Editorial Editorial

  / domingo 12 de mayo de 2019

Contra AMLO, guerra psicológica fallida


Miguel Ángel Ferrer

Hasta ahora no han rendido frutos los enormes esfuerzos de la derecha mexicana en pos de mermar el respaldo popular a las ideas y a las políticas del presidente López Obrador. Los conservadores han utilizado todos los recursos a su disposición para descalificar y hasta satanizar el incansable trabajo y los indiscutibles logros del primer mandatario.

En ese catálogo de recursos están incluidas mentiras, exageraciones, intrigas, insultos, ocultamientos, tergiversaciones, encuestas amañadas. Y todo esto de manera masiva, con el concurso de buena parte de los medios de comunicación tradicionales y de las redes sociales reaccionarias.

Se trata de una estrategia que quiere ser integral y omnipresente para convencer a la ciudadanía de que son equivocadas las decisiones políticas y económicas de López Obrador. Lo mismo si el tema es la cancelación del aeropuerto de Tezcoco que la construcción de la refinería de Dos Bocas. E igualmente si se trata de la creación de la Guardia Nacional o de la abrogación de la mal llamada reforma educativa de Peña Nieto.

Podría decirse que estamos en presencia de una especie de guerra psicológica que busca dominar la mente de los ciudadanos y, al mismo tiempo, paralizar las obras del gobierno.

Pero esa guerra psicológica ha fallado en ambos frentes de batalla. No ha conseguido apoderarse de la mente de los mexicanos ni ha logrado atemorizar al Presidente. Y es indudable que una gran parte del mérito en la derrota de esa guerra psicológica se encuentra en la estrategia de comunicación social de López Obrador condensada en las diarias conferencias de prensa conocidas popularmente como las mañaneras que son vistas y oídas por millones de personas, tanto en vivo como en las innumerables repeticiones por días y días a través de las redes sociales más populares y apreciadas.

Frente al faccioso pesimismo descalificador y satanizador de locutores, comentaristas, analistas, lectores de noticias, encuestadores y yutuberos de derecha, la gente, el público, el pueblo tienen ante sí el optimismo razonado y razonable del capitán del navío que con sencillez, calidez y serenidad convoca a todos, todos los días, a sumarse al esfuerzo transformador, al esfuerzo productivo, al esfuerzo anticorrupción.

Por ello puede afirmarse que las mañaneras constituyen una auténtica revolución en la comunicación social. La segunda gran conquista del obradorismo luego de la derrota electoral del neoliberalismo el 1 de julio de 2018.


Miguel Ángel Ferrer

Hasta ahora no han rendido frutos los enormes esfuerzos de la derecha mexicana en pos de mermar el respaldo popular a las ideas y a las políticas del presidente López Obrador. Los conservadores han utilizado todos los recursos a su disposición para descalificar y hasta satanizar el incansable trabajo y los indiscutibles logros del primer mandatario.

En ese catálogo de recursos están incluidas mentiras, exageraciones, intrigas, insultos, ocultamientos, tergiversaciones, encuestas amañadas. Y todo esto de manera masiva, con el concurso de buena parte de los medios de comunicación tradicionales y de las redes sociales reaccionarias.

Se trata de una estrategia que quiere ser integral y omnipresente para convencer a la ciudadanía de que son equivocadas las decisiones políticas y económicas de López Obrador. Lo mismo si el tema es la cancelación del aeropuerto de Tezcoco que la construcción de la refinería de Dos Bocas. E igualmente si se trata de la creación de la Guardia Nacional o de la abrogación de la mal llamada reforma educativa de Peña Nieto.

Podría decirse que estamos en presencia de una especie de guerra psicológica que busca dominar la mente de los ciudadanos y, al mismo tiempo, paralizar las obras del gobierno.

Pero esa guerra psicológica ha fallado en ambos frentes de batalla. No ha conseguido apoderarse de la mente de los mexicanos ni ha logrado atemorizar al Presidente. Y es indudable que una gran parte del mérito en la derrota de esa guerra psicológica se encuentra en la estrategia de comunicación social de López Obrador condensada en las diarias conferencias de prensa conocidas popularmente como las mañaneras que son vistas y oídas por millones de personas, tanto en vivo como en las innumerables repeticiones por días y días a través de las redes sociales más populares y apreciadas.

Frente al faccioso pesimismo descalificador y satanizador de locutores, comentaristas, analistas, lectores de noticias, encuestadores y yutuberos de derecha, la gente, el público, el pueblo tienen ante sí el optimismo razonado y razonable del capitán del navío que con sencillez, calidez y serenidad convoca a todos, todos los días, a sumarse al esfuerzo transformador, al esfuerzo productivo, al esfuerzo anticorrupción.

Por ello puede afirmarse que las mañaneras constituyen una auténtica revolución en la comunicación social. La segunda gran conquista del obradorismo luego de la derrota electoral del neoliberalismo el 1 de julio de 2018.

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