/ lunes 3 de agosto de 2020

Cultura, el botón a pulsar

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el Covid-19 es un virus que se comporta diferente y contrario a otros virus como la gripe, sin seguir las tendencias de las estaciones. Aún fuera de control, la pandemia ha causado daños en los cimientos de las economías del mundo, poderosas o en vías de desarrollo. En México la estadística oficial nos coloca en un desastroso cuarto lugar en el mundo de acuerdo a las dolorosas defunciones, que alcanzaran la cifra de 50,000 en cuestión de horas. Solo superados por Estados Unidos, Reino Unido y Brasil.

En México, los gobiernos federal y locales han demostrado que el control humano no ha podido vencer al virus. Es evidente que en este país, la cultura popular, de retar, de confrontar, de no hacer caso, de no creer en las autoridades de gobierno, complica en mucho el hacer conciencia del riesgo que enfrentamos. La estadística de mexicanos que aun dudan de la existencia del virus es alarmante. En México nos reímos de la muerte, la retamos. La falta de respeto a la muerte, a las autoridades, la creencia de “a mí no me pasa nada”, son obstáculos para lograr reducir el contagio y atenuar las consecuencias de la enfermedad en la comunidad. La gente no quiere cambiar. Rehúsa utilizar el cubre bocas, acatar indicaciones. Procura evadir las medidas al ingresar a lugares cerrados, como tomarse la temperatura y sanitizarse. Lo hacen de mala gana.

Mientras tanto, nuestros políticos gobernantes de todos los partidos y colores, actúan en modo campaña intentando sacar beneficios de la crisis. En el paso de los últimos meses, la presión de la opinión pública ha recaído en el sistema de salud. Las declaraciones del Presidente, de sus funcionarios, de los gobernadores, de sus mesas de crisis, han focalizado su alcance en la prevención. Es claro que algunas veces han tenido razón, otras no.

Lo cierto es que en otros países del mundo han enfrentado mejor que nosotros la pandemia, y eso se debe en resumen, por una mayor cultura, una conciencia cívica extendida y de respeto a los demás. Han demostrado tener una mayor responsabilidad comunitaria y haber sido capaces de lograr cambios de comportamiento, de forma de realizar las actividades cotidianas, de costumbres, que les ha permitido sortear con mayor efectividad que México este inesperado y descontrolado mal.

Ni el gobierno de México ni el de Jalisco han sido capaces de generar políticas públicas transversales para cambiar la cultura mexicana y jalisciense. De hecho, el esfuerzo de propaganda de gobierno no ha Resultado suficiente ni efectivo.

El enfoque en cambiar la cultura de nuestra población es la llave maestra para detener la propagación del virus. Los teóricos de la conducta humana han dicho que 21 días son suficientes para inculcar y asimilar nuevos hábitos en nuestras vidas. Pues en los últimos 21 días, no ha habido estímulos, llamamientos ni inducciones gubernamentales en dicho sentido. Las herramientas iniciales de difusión, al prolongarse en el tiempo por meses y meses, se volvieron aburridos, tediosos, causando rechazo popular y posteriormente invisibilidad social.

Es por la cultura, por donde se abre la oportunidad de mejorar nuestro paso por esta larga pandemia. Si no se esfuerzan en ese sentido, ni los botones de pánico ni las multas y sanciones serán suficientes. Las secuelas pueden variar entre lo negativo y lo positivo, si es que nuestros gobiernos comienzan a obrar en dicha dirección.

@carlosanguianoz en Twitter.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el Covid-19 es un virus que se comporta diferente y contrario a otros virus como la gripe, sin seguir las tendencias de las estaciones. Aún fuera de control, la pandemia ha causado daños en los cimientos de las economías del mundo, poderosas o en vías de desarrollo. En México la estadística oficial nos coloca en un desastroso cuarto lugar en el mundo de acuerdo a las dolorosas defunciones, que alcanzaran la cifra de 50,000 en cuestión de horas. Solo superados por Estados Unidos, Reino Unido y Brasil.

En México, los gobiernos federal y locales han demostrado que el control humano no ha podido vencer al virus. Es evidente que en este país, la cultura popular, de retar, de confrontar, de no hacer caso, de no creer en las autoridades de gobierno, complica en mucho el hacer conciencia del riesgo que enfrentamos. La estadística de mexicanos que aun dudan de la existencia del virus es alarmante. En México nos reímos de la muerte, la retamos. La falta de respeto a la muerte, a las autoridades, la creencia de “a mí no me pasa nada”, son obstáculos para lograr reducir el contagio y atenuar las consecuencias de la enfermedad en la comunidad. La gente no quiere cambiar. Rehúsa utilizar el cubre bocas, acatar indicaciones. Procura evadir las medidas al ingresar a lugares cerrados, como tomarse la temperatura y sanitizarse. Lo hacen de mala gana.

Mientras tanto, nuestros políticos gobernantes de todos los partidos y colores, actúan en modo campaña intentando sacar beneficios de la crisis. En el paso de los últimos meses, la presión de la opinión pública ha recaído en el sistema de salud. Las declaraciones del Presidente, de sus funcionarios, de los gobernadores, de sus mesas de crisis, han focalizado su alcance en la prevención. Es claro que algunas veces han tenido razón, otras no.

Lo cierto es que en otros países del mundo han enfrentado mejor que nosotros la pandemia, y eso se debe en resumen, por una mayor cultura, una conciencia cívica extendida y de respeto a los demás. Han demostrado tener una mayor responsabilidad comunitaria y haber sido capaces de lograr cambios de comportamiento, de forma de realizar las actividades cotidianas, de costumbres, que les ha permitido sortear con mayor efectividad que México este inesperado y descontrolado mal.

Ni el gobierno de México ni el de Jalisco han sido capaces de generar políticas públicas transversales para cambiar la cultura mexicana y jalisciense. De hecho, el esfuerzo de propaganda de gobierno no ha Resultado suficiente ni efectivo.

El enfoque en cambiar la cultura de nuestra población es la llave maestra para detener la propagación del virus. Los teóricos de la conducta humana han dicho que 21 días son suficientes para inculcar y asimilar nuevos hábitos en nuestras vidas. Pues en los últimos 21 días, no ha habido estímulos, llamamientos ni inducciones gubernamentales en dicho sentido. Las herramientas iniciales de difusión, al prolongarse en el tiempo por meses y meses, se volvieron aburridos, tediosos, causando rechazo popular y posteriormente invisibilidad social.

Es por la cultura, por donde se abre la oportunidad de mejorar nuestro paso por esta larga pandemia. Si no se esfuerzan en ese sentido, ni los botones de pánico ni las multas y sanciones serán suficientes. Las secuelas pueden variar entre lo negativo y lo positivo, si es que nuestros gobiernos comienzan a obrar en dicha dirección.

@carlosanguianoz en Twitter.

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