de presupuesto ni mucho menos de posturas económicas de un Gobierno tacaño que con los pretextos de un Estado en quiebra dentro del sistema de salud y la corrupción de vender medicamentos a sobreprecios para beneficio de unos cuantos en un perjuicio de la humanidad doliente como mencionaba Fray Antonio Alcalde, aquel Obispo de Guadalajara que también se le conoció como “El Obispo de las Calaveras”, en estos días su causa esta para beatificarlo y posteriormente hacerlo santo.

La salud no se recupera con una receta médica colocada en el ombligo, la salud se recupera con medicamentos y hospitalización y sobre todo con una política pública encaminada a disminuir el dolor e invertir en medicamentos.


Profesor de Derecho de la Universidad de Guadalajara

Miembro fundador de la Asociación Nacional de Doctores en Derecho. Capítulo Jalisco.

antonio_dejesus@hotmail.com

twitter@mendozaAntoio

El Artículo 4° constitucional establece el derecho a la salud que tenemos todos los mexicanos, porque sin salud no hay futuro en México, para lograr ese estado de salud se necesita una educación integral fundamentada en la ciencia, conocimiento, deporte y cultura, donde existe educación desde la familia hasta la escuela tendremos salud, previniéndola a la enfermedad para no caer en los azotes de la muerte que a diario se presenta en los hospitales, en la calle y en la familia.

Durante el gobierno de Porfirio Díaz en la Ciudad de México se tenían más pulquerías que escuelas, la mayoría de la población era víctima de la enfermedad, la generalidad de muertes eran por deshidratación, diarreas y cirrosis, asimismo había un baño público por cada 100 habitantes, el baño diario no se acostumbraba, la mayoría de viviendas carecían de ventilación, no solamente en la Ciudad de México, sino en casi todas las ciudades de la República Mexicana; Guadalajara no era la excepción en la carencia de baños públicos, aseo personal y el elevado número de cantinas, las escuelas públicas se encontraban vacías.

Después del triunfo de la Revolución Mexicana se hicieron campañas de salud pública, quién instituyo esta enorme tarea y proyecto de nación fue el Presidente Lázaro Cárdenas, primero con los profesores rurales quienes convivían con poblaciones sumamente pobres y enfermas, donde los piojos, las chinches y las enfermedades venéreas fueron el azote del Gobierno de la República, asimismo los programas de vacunación en aquella epidemia de muerte como fue la poliomielitis, donde todavía podemos ver algunos seres humanos con estas secuelas de invalidez que fueron víctimas de esta enfermedad.

La creación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) por el Presidente Manuel Ávila Camacho fue la esperanza de la salud pública para aquellas mayorías de una clase social obrera y campesina, para tener acceso a la medicina y hospitalización, asimismo el Centro Médico La Raza, los hospitales de cardiología en la ciudad de México, así como el Hospital Civil de Guadalajara que fueron nosocomios del pueblo y para el pueblo y que han salvado infinidades de vidas humanas con políticas públicas encaminadas a la salud en los alcances y medios de medicinas y quirófano, de camas y baños para los miles de pacientes que a diario acuden a sus instalaciones hospitalarias, los afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), con sus derechos a la atención médica dentro de los descuentos obrero patronales, los demás servicios hospitalarios públicos a cargo del Estado y la Federación brindando servicios para la recuperación de los seres humanos enfermos y con los diagnósticos clínicos que se entregan en una receta o son llevados en un expediente clínico para su tratamiento y con la esperanza de la recuperación de la salud, desde una gripa hasta un cáncer pulmonar, desde una fractura hasta un derrame cerebral, desde una amputación de miembros superiores o inferiores hasta enfermedades renales, en fin controlar y evitar la enfermedad no es una cuestión de disminución de presupuesto ni mucho menos de posturas económicas de un Gobierno tacaño que con los pretextos de un Estado en quiebra dentro del sistema de salud y la corrupción de vender medicamentos a sobreprecios para beneficio de unos cuantos en un perjuicio de la humanidad doliente como mencionaba Fray Antonio Alcalde, aquel Obispo de Guadalajara que también se le conoció como “El Obispo de las Calaveras”, en estos días su causa esta para beatificarlo y posteriormente hacerlo santo.

La salud no se recupera con una receta médica colocada en el ombligo, la salud se recupera con medicamentos y hospitalización y sobre todo con una política pública encaminada a disminuir el dolor e invertir en medicamentos.


Profesor de Derecho de la Universidad de Guadalajara

Miembro fundador de la Asociación Nacional de Doctores en Derecho. Capítulo Jalisco.

antonio_dejesus@hotmail.com

twitter@mendozaAntoio

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