Editorial Editorial

  / domingo 26 de mayo de 2019

Claves sobre la emboscada mediática contra AMLO y Lomelí

Óscar Ábrego


Estimo conveniente comenzar con una comparación. Cuando la periodista Sonia Serrano presentó en El Diario NTR su reportaje de investigación respecto del programa denominado A toda máquina, colocó contra las cuerdas al gobierno anaranjado de Jalisco en virtud de que la consistencia de los datos y el modo en que fue desarrollado, dejaba muy poco margen para la defensa. De hecho, orilló a que el caso se remitiera a la Contraloría estatal a fin de que se analice el proceso de licitación mediante el cual se otorgó un jugoso contrato de 3 mil 634 millones de pesos a un buen cuate del gobernador.

Hay que señalar que detrás del citado trabajo no se esconde nada que no sea un ejercicio periodístico del más alto nivel, cosa que a todas luces no ocurre con el reporte presentado por la asociación civil Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), que preside Claudio X. González Guajardo, sobre las compras millonarias del gobierno federal a empresas vinculadas a Carlos Lomelí, actual delegado de Programas Sociales en la entidad.

De inicio, para quienes tenemos bastantes años en esta actividad, fue evidente que se trató de una emboscada mediática diseñada para arrinconar al presidente López Obrador y descarrilar al ex candidato morenista al gobierno del Estado. Y es que hay que decirlo con toda claridad, el fondo no consistió en desenmarañar y revelar una presunta red de complicidades, sino en presionar al presidente para que despidiera a su viejo amigo Lomelí Bolaños. Ese es el quid de la cuestión, porque lo que hicieron Laura Sánchez y Valeria Durán (yo no sé si tengan formación profesional como reporteras) fue seguir pistas e integrar piezas que les fueron facilitadas, que por cierto, ya habían sido expuestas ante la opinión pública.

Vaya, lo dejo así: lo hecho por Sonia fue periodístico y se volvió mediático, mientras que lo presentado por Laura y Valeria fue mediático y quiso ser periodístico.

Ahora bien, yo soy de los que festeja que este y otros asuntos sean ventilados y examinados, ello con independencia de las motivaciones e intereses que hay detrás. Una sociedad con aspiraciones democráticas tiene el derecho a conocer la verdad del actuar de sus gobiernos y la relación que sostienen con entes privados.

No obstante lo anterior, y por lo burdo con que se operó la trama, me parece que se impone una pregunta clave, que no por elemental pierde valor: ¿cuáles son los motivos que existen para haber ejecutado un plan con tal furia y estridencia?

La respuesta se compone de un hecho y un par de hipótesis. Hace poco más de un mes, un grupo de asesores, funcionarios, políticos y un empresario de la industria farmacéutica, afines al gobierno alfarista, llegó a la conclusión de que resultaba urgente contener y revertir los pobres niveles de simpatía ciudadana hacia la actual administración. Fue así que en los drenajes donde se ocultan los conspiradores, se fraguó una estrategia que en su momento fue calificada como “devastadora” por parte de un ex funcionario del gobierno de Emilio González Márquez. En esencia lo que se pretendió –a través de MCCI- fue mandar a la cancha del gobierno federal el balón de la corrupción, y con eso, distraer a las gradas para que dejaran de prestar atención a temas como el de los desaparecidos, la puerta pateada y la incontenible inseguridad.

Dicho acuerdo (del que no tenía detalles Enrique Alfaro) me lleva a dos hipótesis que también parecen haber servido como base de su planificación y realización. La primera consiste en que la entrega de apoyos del gobierno federal en Jalisco ya tomó ritmo, lo que ha opacado a los proyectos económicos y sociales de la gestión local. Puesto de otra manera, les estorba y hace sombra, por lo tanto, hay que meter zancadilla.

Por otro lado, está próxima la designación de coordinadores en las dependencias de la federación, mismos que estarán a cargo de Carlos Lomelí; sobre el particular, hay que hacer notar que en la actualidad muchos asientos son ocupados por personajes que responden a actores que nada tienen que ver con Morena ni con lo que este movimiento representa. Es muy notorio que panistas, priistas y naranjas, de forma ansiosa, buscan a toda costa mantener el control en las oficinas del gobierno central.

Así pues, sugiero que nadie se asuste ni escandalice, porque en el juego del poder siempre hay sorpresas por venir, y ojalá que una de ellas sea la de enterarnos por qué Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, se prestó a una maquinación de tan cuestionable ralea.


