Carlos Orozco Santillán

  / viernes 23 de agosto de 2019

Accesibilidad universal, la huella del retraso

El hecho de reconocer la falta de rampas, y por lo tanto, de dispositivos para que funcionen en el 90% del transporte colectivo carentes de estos, es solo una muestra de la falta de conocimientos en la formación de profesionistas involucrados actualmente y, por lo tanto, una exigencia en la formación de los nuevos profesionistas en los tres niveles de gobierno, aún cuando en las carreras de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara, la adaptación y la propuesta de recursos tecnológicos para una accesibilidad universal, resulta constante en la renovación de planes de estudio.

Rampas para personas en sillas de ruedas, semáforos con sonido integrado y comunicación en sistema braille son tan solo una aspiración mal lograda. En el Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño, en el cual me adscribo en la UDG , las rampas de acceso a las aulas para nuestros colegas con alguna discapacidad han sido alcanzadas eficientemente, pero no lo pude observar en mis visitas el año pasado a algunos centros universitarios y universidades privadas, lo cual refleja nuestro retraso social en la implementación científica de todas las adaptaciones necesarias para hablar de una verdadera accesibilidad la cual no implica solo los apoyos para personas con discapacidad en los edificios con instalaciones necesarias sino además la generación de una cultura capaz de trascender a la comunidad universitaria determinada, escolar o incluso ciudadana capaz no solo de conocer el avance de la sociedad global en materia de derechos humanos y de las personas con algún tipo de limitación o discapacidad, como puede ser la población silente, ciega o con limitaciones motoras de algún tipo como la distrofia muscular o las secuelas de todo tipo de enfermedad motora.

Por ello hablar de la penosa ausencia de adaptaciónes en el transporte colectivo de Guadalajara resulta tan solo un paso para el análisis integral para lograr, en toda el área metropolitana, el estado de Jalisco y el territorio nacional, una verdadera cultura de la inclusión, no solo para transitar, acceder y alcanzar además algo más de comodidad y facilidad en nuestras ciudades, si no además en lo más profundo de un logro social desde la educación, en todos sus niveles incluido el enorme peso de la educación informal en la cotidianidad del habitad y la vida familiar.

Académico del CUAAD, UdeG

carlosm_orozco@hotmail.com

El hecho de reconocer la falta de rampas, y por lo tanto, de dispositivos para que funcionen en el 90% del transporte colectivo carentes de estos, es solo una muestra de la falta de conocimientos en la formación de profesionistas involucrados actualmente y, por lo tanto, una exigencia en la formación de los nuevos profesionistas en los tres niveles de gobierno, aún cuando en las carreras de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Guadalajara, la adaptación y la propuesta de recursos tecnológicos para una accesibilidad universal, resulta constante en la renovación de planes de estudio.

Rampas para personas en sillas de ruedas, semáforos con sonido integrado y comunicación en sistema braille son tan solo una aspiración mal lograda. En el Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño, en el cual me adscribo en la UDG , las rampas de acceso a las aulas para nuestros colegas con alguna discapacidad han sido alcanzadas eficientemente, pero no lo pude observar en mis visitas el año pasado a algunos centros universitarios y universidades privadas, lo cual refleja nuestro retraso social en la implementación científica de todas las adaptaciones necesarias para hablar de una verdadera accesibilidad la cual no implica solo los apoyos para personas con discapacidad en los edificios con instalaciones necesarias sino además la generación de una cultura capaz de trascender a la comunidad universitaria determinada, escolar o incluso ciudadana capaz no solo de conocer el avance de la sociedad global en materia de derechos humanos y de las personas con algún tipo de limitación o discapacidad, como puede ser la población silente, ciega o con limitaciones motoras de algún tipo como la distrofia muscular o las secuelas de todo tipo de enfermedad motora.

Por ello hablar de la penosa ausencia de adaptaciónes en el transporte colectivo de Guadalajara resulta tan solo un paso para el análisis integral para lograr, en toda el área metropolitana, el estado de Jalisco y el territorio nacional, una verdadera cultura de la inclusión, no solo para transitar, acceder y alcanzar además algo más de comodidad y facilidad en nuestras ciudades, si no además en lo más profundo de un logro social desde la educación, en todos sus niveles incluido el enorme peso de la educación informal en la cotidianidad del habitad y la vida familiar.

Académico del CUAAD, UdeG

carlosm_orozco@hotmail.com

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