/ martes 3 de noviembre de 2020

Altares de muertos en las escuelas

No estoy en contra de las celebraciones en honor a los muertos, sino en contra de las sanciones que los maestros imponen a los niños que por razones de fe se niegan a participar en la colocación de altares y ofrendas en honor de los muertos en las escuelas públicas.

Se trata sin lugar a duda de un lamentable acto de discriminación, violatorio del artículo primero constitucional, que prohíbe toda forma de discriminación. Muchos padres de familia han tratado de poner fin a esta clase de sanciones sin que hasta ahora lo hayan logrado del todo. Estos intentos parcialmente fallidos se han realizado a través de solicitudes en las que los padres de familia piden la intervención de los directores escolares y de los secretarios de Educación Pública de los estados.

No está por demás recordar a éstos el párrafo tercero del artículo primero constitucional, que a la letra dice: "Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley”.

Los afectados solicitan girar instrucciones a quien corresponda, a fin de investigar la violación múltiple a los derechos humanos consagrados en la Constitución en agravio de sus hijos. Su argumentación se sustenta en el Principio del Interés Mayor de la Niñez, reconocido en el artículo 4º constitucional, y amparado con los Instrumentos Internacionales que México ha suscrito en materia de derechos humanos.

Los padres inconformes no están en contra de la disciplina escolar, sino del ilegal intento de catequización religiosa en los espacios educativos, en los cuales, por mandato del artículo tercero constitucional, el Estado debe de impartir una educación laica.

El problema es que, a pesar de dichas acciones de protesta, y de que algunos grupos religiosos han exigido que no se evalúe más a sus hijos con la colocación de altares y ofrendas a los muertos, sino con otro tipo de evaluación, en las escuelas públicas de México siguen presentándose situaciones así.

En respuesta a las voces que afirman que la celebración del Día de Muertos es una festividad prehispánica que debe inculcarse a los niños de México, me permito recordar algunos aspectos sobre los orígenes de las festividades celebradas el primero y dos de noviembre. El libro ¡Vívelo!: Beginning Spanish, escrito por varios autores, señala con claridad la fusión sincrética que dio origen a la tradición: "Cuando llegaron los españoles en el siglo XVI, decidieron conservar algunos aspectos de estos festivales indígenas pero cambiaron otros para que coincidieran con las fiestas católicas de Todos los Santos (All Saints' Day) y el Día de los Difuntos (All Souls' Day) que se celebraba el primero y el dos de noviembre, respectivamente. Hoy en día, se puede ver cómo se combinaron los festivales mexicas y las fiestas católicas porque en muchos lugares, el primero de noviembre se conmemora a los niños muertos mientras que el dos de noviembre se conmemora a los adultos" (hasta aquí la cita del libro).

Los frailes enviados a México entre 1519 y 1521, traían la misión de imponer el catolicismo en nuestro territorio. Su misión jamás contempló la preservación de las tradiciones y creencias de nuestros antepasados, sino la destrucción sistemática de todo lo que tuviera relación con el culto, la historia y las antigüedades de los pueblos indígenas. Los hombres de Hernán Cortés, que tenían los mismos propósitos e intereses de los franciscanos, supieron hacer muy bien su trabajo, todo en beneficio del papado, una institución que años antes, a través de las bulas alejandrinas, había cargado la conciencia de los conquistadores con el deber de la “evangelización”.

La historia cuenta que en aquellos años se llevó a cabo la destrucción de un valiosísimo acervo arquitectónico-cultural de los aztecas, así como la destrucción de importantes códices religiosos y calendarios rituales. En el libro Literatura y cultura mayas (UNAM, 2005), se señala al respecto: "Existen testimonios de quemas públicas de códices por órdenes religiosas, de los conquistadores que los destruyeron, además de ídolos, cuando penetraron a los templos y casas reales".

Ante este tipo de testimonios, nos preguntamos: ¿Estaba la Iglesia interesada en conservar una tradición que celebraba deidades como aquellas que destruyeron durante la conquista? Por supuesto que no había interés alguno en conservar las tradiciones en honor de divinidades como Mictecacíhuatl, conocida como la Dama de la Muerte, o como Mitlantecuhtli, "Señor de la Tierra de los Muertos". De haber existido tal interés, jamás se hubiera procurado la destrucción de la civilización indígena mesoamericana.

Pero independientemente de lo que diga la historia, lo cierto es que México es un Estado laico, que debe impartir educación laica en los establecimientos de educación oficial. Por ello, se debe impedir que los maestros obliguen a nuestros hijos a participar en el montaje y exposición de altares y ofrendas en honor de los muertos.