Óscar Ábrego


Estimo conveniente comenzar con una comparación. Cuando la periodista Sonia Serrano presentó en El Diario NTR su reportaje de investigación respecto del programa denominado A toda máquina, colocó contra las cuerdas al gobierno anaranjado de Jalisco en virtud de que la consistencia de los datos y el modo en que fue desarrollado, dejaba muy poco margen para la defensa. De hecho, orilló a que el caso se remitiera a la Contraloría estatal a fin de que se analice el proceso de licitación mediante el cual se otorgó un jugoso contrato de 3 mil 634 millones de pesos a un buen cuate del gobernador.

Hay que señalar que detrás del citado trabajo no se esconde nada que no sea un ejercicio periodístico del más alto nivel, cosa que a todas luces no ocurre con el reporte presentado por la asociación civil Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), que preside Claudio X. González Guajardo, sobre las compras millonarias del gobierno federal a empresas vinculadas a Carlos Lomelí, actual delegado de Programas Sociales en la entidad.

De inicio, para quienes tenemos bastantes años en esta actividad, fue evidente que se trató de una emboscada mediática diseñada para arrinconar al presidente López Obrador y descarrilar al ex candidato morenista al gobierno del Estado. Y es que hay que decirlo con toda claridad, el fondo no consistió en desenmarañar y revelar una presunta red de complicidades, sino en presionar al presidente para que despidiera a su viejo amigo Lomelí Bolaños. Ese es el quid de la cuestión, porque lo que hicieron Laura Sánchez y Valeria Durán (yo no sé si tengan formación profesional como reporteras) fue seguir pistas e integrar piezas que les fueron facilitadas, que por cierto, ya habían sido expuestas ante la opinión pública.

Vaya, lo dejo así: lo hecho por Sonia fue periodístico y se volvió mediático, mientras que lo presentado por Laura y Valeria fue mediático y quiso ser periodístico.

Ahora bien, yo soy de los que festeja que este y otros asuntos sean ventilados y examinados, ello con independencia de las motivaciones e intereses que hay detrás. Una sociedad con aspiraciones democráticas tiene el derecho a conocer la verdad del actuar de sus gobiernos y la relación que sostienen con entes privados.

No obstante lo anterior, y por lo burdo con que se operó la trama, me parece que se impone una pregunta clave, que no por elemental pierde valor: ¿cuáles son los motivos que existen para haber ejecutado un plan con tal furia y estridencia?

La respuesta se compone de un hecho y un par de hipótesis. Hace poco más de un mes, un grupo de asesores, funcionarios, políticos y un empresario de la industria farmacéutica, afines al gobierno alfarista, llegó a la conclusión de que resultaba urgente contener y revertir los pobres niveles de simpatía ciudadana hacia la actual administración. Fue así que en los drenajes donde se ocultan los conspiradores, se fraguó una estrategia que en su momento fue calificada como “devastadora” por parte de un ex funcionario del gobierno de Emilio González Márquez. En esencia lo que se pretendió –a través de MCCI- fue mandar a la cancha del gobierno federal el balón de la corrupción, y con eso, distraer a las gradas para que dejaran de prestar atención a temas como el de los desaparecidos, la puerta pateada y la incontenible inseguridad.

Dicho acuerdo (del que no tenía detalles Enrique Alfaro) me lleva a dos hipótesis que también parecen haber servido como base de su planificación y realización. La primera consiste en que la entrega de apoyos del gobierno federal en Jalisco ya tomó ritmo, lo que ha opacado a los proyectos económicos y sociales de la gestión local. Puesto de otra manera, les estorba y hace sombra, por lo tanto, hay que meter zancadilla.

Por otro lado, está próxima la designación de coordinadores en las dependencias de la federación, mismos que estarán a cargo de Carlos Lomelí; sobre el particular, hay que hacer notar que en la actualidad muchos asientos son ocupados por personajes que responden a actores que nada tienen que ver con Morena ni con lo que este movimiento representa. Es muy notorio que panistas, priistas y naranjas, de forma ansiosa, buscan a toda costa mantener el control en las oficinas del gobierno central.

Así pues, sugiero que nadie se asuste ni escandalice, porque en el juego del poder siempre hay sorpresas por venir, y ojalá que una de ellas sea la de enterarnos por qué Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, se prestó a una maquinación de tan cuestionable ralea.


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