/ jueves 26 de agosto de 2021

Casas huevito, hoy y siempre

Cuando Frank Lloyd Wright propuso al primer Congreso Internacional de Arquitectos, la existencia mínima para generar espacios pequeños pero habitables, incluyendo la “cocina de Frankfurt”. La importante propuesta influyó en el diseño arquitectónico posterior a la destrucción, y luego reconstrucción, de las principales ciudades europeas como Moscú, Varsovia y Berlín.

Sin embargo, esas tres ciudades, aún después de 70 años de esa necesidad, nada tienen que ver con las megalópolis como Guadalajara que han sido una evidencia de la corrupción urbana, la falta de planeación o simplemente la rentabilísima especulación del suelo urbano a costa de los trabajadores y proletariado con el mismo sueño del ser humano de todos los tiempos: tener una vivienda propia.

Así surge el caldo de cultivo de uno de los flagelos más evidentes en las colonias marginadas de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara en nuestro país. Esos lugares se han convertido en regiones “dormitorio” con una grave inconsistencia en los servicios municipales más necesarios como el agua potable, recolección de basura, existencia de centros de abasto, conectividad entre los poblados, seguridad pública y en muchos casos, inexistencia de banquetas para la seguridad peatonal.

En el caso de Jalisco, ese vector de la degradación urbana se ha concentrado en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga pero han aparecido también núcleos poblacionales marginales en Tonalá, Tlaquepaque y El Salto a tal grado que esta semana se dio a conocer la existencia de 278 mil viviendas en Jalisco con menos de 45 m2 de construcción. Estas viviendas “huevito” como las han llamado los medios, 12 de cada 100 fincas en la entidad según datos arrojados por la Encuesta Nacional de Vivienda 2020, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT).

Esos datos explican el por qué en nuestro país existan 5 millones de viviendas abandonadas con un factor común en sus entornos urbanos: el abandono de los gobiernos municipales para resolver sus graves pendientes.

No obstante, aún con los esfuerzos de las instituciones federales como el INFONAVIT al ofrecer, en este momento, más de 700 casas a bajo costo tan sólo en el Área Metropolitana de Guadalajara con ofertas que van desde los 213 mil pesos, lo cierto es que será necesaria una cantidad mayor para superar las grietas, deficiencias en el entorno y cuarteaduras en techos y paredes que presentan más de 600 mil viviendas en nuestro estado.

Todo lo anterior, habría que sumarlo a la realidad concreta de unas 500 mil viviendas abandonadas en nuestro estado de las cuales, tan sólo en Tlajomulco, se calcula sean alrededor de 60 mil. Lo cual no se puede resolver con su reventa o con la llegada de algunos servicios esenciales como la Educación Superior o el Tren Eléctrico, si no se reconstruye el tejido social de manera integral, incluido lo más visible como lo es la infraestructura básica.

Caldo para cualquier retórica de político en campaña cuando se tengan propuestas técnico-científicas para resolver el abasto de agua, el transporte seguro, la seguridad peatonal, el alumbrado público, la recolección de basura, el embarazo adolescente y, ante todo, la educación.

* Académico del CUAAD de la UdeG

Cuando Frank Lloyd Wright propuso al primer Congreso Internacional de Arquitectos, la existencia mínima para generar espacios pequeños pero habitables, incluyendo la “cocina de Frankfurt”. La importante propuesta influyó en el diseño arquitectónico posterior a la destrucción, y luego reconstrucción, de las principales ciudades europeas como Moscú, Varsovia y Berlín.

Sin embargo, esas tres ciudades, aún después de 70 años de esa necesidad, nada tienen que ver con las megalópolis como Guadalajara que han sido una evidencia de la corrupción urbana, la falta de planeación o simplemente la rentabilísima especulación del suelo urbano a costa de los trabajadores y proletariado con el mismo sueño del ser humano de todos los tiempos: tener una vivienda propia.

Así surge el caldo de cultivo de uno de los flagelos más evidentes en las colonias marginadas de Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara en nuestro país. Esos lugares se han convertido en regiones “dormitorio” con una grave inconsistencia en los servicios municipales más necesarios como el agua potable, recolección de basura, existencia de centros de abasto, conectividad entre los poblados, seguridad pública y en muchos casos, inexistencia de banquetas para la seguridad peatonal.

En el caso de Jalisco, ese vector de la degradación urbana se ha concentrado en el municipio de Tlajomulco de Zúñiga pero han aparecido también núcleos poblacionales marginales en Tonalá, Tlaquepaque y El Salto a tal grado que esta semana se dio a conocer la existencia de 278 mil viviendas en Jalisco con menos de 45 m2 de construcción. Estas viviendas “huevito” como las han llamado los medios, 12 de cada 100 fincas en la entidad según datos arrojados por la Encuesta Nacional de Vivienda 2020, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT).

Esos datos explican el por qué en nuestro país existan 5 millones de viviendas abandonadas con un factor común en sus entornos urbanos: el abandono de los gobiernos municipales para resolver sus graves pendientes.

No obstante, aún con los esfuerzos de las instituciones federales como el INFONAVIT al ofrecer, en este momento, más de 700 casas a bajo costo tan sólo en el Área Metropolitana de Guadalajara con ofertas que van desde los 213 mil pesos, lo cierto es que será necesaria una cantidad mayor para superar las grietas, deficiencias en el entorno y cuarteaduras en techos y paredes que presentan más de 600 mil viviendas en nuestro estado.

Todo lo anterior, habría que sumarlo a la realidad concreta de unas 500 mil viviendas abandonadas en nuestro estado de las cuales, tan sólo en Tlajomulco, se calcula sean alrededor de 60 mil. Lo cual no se puede resolver con su reventa o con la llegada de algunos servicios esenciales como la Educación Superior o el Tren Eléctrico, si no se reconstruye el tejido social de manera integral, incluido lo más visible como lo es la infraestructura básica.

Caldo para cualquier retórica de político en campaña cuando se tengan propuestas técnico-científicas para resolver el abasto de agua, el transporte seguro, la seguridad peatonal, el alumbrado público, la recolección de basura, el embarazo adolescente y, ante todo, la educación.

* Académico del CUAAD de la UdeG