Twitter: @armayacastro

No estoy en contra de las celebraciones en honor a los muertos, sino en contra de las sanciones que los maestros imponen a los niños que por razones de fe se niegan a participar en la colocación de altares y ofrendas en honor de los muertos en las escuelas públicas.

Se trata sin lugar a duda de un lamentable acto de discriminación, violatorio del artículo primero constitucional, que prohíbe toda forma de discriminación. Muchos padres de familia han tratado de poner fin a esta clase de sanciones sin que hasta ahora lo hayan logrado del todo. Estos intentos parcialmente fallidos se han realizado a través de solicitudes en las que los padres de familia piden la intervención de los directores escolares y de los secretarios de Educación Pública de los estados.

No está por demás recordar a éstos el párrafo tercero del artículo primero constitucional, que a la letra dice: "Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley”.

Los afectados solicitan girar instrucciones a quien corresponda, a fin de investigar la violación múltiple a los derechos humanos consagrados en la Constitución en agravio de sus hijos. Su argumentación se sustenta en el Principio del Interés Mayor de la Niñez, reconocido en el artículo 4º constitucional, y amparado con los Instrumentos Internacionales que México ha suscrito en materia de derechos humanos.

Los padres inconformes no están en contra de la disciplina escolar, sino del ilegal intento de catequización religiosa en los espacios educativos, en los cuales, por mandato del artículo tercero constitucional, el Estado debe de impartir una educación laica.

El problema es que, a pesar de dichas acciones de protesta, y de que algunos grupos religiosos han exigido que no se evalúe más a sus hijos con la colocación de altares y ofrendas a los muertos, sino con otro tipo de evaluación, en las escuelas públicas de México siguen presentándose situaciones así.

En respuesta a las voces que afirman que la celebración del Día de Muertos es una festividad prehispánica que debe inculcarse a los niños de México, me permito recordar algunos aspectos sobre los orígenes de las festividades celebradas el primero y dos de noviembre. El libro ¡Vívelo!: Beginning Spanish, escrito por varios autores, señala con claridad la fusión sincrética que dio origen a la tradición: "Cuando llegaron los españoles en el siglo XVI, decidieron conservar algunos aspectos de estos festivales indígenas pero cambiaron otros para que coincidieran con las fiestas católicas de Todos los Santos (All Saints' Day) y el Día de los Difuntos (All Souls' Day) que se celebraba el primero y el dos de noviembre, respectivamente. Hoy en día, se puede ver cómo se combinaron los festivales mexicas y las fiestas católicas porque en muchos lugares, el primero de noviembre se conmemora a los niños muertos mientras que el dos de noviembre se conmemora a los adultos" (hasta aquí la cita del libro).

Los frailes enviados a México entre 1519 y 1521, traían la misión de imponer el catolicismo en nuestro territorio. Su misión jamás contempló la preservación de las tradiciones y creencias de nuestros antepasados, sino la destrucción sistemática de todo lo que tuviera relación con el culto, la historia y las antigüedades de los pueblos indígenas. Los hombres de Hernán Cortés, que tenían los mismos propósitos e intereses de los franciscanos, supieron hacer muy bien su trabajo, todo en beneficio del papado, una institución que años antes, a través de las bulas alejandrinas, había cargado la conciencia de los conquistadores con el deber de la “evangelización”.

La historia cuenta que en aquellos años se llevó a cabo la destrucción de un valiosísimo acervo arquitectónico-cultural de los aztecas, así como la destrucción de importantes códices religiosos y calendarios rituales. En el libro Literatura y cultura mayas (UNAM, 2005), se señala al respecto: "Existen testimonios de quemas públicas de códices por órdenes religiosas, de los conquistadores que los destruyeron, además de ídolos, cuando penetraron a los templos y casas reales".

Ante este tipo de testimonios, nos preguntamos: ¿Estaba la Iglesia interesada en conservar una tradición que celebraba deidades como aquellas que destruyeron durante la conquista? Por supuesto que no había interés alguno en conservar las tradiciones en honor de divinidades como Mictecacíhuatl, conocida como la Dama de la Muerte, o como Mitlantecuhtli, "Señor de la Tierra de los Muertos". De haber existido tal interés, jamás se hubiera procurado la destrucción de la civilización indígena mesoamericana.

Pero independientemente de lo que diga la historia, lo cierto es que México es un Estado laico, que debe impartir educación laica en los establecimientos de educación oficial. Por ello, se debe impedir que los maestros obliguen a nuestros hijos a participar en el montaje y exposición de altares y ofrendas en honor de los muertos.

Twitter: @armayacastro

ÚLTIMASCOLUMNAS