Editorial Editorial

  / domingo 21 de julio de 2019

Alfaro y Padilla: rompimiento inevitable



Óscar Ábrego


Un frío glacial es el que se siente en medio de la relación entre Enrique Alfaro y Raúl Padilla. Gente que conoce de la situación, me confirma que el vínculo de conveniencia que generaron ambos personajes con motivo de las elecciones, se encuentra en su punto más gélido. Si bien es cierto que el trato cordial aún se mantiene, la verdad es que se avecina un rompimiento (por no decir conflicto) de pronóstico reservado.

Pero que nadie se asuste. No es extraño que así vaya a ocurrir. El mandatario estatal ha dado muestras de que no está dispuesto a compartir el poder con nadie y hará todo lo que esté a su disposición y alcance para gobernar sin que alguien le haga sombra.

En entregas anteriores, advertí sobre la estrategia que se tejió desde la campaña. En MC existe una corriente que planteó la pertinencia de tender puentes de comunicación y acuerdos coyunturales con el llamado Grupo Universidad y su jefe máximo, a fin de allanar el camino hacia la construcción de un nuevo orden al interior de la Benemérita. Según el cronograma que está sobre la mesa de los “gurús” de Palacio de Gobierno, la embestida está programada para el primer trimestre del año 2021. ¿Por qué? Porque asumen que destronar a Padilla López le redituará en votos a los anaranjados.

Sin embargo, no obstante la excelente relación que guardan Alfaro Ramírez y el rector general Ricardo Villanueva, éste no tiene contemplado traicionar a quien palomeó su posición, lo que supone que no será sencillo para el alfarismo lograr su cometido.

Es en este contexto que hay que poner mucha atención es una variable que se incorporó a la ecuación y que puede favorecer al plan ya mencionado. En las semanas recientes el presidente López Obrador ha insistido en la necesidad de acabar con los cacicazgos que imponen su ley en diversas universidades públicas del país. Como ejemplo, el 13 de julio, de gira por hospitales del IMSS en Michoacán, al referirse a la realización de acuerdos con las instituciones de educación superior para incrementar el número de estudiantes de medicina, acusó que “hay universidades que están manejadas en el país por caciques. ¡Eso se acaba, eso se termina! Claro que vamos a apoyar la educación pública, pero no vamos a apoyar a los cacicazgos”.

Días después, en la mañanera del 17 de julio, insistió: “Nosotros tenemos que ayudar con presupuesto a las universidades y sería muy conveniente que alumnos, maestros y la comunidad universitaria, tengan como propósito que se aplique una política de transparencia y honestidad en las universidades, que no haya malversación de fondos, ni cacicazgos”. Y remató: “Los caciques nombran a los rectores y tienen diputados y senadores en los partidos”.

Para la clase política el mensaje tiene un claro destinatario en Jalisco: Raúl Padilla López.

Incluso hay quienes afirman que es cuestión de semanas para que la Presidencia de la República anuncie una intervención al manejo financiero de la máxima casa de estudios, en especial a todo lo concerniente a las empresas y entes que preside el “licenciado”.

De confirmarse lo anterior, entonces Alfaro y sus muchachos ajustarán la táctica, pues mientras la federación realiza el “trabajo sucio”, los naranja harían el cómodo papel del testigo mudo.

Aunado a todo ello, no está por demás apuntar que al interior de la estructura administrativa y académica de la UDG, hay directivos y funcionarios que no toleran al grupúsculo que controla sus destinos; y más aún, con el arribo de una nueva generación a espacios de poder en la Universidad, que busca escribir su historia sin que nadie le dicte la plana, se amplía el rango de vulnerabilidad del llamado Sanedrín.

Así pues, el rompimiento será inevitable por una razón muy simple, en la lógica del gobernador, si Raúl Padilla ya no le sirve, que tampoco le estorbe.




Óscar Ábrego


Un frío glacial es el que se siente en medio de la relación entre Enrique Alfaro y Raúl Padilla. Gente que conoce de la situación, me confirma que el vínculo de conveniencia que generaron ambos personajes con motivo de las elecciones, se encuentra en su punto más gélido. Si bien es cierto que el trato cordial aún se mantiene, la verdad es que se avecina un rompimiento (por no decir conflicto) de pronóstico reservado.

Pero que nadie se asuste. No es extraño que así vaya a ocurrir. El mandatario estatal ha dado muestras de que no está dispuesto a compartir el poder con nadie y hará todo lo que esté a su disposición y alcance para gobernar sin que alguien le haga sombra.

En entregas anteriores, advertí sobre la estrategia que se tejió desde la campaña. En MC existe una corriente que planteó la pertinencia de tender puentes de comunicación y acuerdos coyunturales con el llamado Grupo Universidad y su jefe máximo, a fin de allanar el camino hacia la construcción de un nuevo orden al interior de la Benemérita. Según el cronograma que está sobre la mesa de los “gurús” de Palacio de Gobierno, la embestida está programada para el primer trimestre del año 2021. ¿Por qué? Porque asumen que destronar a Padilla López le redituará en votos a los anaranjados.

Sin embargo, no obstante la excelente relación que guardan Alfaro Ramírez y el rector general Ricardo Villanueva, éste no tiene contemplado traicionar a quien palomeó su posición, lo que supone que no será sencillo para el alfarismo lograr su cometido.

Es en este contexto que hay que poner mucha atención es una variable que se incorporó a la ecuación y que puede favorecer al plan ya mencionado. En las semanas recientes el presidente López Obrador ha insistido en la necesidad de acabar con los cacicazgos que imponen su ley en diversas universidades públicas del país. Como ejemplo, el 13 de julio, de gira por hospitales del IMSS en Michoacán, al referirse a la realización de acuerdos con las instituciones de educación superior para incrementar el número de estudiantes de medicina, acusó que “hay universidades que están manejadas en el país por caciques. ¡Eso se acaba, eso se termina! Claro que vamos a apoyar la educación pública, pero no vamos a apoyar a los cacicazgos”.

Días después, en la mañanera del 17 de julio, insistió: “Nosotros tenemos que ayudar con presupuesto a las universidades y sería muy conveniente que alumnos, maestros y la comunidad universitaria, tengan como propósito que se aplique una política de transparencia y honestidad en las universidades, que no haya malversación de fondos, ni cacicazgos”. Y remató: “Los caciques nombran a los rectores y tienen diputados y senadores en los partidos”.

Para la clase política el mensaje tiene un claro destinatario en Jalisco: Raúl Padilla López.

Incluso hay quienes afirman que es cuestión de semanas para que la Presidencia de la República anuncie una intervención al manejo financiero de la máxima casa de estudios, en especial a todo lo concerniente a las empresas y entes que preside el “licenciado”.

De confirmarse lo anterior, entonces Alfaro y sus muchachos ajustarán la táctica, pues mientras la federación realiza el “trabajo sucio”, los naranja harían el cómodo papel del testigo mudo.

Aunado a todo ello, no está por demás apuntar que al interior de la estructura administrativa y académica de la UDG, hay directivos y funcionarios que no toleran al grupúsculo que controla sus destinos; y más aún, con el arribo de una nueva generación a espacios de poder en la Universidad, que busca escribir su historia sin que nadie le dicte la plana, se amplía el rango de vulnerabilidad del llamado Sanedrín.

Así pues, el rompimiento será inevitable por una razón muy simple, en la lógica del gobernador, si Raúl Padilla ya no le sirve, que tampoco le estorbe.


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