/ domingo 15 de diciembre de 2019

2019: el fracaso de la refundación

Óscar Ábrego

Si algo le dejará el agónico 2019 al gobierno anaranjado, es el fracaso. La denominada refundación (así, con minúsculas) nomás no prendió, no emocionó a nadie, ni siquiera a los porristas oficiosos, abyectos y cómplices financieros del alfarismo.

Y es que no hay quien comprenda bien a bien a qué se refiere esta administración cuando hace uso de un término que de por sí suena frío y subjetivo. En este mismo espacio, he insistido en que se trata de un vocablo sin fondo ni sentido. Es más una palabreja que un proyecto de Estado.

Si habláramos en serio de la refundación de Jalisco, tendríamos que hacerlo desde una perspectiva diferente; esto sugiere que las prácticas y políticas públicas emprendidas por el ejecutivo, deberían marcar distancia con respecto a las experiencias del pasado reciente, cosa que por supuesto no ocurre. Más aún, si en algo se ha distinguido la actual gestión, es que algunas áreas –como salud, movilidad y seguridad- empeoraron de forma dramática.

Al cierre de este año, todas las encuestas nacionales arrojan resultados desastrosos para lo que ya se conoce como MoviMIENTO CiudaDAÑO. La corrupción, la desconfianza, la desatención, pero sobre todo la inseguridad, son grilletes que mes con mes jalan hacia el precipicio a su líder moral.

La única refundación que hoy parece conocer la base social, está asociada a las desapariciones forzadas, la criminalidad, la gélida indiferencia gubernamental, el dengue, las promesas incumplidas, las tácticas recaudatorias, el pleito con la Federación y los jugosos negocios. De esto están conscientes los gurús del primer cerco alfarista, pero no se atreven a comentarlo en voz alta por temor a ser expulsados de la arrogante y exquisita corte naranja.

Sobre lo anterior, bien convendría a los diputados y magistrados, hacer un análisis frío sobre su vergonzosa rendición a un modelo que carece de legitimidad. También tendrían que hacer lo propio algunos organismos empresariales, sindicales e instituciones académicas, pues ante los ojos del gran elector, la refundación que han abrazado apesta a dinero y a contubernios que restan credibilidad y multiplican el rechazo colectivo.

Refundar es un proceso profundo, verdadero y honesto. Es la consecuencia de modificar algo de manera significativa e integral. Desde esta perspectiva, entonces hay que reconvertir el cómo nos tratamos los unos con los otros y el modo en que interactúan ciudadanos y autoridades. Pero esto no lo entienden las mujeres y los hombres del emecismo. Para ellos lo importante no tiene que ver con el pueblo y sus reclamos, sino con el poder y las finanzas. De ahí que gobiernen de la mano de las cúpulas, no de la gente.

Por eso la refundación ha sido un verdadero fracaso.

Óscar Ábrego

Si algo le dejará el agónico 2019 al gobierno anaranjado, es el fracaso. La denominada refundación (así, con minúsculas) nomás no prendió, no emocionó a nadie, ni siquiera a los porristas oficiosos, abyectos y cómplices financieros del alfarismo.

Y es que no hay quien comprenda bien a bien a qué se refiere esta administración cuando hace uso de un término que de por sí suena frío y subjetivo. En este mismo espacio, he insistido en que se trata de un vocablo sin fondo ni sentido. Es más una palabreja que un proyecto de Estado.

Si habláramos en serio de la refundación de Jalisco, tendríamos que hacerlo desde una perspectiva diferente; esto sugiere que las prácticas y políticas públicas emprendidas por el ejecutivo, deberían marcar distancia con respecto a las experiencias del pasado reciente, cosa que por supuesto no ocurre. Más aún, si en algo se ha distinguido la actual gestión, es que algunas áreas –como salud, movilidad y seguridad- empeoraron de forma dramática.

Al cierre de este año, todas las encuestas nacionales arrojan resultados desastrosos para lo que ya se conoce como MoviMIENTO CiudaDAÑO. La corrupción, la desconfianza, la desatención, pero sobre todo la inseguridad, son grilletes que mes con mes jalan hacia el precipicio a su líder moral.

La única refundación que hoy parece conocer la base social, está asociada a las desapariciones forzadas, la criminalidad, la gélida indiferencia gubernamental, el dengue, las promesas incumplidas, las tácticas recaudatorias, el pleito con la Federación y los jugosos negocios. De esto están conscientes los gurús del primer cerco alfarista, pero no se atreven a comentarlo en voz alta por temor a ser expulsados de la arrogante y exquisita corte naranja.

Sobre lo anterior, bien convendría a los diputados y magistrados, hacer un análisis frío sobre su vergonzosa rendición a un modelo que carece de legitimidad. También tendrían que hacer lo propio algunos organismos empresariales, sindicales e instituciones académicas, pues ante los ojos del gran elector, la refundación que han abrazado apesta a dinero y a contubernios que restan credibilidad y multiplican el rechazo colectivo.

Refundar es un proceso profundo, verdadero y honesto. Es la consecuencia de modificar algo de manera significativa e integral. Desde esta perspectiva, entonces hay que reconvertir el cómo nos tratamos los unos con los otros y el modo en que interactúan ciudadanos y autoridades. Pero esto no lo entienden las mujeres y los hombres del emecismo. Para ellos lo importante no tiene que ver con el pueblo y sus reclamos, sino con el poder y las finanzas. De ahí que gobiernen de la mano de las cúpulas, no de la gente.

Por eso la refundación ha sido un verdadero fracaso.

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