/ sábado 14 de diciembre de 2019

Acoso y hostigamiento sexual: evidente problema

Carlos Anguiano

No podemos cerrar los ojos ni negar que el acoso y el hostigamiento sexual ha salido de control en el comportamiento colectivo de nuestra sociedad. La cultura popular mexicana, rica en piropos, halagos y formas retoricas para llamar la atención y conquistar a las mujeres, tiene otras expresiones de uso extendido y que constituyen formas que lastiman y causan daño a la reputación, la fama pública y la dignidad de las mujeres.

Contacto físico innecesario y no deseado, observaciones molestas y otras formas de acoso verbal, miradas lascivas y gestos relacionados con la sexualidad, petición de favores sexuales, insultos, observaciones, bromas e insinuaciones, comentarios, bromas, gestos o miradas sexuales, manoseos, jalones o pellizcos en forma sexual, propagar rumores sexuales acerca de la víctima. mostrar, dar o dejar imágenes sexuales, fotos, ilustraciones, mensajes o notas sexuales, forzar a besar a alguien o a algo más que besar, insultar, espiar, utilizar o exhibir material pornográfico, así como su difusión son formas de violencia contra las mujeres que suceden en el hogar, en el trabajo, en el transporte público, en la calle, que ocurren cotidianamente y afectan a más de la mitad de la población de nuestra comunidad.

Para que exista el acoso, debe darse un comportamiento en función del sexo, que sea no deseado y ofensivo para la persona que lo sufre. Es importante destacar que la víctima no tiene que tener una identidad de género específica, pero sin embargo la incidencia y la prevalencia entre hombres y mujeres ha causado que la afectación contra las mujeres detone la implementación de políticas públicas, programas, legislación y acciones de gobierno necesarias para contener el creciente problema.

Pese a que tanto el acoso como el hostigamiento sexual ocurren tanto en comunidades rurales como urbanas, ha sido en las megalópolis del país en donde se esta trabajando para revertir, proteger y prevenir hacia el futuro dichas conductas anti sociales. Es CDMX un pionero en atender dicha demanda, debido al desbordamiento del problema y a que es un factor que se considera potencializa la realización de crímenes, visible en el incremento de feminicidios que se tienen registrados en todo el país.

En Jalisco, ha sido el Ayuntamiento de Guadalajara quien está marcando la agenda y respondiendo contra el acoso. El pasado mes de abril aprobó la reforma para crear la figura de acoso sexual callejero y tipificarlo en el sentido de molestar a otra persona a través de acciones y expresiones de naturaleza o connotación sexual que generen una situación intimidatoria, como degradación, humillación o un ambiente ofensivo en los espacios públicos del municipio, así como castigar con multas de hasta 5 mil pesos o 36 horas de arresto a quien realice actos de acoso sexual callejero. Además implicó reformar el Reglamento de Policía y Buen Gobierno de la capital estatal además de un exhorto al Congreso del Estado para reformar el Código Penal de Jalisco.

Estas acciones alientan pero se quedan cortas y ponen en evidencia que las leyes y reglamentos que ordenan nuestro comportamiento social tienen que actualizarse. Además, el gobierno en sus diferentes órdenes debe imponer sanciones, evitando la impunidad, para inhibir dichos actos y garantizar tranquilidad, seguridad y protección de los ciudadanos, con énfasis en la mujer, pero de beneficio general a toda la población.

www.inteligenciapolitica.org

Carlos Anguiano

No podemos cerrar los ojos ni negar que el acoso y el hostigamiento sexual ha salido de control en el comportamiento colectivo de nuestra sociedad. La cultura popular mexicana, rica en piropos, halagos y formas retoricas para llamar la atención y conquistar a las mujeres, tiene otras expresiones de uso extendido y que constituyen formas que lastiman y causan daño a la reputación, la fama pública y la dignidad de las mujeres.

Contacto físico innecesario y no deseado, observaciones molestas y otras formas de acoso verbal, miradas lascivas y gestos relacionados con la sexualidad, petición de favores sexuales, insultos, observaciones, bromas e insinuaciones, comentarios, bromas, gestos o miradas sexuales, manoseos, jalones o pellizcos en forma sexual, propagar rumores sexuales acerca de la víctima. mostrar, dar o dejar imágenes sexuales, fotos, ilustraciones, mensajes o notas sexuales, forzar a besar a alguien o a algo más que besar, insultar, espiar, utilizar o exhibir material pornográfico, así como su difusión son formas de violencia contra las mujeres que suceden en el hogar, en el trabajo, en el transporte público, en la calle, que ocurren cotidianamente y afectan a más de la mitad de la población de nuestra comunidad.

Para que exista el acoso, debe darse un comportamiento en función del sexo, que sea no deseado y ofensivo para la persona que lo sufre. Es importante destacar que la víctima no tiene que tener una identidad de género específica, pero sin embargo la incidencia y la prevalencia entre hombres y mujeres ha causado que la afectación contra las mujeres detone la implementación de políticas públicas, programas, legislación y acciones de gobierno necesarias para contener el creciente problema.

Pese a que tanto el acoso como el hostigamiento sexual ocurren tanto en comunidades rurales como urbanas, ha sido en las megalópolis del país en donde se esta trabajando para revertir, proteger y prevenir hacia el futuro dichas conductas anti sociales. Es CDMX un pionero en atender dicha demanda, debido al desbordamiento del problema y a que es un factor que se considera potencializa la realización de crímenes, visible en el incremento de feminicidios que se tienen registrados en todo el país.

En Jalisco, ha sido el Ayuntamiento de Guadalajara quien está marcando la agenda y respondiendo contra el acoso. El pasado mes de abril aprobó la reforma para crear la figura de acoso sexual callejero y tipificarlo en el sentido de molestar a otra persona a través de acciones y expresiones de naturaleza o connotación sexual que generen una situación intimidatoria, como degradación, humillación o un ambiente ofensivo en los espacios públicos del municipio, así como castigar con multas de hasta 5 mil pesos o 36 horas de arresto a quien realice actos de acoso sexual callejero. Además implicó reformar el Reglamento de Policía y Buen Gobierno de la capital estatal además de un exhorto al Congreso del Estado para reformar el Código Penal de Jalisco.

Estas acciones alientan pero se quedan cortas y ponen en evidencia que las leyes y reglamentos que ordenan nuestro comportamiento social tienen que actualizarse. Además, el gobierno en sus diferentes órdenes debe imponer sanciones, evitando la impunidad, para inhibir dichos actos y garantizar tranquilidad, seguridad y protección de los ciudadanos, con énfasis en la mujer, pero de beneficio general a toda la población.

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