Carlos Orozco Santillán

  / sábado 27 de abril de 2019

Cotos: El espacio público secuestrado


En el área metropolitana de Guadalajara existen más de 3,590 espacios confinados o “cotos”; fraccionamientos amurallados en los cuales se ha comercializado, con singular éxito, una sensación de seguridad percibida en estos espacios con largas bardas perimetrales mientras en el exterior la realidad subsiste con una creciente inseguridad y actividad delincuencial.

De la cual un propósito básico es escapar al vivir en estos encierros, mientras el mundo real de arterias colapsadas y la falta de espacios públicos continuan avasallando la ciudad; la cual llega a contrastar con un 60 de la mayoría y 30% en privilegio respectivamente. Es decir, casi un tercio de la población vive al margen de la realidad urbana.

La representación extrema de esa diferencia social se presenta cuando uno de esos cotos privilegiados del municipio de Zapopan, tipo Puerta de Hierro, se compara con los cientos de minúsculos cotos alejados de espacios públicos en municipios como Tlajomulco, en el cual las colonias tipo Santa Fe representan la segregación clasista. Una especie de patio trasero en el que terminan convirtiendo a las franjas proletarias habitadas mayoritariamente por trabajadores en un eufemismo de “Gueto” o área marginal urbana, escenario deplorable de la delincuencia organizada y un índice de criminalidad rutinario. El caso del fraccionamiento Villa Fontana Aqua en donde se encontró una fosa clandestina con una decena de cadáveres es la nota habitual de fraccionamientos aprobados en los pasados 15 años en cualquier municipio de la AMG.

En el mismo sentido, la creciente densidad de automotores en más de 360 unidades por día, atiborra las únicas avenidas colectoras de las zonas urbanas anexas a los mejor acondicionados cotos de la ciudad, principalmente en las avenidas Rafael Sanzio, Naciones Unidas y Pablo Neruda sin que Gobierno Municipal alguno logre cumplir los planes parciales urbanos aprobados tras décadas y regular espacios públicos secuestrados por acuerdos políticos para usufructo exclusivo de los habitantes de esos cotos residenciales donde la exclusión, de quienes viven fuera de ellos, está representada por kilómetros de muro donde la violación del derecho al paisaje de quienes deben caminar por fuera, se agrega al derecho inexistente a un entorno saludable y más allá de la tremenda contaminación y secuestro del espacio público.

Como en muchos lados, se pueden observar mujeres empujando una carreola y caminar seguidas por sus hijos para trasladarse en las carreteras de Tlajomulco sin ninguna señal preventiva y mucho menos una simple banqueta al igual que en la mayoría de las colonias segregadas de la ciudad.

Sin embargo, los gobiernos siguen invirtiendo recursos públicos para dotar de amueblamiento urbano de alta calidad, como el paso a desnivel para vehículos automotores en la avenida López Mateos hacia el fraccionamiento y plaza comercial “Punto Sur”, lo cual manifiesta la prioridad para una función pública incapaz de ver a los millones de mexicanos marginados. Esa es nuestra realidad concreta donde el peatón, los clientes del INFONAVIT, los usuarios del peor transporte público del país y los deudos del mayor índice de atropellados, siguen siendo invisibles para todos los niveles de gobierno.


* Académico del CUAAD de la Universidad de Guadalajara

Carlosm_orozco@hotmail.com


En el área metropolitana de Guadalajara existen más de 3,590 espacios confinados o “cotos”; fraccionamientos amurallados en los cuales se ha comercializado, con singular éxito, una sensación de seguridad percibida en estos espacios con largas bardas perimetrales mientras en el exterior la realidad subsiste con una creciente inseguridad y actividad delincuencial.

De la cual un propósito básico es escapar al vivir en estos encierros, mientras el mundo real de arterias colapsadas y la falta de espacios públicos continuan avasallando la ciudad; la cual llega a contrastar con un 60 de la mayoría y 30% en privilegio respectivamente. Es decir, casi un tercio de la población vive al margen de la realidad urbana.

La representación extrema de esa diferencia social se presenta cuando uno de esos cotos privilegiados del municipio de Zapopan, tipo Puerta de Hierro, se compara con los cientos de minúsculos cotos alejados de espacios públicos en municipios como Tlajomulco, en el cual las colonias tipo Santa Fe representan la segregación clasista. Una especie de patio trasero en el que terminan convirtiendo a las franjas proletarias habitadas mayoritariamente por trabajadores en un eufemismo de “Gueto” o área marginal urbana, escenario deplorable de la delincuencia organizada y un índice de criminalidad rutinario. El caso del fraccionamiento Villa Fontana Aqua en donde se encontró una fosa clandestina con una decena de cadáveres es la nota habitual de fraccionamientos aprobados en los pasados 15 años en cualquier municipio de la AMG.

En el mismo sentido, la creciente densidad de automotores en más de 360 unidades por día, atiborra las únicas avenidas colectoras de las zonas urbanas anexas a los mejor acondicionados cotos de la ciudad, principalmente en las avenidas Rafael Sanzio, Naciones Unidas y Pablo Neruda sin que Gobierno Municipal alguno logre cumplir los planes parciales urbanos aprobados tras décadas y regular espacios públicos secuestrados por acuerdos políticos para usufructo exclusivo de los habitantes de esos cotos residenciales donde la exclusión, de quienes viven fuera de ellos, está representada por kilómetros de muro donde la violación del derecho al paisaje de quienes deben caminar por fuera, se agrega al derecho inexistente a un entorno saludable y más allá de la tremenda contaminación y secuestro del espacio público.

Como en muchos lados, se pueden observar mujeres empujando una carreola y caminar seguidas por sus hijos para trasladarse en las carreteras de Tlajomulco sin ninguna señal preventiva y mucho menos una simple banqueta al igual que en la mayoría de las colonias segregadas de la ciudad.

Sin embargo, los gobiernos siguen invirtiendo recursos públicos para dotar de amueblamiento urbano de alta calidad, como el paso a desnivel para vehículos automotores en la avenida López Mateos hacia el fraccionamiento y plaza comercial “Punto Sur”, lo cual manifiesta la prioridad para una función pública incapaz de ver a los millones de mexicanos marginados. Esa es nuestra realidad concreta donde el peatón, los clientes del INFONAVIT, los usuarios del peor transporte público del país y los deudos del mayor índice de atropellados, siguen siendo invisibles para todos los niveles de gobierno.


* Académico del CUAAD de la Universidad de Guadalajara

Carlosm_orozco@hotmail.com

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